Pensamiento
Martín de Azpilcueta, filósofo navarro superventas en el siglo XVI: "El reino no es del rey sino de la comunidad"
En 1528, un acto académico muy frecuentado de estudiosos y eruditos, defendió una tesis que nunca antes había mantenido catedrático alguno


Publicado el 05/05/2026 a las 17:32
El pensador navarro Martín de Azpilcueta fue uno de los autores más influyentes de la Europa del siglo XVI, con obras que circularon ampliamente por universidades y centros intelectuales del continente. Teólogo, jurista y economista, su prestigio fue tal que llegó a ser consultado por papas y monarcas, consolidándose como una figura clave de la llamada Escuela de Salamanca.
Nacido en Barásoain en 1492, Azpilcueta destacó por su pensamiento innovador en una época dominada por el poder absoluto de los reyes. Frente a esa corriente, defendió una idea que hoy suena sorprendentemente moderna: el poder político no pertenece al monarca, sino a la comunidad.
Sus escritos -auténticos "best sellers" académicos de su tiempo- no solo abordaron cuestiones morales y jurídicas, sino también económicas. De hecho, fue uno de los primeros en formular la teoría cuantitativa del dinero, anticipando conceptos clave sobre la inflación siglos antes de la economía moderna.
Catedrático en universidades como Salamanca o Coimbra, el llamado "Doctor Navarro" combinó su intensa actividad intelectual con una fuerte vocación social, implicándose en labores de caridad y asesorando en conflictos políticos y religiosos de gran relevancia.
Uno de sus episodios más recordados ocurrió en 1528. Por disposición de D. Pedro Pacheco, entonces visitador y reformador de la Universidad y más tarde cardenal de la Iglesia de Roma, tuvo lugar un acto académico muy frecuentado de estudiosos y eruditos, en que Azpilcueta defendió una tesis que nunca antes había mantenido catedrático alguno: “El reino no es del rey, sino de la comunidad, y la misma potestad regia por derecho natural es de la comunidad y no del rey y, por tanto, la comunidad no puede abdicar de ella”. Veinte años después, el mismo Doctor Navarro recordará la novedad de esta enseñanza suya: “No me olvido de aquel día feliz en el que, en Salamanca, en una destacada y amplísima reunión de estudiosos, defendimos, por primera vez y antes que nadie, no sin gran aplauso las conclusiones antes señaladas”.