De cantar por primera vez en solitario en las fiestas de Zariquiegui a ofrecer un concierto en Madrid
Txabi Martínez se estrena en la música con ‘M. U. V. E. L. L.’, un disco en el que repasa varios amores y desamores después de llegar a la capital española, donde reside desde hace seis años y donde este domingo presentará su primer álbum en directo


Publicado el 27/06/2026 a las 05:00
Fiestas de Zariquiegui. Txabi Martínez Azcona, de unos “nueve o diez años” por aquel entonces, era una de las personas que se divertían en el karaoke, pero no se atrevía a subir al escenario. Hasta que, espoleado por su padre, se tragó la vergüenza y cogió el micrófono. “Me gustó muchísimo la experiencia”, recuerda el joven navarro, que nació en Lima (Perú) el 10 de mayo de 1998 y a los ocho meses ya residía en la Comunidad foral. Aquella fue la primera vez que actuó en solitario, el comienzo involuntario de una carrera que este domingo, día 28, le llevará a ofrecer un concierto en la Sala Siroco de Madrid. Será el espectáculo con el que este cantante presente su primer disco: 'M. U. V. E. L. L.', acrónimo de “Mi Último Viaje En La Luna”, que vio la luz el 19 de junio. El título está inspirado en la señal internacional de socorro SOS.
Este álbum es un nuevo hito en una trayectoria profesional que ha encontrado “siempre” el respaldo de su familia y que comenzó a forjarse en clases de guitarra, antes incluso de aquella actuación improvisada en la localidad perteneciente a la Cendea de Zizur. Martínez, que encuentra inspiración en grupos como Arde Bogotá, Pignoise o Green Day, comenzó a tocar este instrumento “con siete u ocho años” en la Escuela de Música de Zizur Mayor. Se inició en la clásica, paso que le recomendaron antes de dar el salto al instrumento que realmente deseaba: la guitarra eléctrica. “Empecé a tocar y me encantaba, pero tenía nueve años y el profesor era muy exigente. Remarcaba mucho cada cosa que hacía mal”, recuerda el artista. Así, lo que al principio era “un disfrute” se convirtió en una fuente de malestar, y Martínez decidió abandonar el instrumento. Pero no dejó la música; tan solo cambió las cuerdas de la guitarra por los botones del teclado, que aprendió a tocar de manera autodidacta.
Al mismo tiempo, consiguió dejar atrás unos primeros años difíciles en su colegio, la Ikastola San Fermín. “Al principio no tenía muchos amigos, fue un poco complicado adaptarme, se metían conmigo. Pero ya a partir de tercero de primaria conformé un grupito de amigos y todo fue un poquito más rodado”, recuerda el joven. A él le encantaba “hacer los bailes en Gimnasia para fin de curso”, pero aun así debía continuar cursando asignaturas que no terminaban de agradarle. “A la gente de las artes creo que nos tienen un poquito olvidados. O eso, o vas a la clase de diversificación”, apostilla Martínez, a quien le coincidió este “trecho duro de pasar” con una época de “rebeldía” en la que dio “poca importancia a los estudios”, por lo que tuvo que repetir 3º de ESO.
Y es que su foco se ubicaba en un lugar diferente al académico: tras la experiencia fallida con la guitarra, este joven se reencontró con “el disfrute” en otra disciplina artística. “El otro día, mi primera directora de teatro en Pamplona [Laura Laiglesia Lizarazu, codirectora de la Escuela de Interpretación Butaca 78] me dijo: ‘De toda la clase —reproduce Martínez—, tú eras el único que quería ser actor. El resto venía a probar o a quitarse la vergüenza, pero tú lo tuviste claro desde el principio’”. Tras cursar una extraescolar de teatro en la ikastola, fue durante siete años alumno de Butaca 78, hasta que su rol en las clases cambió: pasó a ser profesor, una responsabilidad que compaginó durante dos años con sus estudios en Comunicación Audiovisual en CTL Formación y “con cantar en algunos bolos”. “He actuado en frontones de pueblos, en la cárcel de Pamplona, en el Gayarre actué con La Cubana y fui presentador en una gala de una academia de danza…”, enumera el artista.
Pero Martínez quería seguir progresando en su carrera artística. “Cuando era profesor, yo creía que nunca iba a ser actor, que nunca iba a salir en una película”, rememora el joven, que sentía que eso solo lo podría conseguir si se marchaba del territorio que le vio crecer. Era el año 2020, el confinamiento por la pandemia de covid acababa de quedar atrás, y decidió que era el momento idóneo para marcharse a Madrid, ciudad en la que continúa residiendo. “Las primeras clases en Cristina Rota [una escuela de interpretación propiedad de la actriz argentina] eran todas con mascarilla, y una mitad del grupo daba la clase 'online' y la otra, presencial”, explica el integrante del reparto de 'La buena suerte' (2025), película protagonizada por Hugo Silva y Megan Montaner y cuyo rodaje pasó por Pamplona, Abárzuza, Oteiza, Muruzábal y Obanos.
"UNA VÍA DE ESCAPE"
Aunque la música nunca dejó de formar parte de la vida del actor. Afianzó su formación en la Escuela de Canto Eugenia Echarren, y mientras completaba el Bachillerato artístico en el IES Plaza de la Cruz, un lugar que le resultó “muy estimulante”, se animó a “escribir canciones por primera vez”. “De hecho, se las enseñaba a mi profesora y ella me daba correcciones. Tengo las canciones en una carpeta y en algún momento saldrán”, explica el artista. Tras años haciendo teatro, Martínez decidió adoptar esta forma de expresión porque le facilitaba, y sigue haciéndolo, “una vía de escape más directa” que la actuación, y sus ejemplos a seguir no fueron otros que Antón Chéjov y Franz Kafka, además de un ilustre poeta español. “Me compré un libro lleno de poemas de Federico García Lorca y, a raíz de eso, mi cabeza lo absorbió tanto que empecé a estructurar mucho mejor”, señala el compositor.
Fruto de este aprendizaje nace su primer álbum, que “cuenta una historia muy concreta”. Y no es otra que la de sus amores y desamores desde que llegó a Madrid. Al principio vivió una relación a distancia con una joven de Pamplona que estudiaba en Salamanca; después, cuando necesitaba “estar solo”, se enamoró de “manera estúpida” de una compañera de la escuela de interpretación; más tarde decidió que se iba a enfocar en perseguir el sueño artístico que le llevó a la capital española; luego regresó de forma efímera con su compañera; y, por último, se dio cuenta de la “locura de viaje” que vivió en este tiempo. Todo ello condensado en once canciones y casi 38 minutos de disco.
“Tengo ganas de parir este proyecto. Al final, estoy haciendo un esfuerzo mental y económico muy, muy, muy grande. Piensa que yo hasta hace poquito trabajaba en tiendas de ropa para pagar esto”, señalaba poco antes de su publicación el artista, que ha pasado meses inmerso “al 90%” en el lanzamiento del álbum —el otro 10% lo ha mantenido dedicado a su trabajo como actor— y en septiembre comenzó la preparación del concierto. Será un espectáculo mucho menos improvisado que aquel 'show' fugaz que dio inicio a su carrera en Zariquiegui, y promete que “habrá una pequeña sorpresa al final”. No es lo único que anticipa: su siguiente paso, “si todo va bien”, será presentar 'M. U. V. E. L. L.' en Pamplona.
Los tres lugares de Txabi Martínez en Navarra
Txabi Martínez tiene tres lugares de referencia “para pensar, para escribir y para huir” cada vez que regresa a Navarra. Lo primero lo hace en el Caballo Blanco pamplonés, y trata de buscar momentos en los que esté poco concurrido. “Siempre intento ir para pensar, para cuestionarme, para ver cómo estoy, incluso para relajarme y no pensar en nada”, detalla. A apenas medio kilómetro, el interior del Café Iruña (en su defecto, le sirve para el mismo propósito el paseo de Sarasate) es su lugar para escribir. Y cuando necesita huir, abandona la ciudad y pone rumbo al suroeste con destino al alto del Perdón. “Me ayuda mucho a estar en paz conmigo mismo, a escribir —afirma—, pero sobre todo a huir de todo el ruido que hay en mi cabeza”.