Fiesta universitaria

La Carpa del descontento

Las aglomeraciones en la venta, el incremento de los precios y una reventa disparada alimentan el descontento entre miles de universitarios ante el evento de este viernes

Una estudiante alza su vaso en la carpa universitaria de hace dos años
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Una estudiante alza su vaso en la carpa universitaria de hace dos añosMiguel Osés
Una estudiante alza su vaso en la carpa universitaria de hace dos años

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Abraham Del Pozo ZabaletaDiego Buxens Echavarren

Publicado el 29/10/2026 a las 05:00

La Carpa Universitaria afronta su edición más controvertida de los últimos años. Las quejas generalizadas por el incremento del precio de las entradas, los problemas registrados durante el proceso de venta física el 20 de octubre, en el Sario, y la proliferación de la reventa han alimentado un creciente descontento entre estudiantes de la Universidad Pública de Navarra y la Universidad de Navarra. A pocos días de la celebración del evento, el próximo viernes 30 de octubre, el malestar se extiende tanto entre quienes se han quedado sin entrada como entre quienes han logrado conseguirla, en muchos casos tras largas horas de espera o pagando muy por encima del precio legal.

El origen del malestar se encuentra en una combinación de factores. Por un lado, la subida progresiva del precio de las entradas, que han pasado de rondar los 18 euros en las últimas ediciones a situarse entre los 25 y 29 euros este año. Por otro, las dificultades para adquirirlas, tanto en la venta presencial como en la online. Y, como consecuencia de todo ello, una reventa que ha disparado los precios hasta cifras que muchos estudiantes consideran inasumibles.

El episodio que mejor resume la tensión vivida este año tuvo lugar el pasado 20 de octubre en el edificio de El Sario de la Universidad Pública de Navarra. Desde primera hora de la mañana comenzaron a formarse largas colas de jóvenes que querían asegurarse una entrada. Algunos llegaron incluso antes de las nueve de la mañana. A medida que avanzaba el día, la afluencia creció hasta desbordar las previsiones. Las imágenes de pasillos abarrotados y centenares de estudiantes esperando durante horas corrieron rápidamente por las redes sociales.

Entre quienes acudieron aquel día se encontraba Owen Cui Chen, estudiante de segundo de Periodismo. Varios amigos y él llegaron tres horas antes de la hora prevista para la venta, que comenzaba a las 15.00 horas, convencidos de que con esa antelación lograrían adquirir sus entradas sin problemas. La realidad fue muy distinta.

“Preguntamos a algunas personas y había quienes estaban esperando desde las nueve de la mañana”, recuerda. Según relata, la situación comenzó a deteriorarse cuando llegó la hora de apertura. “Cuando abrieron, la avalancha de gente rompió una de las puertas y la masa empezó a tirar cuadros de las paredes”.

A su juicio, el problema era previsible. La organización habilitó una única puerta de acceso para una concentración de cientos de personas que llevaba horas aguardando. “Con el poco espacio para entrar y toda la gente que había, se iba a formar una avalancha. Estaba clarísimo”, afirma. Aunque había personal de la organización controlando el acceso, considera que los efectivos eran insuficientes para gestionar una situación de esas dimensiones. Pese a las horas de espera, ni él ni sus amigos consiguieron una entrada.

La experiencia de Anne Alfaro Lus, de 20 años, alumna de tercero de Ingeniería Industrial, fue similar. Llegó a El Sario a media tarde para reunirse con unas amigas que llevaban esperando desde el mediodía. Minutos antes del inicio de la venta observó cómo la tensión iba creciendo entre los asistentes.

“A las tres la gente empezó a levantarse y a correr hacia la puerta para no quedarse sin entrada”, recuerda. Los empujones aumentaron rápidamente. “Nos empujaron y nos comimos las vallas. La sensación era peor que en el chupinazo”.

La estudiante asegura que llegó a sentirse atrapada entre la multitud y que incluso avisó personalmente a la Policía Foral junto a una amiga. Consiguió abandonar el edificio coincidiendo con la llegada de los agentes, si bien asegura que la situación siguió siendo complicada. “Movían las vallas y la gente pensaba que había más espacio. Entonces se volvían a formar estampidas”. Su frustración no terminó allí. Al día siguiente intentó conseguir una entrada por internet. “La página se cayó en diez segundos”, resume.

También Amaya Albizu Oiz, de tercero de Industrial, guarda un recuerdo amargo de aquella jornada. Se encontraba junto a una amiga cerca de uno de los accesos cuando la multitud comenzó a moverse de forma repentina. “La fila se convirtió en una masa gigante”, explica. Durante unos minutos intentó abandonar la zona sin éxito. Finalmente encontró refugio en el comedor del edificio junto a otras dos jóvenes que también buscaban alejarse de la aglomeración.

A diferencia de otros estudiantes, Amaya logró posteriormente hacerse con una entrada a través de la reventa. Sin embargo, considera que la organización podría haber adoptado más medidas de seguridad. “Con lo cara que es ahora la entrada, sorprende que no hubiera más medios para controlar una situación así”, señala.

TUDELA PAGÓ EL PATO

Tras los incidentes relatos en El Sario el día 20, la Comisión General decidió suspender la venta física de entradas en el campus de la UPNA de Tudela, y se comunicó que todas esas entradas se venderían a través de la página web.

Una de las estudiantes que pensaban conseguir su pulsera en el campus de Tudela era Valentina Weigand Barroso, de 21 años y alumna de tercero de Fisioterapia.

“Todos los años hemos conseguido la entrada sin problema”, explica. “Los afectados fuimos los estudiantes de Tudela, que no tenemos nada que ver con la situación de Pamplona”. Se enteraron por el anuncio que publicó la carpa universitaria en su perfil de Instagram. “Ayer hablé con un chico de cuarto y me contó que poco más de diez estudiantes del campus de Tudela consiguieron entrada, online o a través de amigos que estudian en Pamplona”, añade. La venta online que sustituyó a la prevista en Tudela estaba abierta a todo el mundo. “Nos parece muy injusto. Ojalá el año que viene no nos vuelvan a marginar”, lamenta.

Más allá de lo ocurrido en El Sario, la cuestión económica constituye el principal motivo de descontento. Buena parte de los universitarios consultados por este periódico considera que la subida del precio no se corresponde con una mejora evidente de la experiencia ofrecida por la Carpa. Para muchos, el incremento resulta especialmente difícil de justificar en un colectivo formado mayoritariamente por estudiantes.

Guillermo P. C., alumno de cuarto de ADE de la Universidad de Navarra, cree que algunos de los problemas podrían haberse evitado con una planificación diferente. A su juicio, concentrar toda la venta presencial en un único día contribuyó a generar una sensación de urgencia que acabó desembocando en las aglomeraciones.

“Si se hubiera dividido en dos o tres días, como se hacía antes, se habría gestionado todo mucho mejor”, sostiene. Este alumno tampoco consiguió entradas por los canales oficiales. Tras quedarse sin opciones tanto en la venta presencial como en la online, acabó recurriendo al mercado secundario y pagando “casi el doble” de lo estipulado.

Oferta de entradas para la Carpa en el Aulario de la UPNA
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Oferta de entradas para la Carpa en el Aulario de la UPNADN
Oferta de entradas para la Carpa en el Aulario de la UPNA

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REVENTAS Y BOTS DE IA

La reventa se ha convertido, precisamente, en otro de los grandes focos de la polémica. En grupos de WhatsApp y perfiles de Instagram han proliferado estos últimos días todo tipo de ofertas para adquirir entradas. Los precios más habituales oscilan entre los 50 y los 70 euros, aunque algunas ofertas superan incluso esas cantidades a medida que se acerca la fecha del evento.

Asimismo, varios estudiantes denuncian que algunas personas habrían conseguido adquirir grandes cantidades de entradas en cuestión de segundos mediante sistemas automatizados o bots informáticos, una práctica que, según estas quejas, habría contribuido a alimentar la reventa posterior a precios muy superiores a los oficiales.

Julen Fernández Garijo, estudiante donostiarra de cuarto de la Universidad de Navarra, es uno de los muchos jóvenes que finalmente ha decidido no acudir. Tras quedarse sin entrada, trató de encontrar alguna opción en la reventa, pero desistió rápidamente.

“Es una vergüenza”, afirma sin ocultar su indignación. Según relata, una persona le pidió 55 euros por una entrada y otra llegó a solicitarle 70. Finalmente renunció a asistir. “No estoy dispuesto a pagar el doble o el triple de su valor”, sentencia.

MOVIMIENTO EN REDES SOCIALES

Toda esta situación ha alimentado la aparición de movimientos de protesta en redes sociales. Durante los últimos días han surgido perfiles bajo el nombre de Anticarpa Universitaria en Instagram y TikTok. Su impulsor, estudiante de tercero de la UPNA, que prefiere mantener el anonimato, afirma que la iniciativa nació después de comprobar el enfado que existía entre “miles de estudiantes” tras la venta de entradas.

Según explica, la respuesta obtenida ha superado todas sus expectativas. Sus publicaciones han acumulado decenas de miles de visualizaciones y centenares de comentarios de jóvenes que comparten experiencias similares relacionadas con las largas colas, los problemas de acceso a la web o los elevados precios de la reventa.

Los responsables de la iniciativa sostienen que la crítica va más allá de los incidentes concretos de esta edición. A su juicio, el evento se ha ido alejando progresivamente de la filosofía con la que nació. Consideran que la Carpa Universitaria fue concebida originalmente como una actividad organizada por y para los estudiantes, mientras que ahora perciben una creciente orientación hacia criterios económicos.

El malestar también ha llegado a algunas de las propias carreras universitarias tradicionalmente implicadas en la organización. Según ha podido saber este periódico, los estudiantes de ADE en castellano no instalarán barra en esta edición.

La decisión se produce debido al “enfado” e “indignación” de gran parte de los estudiantes por la no devolución de las fianzas de la anterior edición. El conflicto con la organización fue a más e incluso hubo “amago de acudir a la Justicia”, según relata varios alumnos de ADE. Por todo ello, y para evitar más problemas, éstos decidieron no realizar barra esta edición.

A dos días de la celebración de la Carpa Universitaria, el debate que se palpa en las Universidades ha dejado de limitarse a quién consiguió o no una entrada. Las aglomeraciones registradas durante la venta, el encarecimiento progresivo de los accesos, la proliferación de la reventa y el cuestionamiento del modelo organizativo han abierto un debate mucho más amplio sobre el presente y el futuro de una de las tradiciones universitarias más emblemáticas de Navarra.

Este periódico se puso en contacto con la organización en varias ocasiones y a través de diferentes vías para conocer su valoración sobre las críticas de los estudiantes, los incidentes registrados durante la venta, el aumento de los precios y el fenómeno de la reventa. Sin embargo, los responsables no respondieron a las preguntas formuladas. La única comunicación remitida consistió en una breve nota de prensa relativa a la ONG con la que colabora el evento en esta edición, sin abordar ninguna de las cuestiones planteadas.

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