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Dakar

El accidente que cambió la vida del navarro Iñaki Mujika

El navarro de 35 años sufrió el pasado mes de abril un grave accidente que le paralizó las piernas. "Sentía que estaba partido por la mitad", recuerda

Ampliar El navarro Iñaki Mujika realiza un ejercicio junto a la sanitaria Edurne
El navarro Iñaki Mujika realiza un ejercicio junto a la sanitaria EdurneJose Carlos Cordovilla
Publicado el 16/01/2022 a las 06:00
La vida de Iñaki Mujica (Alsasua, 1986) cambió el pasado 11 de abril tras un grave accidente de moto en el circuito de Tierz, Huesca. “En cuanto salté sabía que el golpe iba a ser fuerte. Me desperté en el suelo con las piernas retorcidas y los dientes rotos. Sentía que estaba partido por la mitad. Me costaba respirar y no sentía las piernas. Es cierto que no pensaba que era algo tan serio, pero sí era consciente de la gravedad”, recuerda el navarro.
Fueron unas horas de incertidumbre donde la vida del alsasuarra corrió peligro. “Estuvieron hora y media para sacarme del barranco donde caí. Los sanitarios no se atrevían a moverme. Pidieron un helicóptero, pero tampoco pudo evacuarme por las malas condiciones climatológicas”, relata Mujika. En el trazado aragonés estaba su pareja Nerea, que recién había conocido hace cuatro meses. “La he liado y esto es para toda la vida. Si te vas lo entenderé”, le dijo en ese momento. Ahora lo recuerda con una sonrisa, pero no sabe por qué se le ocurrió esa broma en ese momento tan delicado.
La primera operación fue en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza: “Ya sabían que llegaba y estaba todo preparado. Me hicieron un TAC. Había ocho costillas rotas y alguna de ellas me perforaba el pulmón. Del fuerte golpe una vértebra había explotado y eso fue lo que me comprimió la médula y me paralizó de por vida las piernas. No me pudieron fijar la espalda porque, con el problema del pulmón, corría riesgo de asfixia. Tampoco me podían intubar porque había altas probabilidades de que el órgano explotase. Tenía que recuperarme por mis propios medios. No había tratamiento posible”.
Permaneció una semana en la unidad de cuidados intensivos “por insuficiencia respiratoria”, pero pronto salió a planta porque en la UCI había que dejar sitio a los pacientes covid. El coronavirus fue un nuevo obstáculo para el navarro que se debatía entre la vida y la muerte. “En la habitación lo pasé muy mal. Sudaba mucho, pero me dijeron que era por la lesión medular. Me amenizó la estancia una enfermera de Caparroso que me ponía todos los días música.
Tras estabilizarle ingresó en el Hospital de Neurorrehabilitación Guttman de Badalona. Desde ese momento la silla de ruedas fue, es y será su mayor compañía, además de una herramienta indispensable en el día a día. “Me volvieron a operar para, ahora sí, fijarme la espalda y comencé con la rehabilitación. Te enseñan a manejarte con autosuficiencia, más allá de fortalecer partes del cuerpo. Ahora es imprescindible el tronco y los músculos que tienen señal, que están activos”, comenta.
Durante todo este proceso contó con la ayuda de su pareja, Nerea, y toda su familia, en especial su hermana Leire. También el equipo al que pertenece, el Club Aventura Touareg, le preparó varias sorpresas de las que todavía se emociona al recordarlas.
"NO QUIERO SER UN LASTRE"
En el centro catalán permaneció desde finales de abril a octubre, momento para regresar por fin a su domicilio en Alsasua. “No hubo que adaptar mucho la casa porque vivo en un primero con ascensor y las puertas son grandes. Solo un poco de obra en el baño y algún pequeño retoque”.
Actualmente Iñaki Mujika acude de lunes a viernes al Centro Integral de Atención Neurorehabilitadora, que está situado en la plaza Europa de la Ciudad del Transporte en Imárcoain. “Vengo en ambulancia. Hago tres horas lunes, miércoles y viernes; y dos horas los martes y los jueves. Les dijese que me metiesen caña. Me gusta sufrir. El deporte me mantiene vivo y me da energía para seguir adelante”, revela.
La tercera vuelta de reconocimiento del circuito de motocross MX Tierz cambió la vida de este alsasuarra de 35 años, que quiere volver a competir en el Dakar. Sus compañeros del Club Aventura Touareg le esperaban en esta edición, pero el mecánico alsasuarra se negó por una sencilla razón: “Me dijeron para ir en esta edición, pero no quiero ser un lastre ni que me ayuden a moverme. Cuando vaya es para ayudar”. Iñaki, el Dakar te espera.
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