Entrevista
¿Nos podría infectar un microbio de Marte? Un científico experto cree que no
Carlos Briones considera que la aparición de vida extraterrestre sería "una cura de humildad que nos vendría muy bien"


Publicado el 26/04/2026 a las 05:00
Confiesa que se llevaría un alegrón. Carlos Briones Llorente (Burgos, 1969) es científico del CSIC en el Centro de Astrobiología y lleva años investigando sobre el origen de la vida o desarrollando marcadores para detectar vida, por ejemplo la que pueda haber en otros planetas. No es extraño que la noticia de que se descubriera un simple microorganismo fuera de la Tierra le sacaría una gran sonrisa. Sin embargo, es cauto: reitera que, por el momento, estamos solos. Briones inauguró esta semana en Pamplona el ciclo de charlas 'Los lunes al sol', organizado por el Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra como preludio del eclipse del 12 de agosto. Habló de otros mundo y de ¿otras vidas?, así con interrogante.
¿Tienen qué ver los eclipses con otros mundos?
También se producen eclipses en ellos. Siempre que hay la dinámica de un planeta y otro objeto -una estrella, una luna o un planeta- se pueden producir eclipses.
Son uno de los grandes eventos astronómicos.
Cada vez que se produce un eclipse, que es poco frecuente, hay mucha expectación; en ocasiones da miedo, se pensaba que nos traerían grandes epidemias. Con el avance de la ciencia se sabe que es un evento astronómico normal, pero atrae a muchas personas: turistas astronómicos. Tenemos la suerte en España de tener un espectáculo el 12 de agosto y hay que aprovecharlo, no solo turísticamente, sino como excusa para hablar de ciencia, del cosmos. Este año los humanos han llegado de nuevo a la Luna con Artemis II. Estos grandes eventos hacen que el público vuelva a mirar al cielo.
¿Se nos estaba olvidando?
A los que nos gusta el cielo estrellado no, pero la sociedad vive mirando más hacia el suelo que hacia el cielo. Y así nos va. Las grandes preguntas, las grandes interrogantes y lo que nos unifica como humanidad tienen que ver con nuestra posición en el cosmos. Cuando miramos solo las cuestiones de la Tierra, aparecen los problemas del “yo, yo, yo” en lugar del “todos”. Los grandes hallazgos de la ciencia y la tecnología son hallazgos de la humanidad. Es cierto que los astronautas del Artemis llevaban en su brazo una bandera: tres de Estados Unidos y una de Canadá. Nos gustaría que hubiera una bandera de la Unión Europea próximamente. La nueva carrera espacial está planteada entre Estados Unidos y China. Pero Europa no debería quedarse atrás. Hay grandes científicos y tecnólogos.
¿Cuestión de dinero?
De dinero y de unificación política. Es más fácil en países como Estados Unidos o China: unos actúan por orgullo y otros porque no hay otra opción. En Europa somos 27 países, cada uno con un presupuesto y unas prioridades. Pero aun así la Agencia Espacial Europea funciona muy bien. Tenemos todo lo necesario, excepto un poco más de presupuesto y ambición.
El dinero que se invierte es mucho, pero suele revertir.
Siempre retorna mucho más de lo que se invierte. En ciencia y tecnología eso es una máxima. Lo que se investiga en ciencia básica acaba teniendo repercusiones, por ejemplo en salud, en nuevos materiales o en dispositivos electrónicos. Incluso en temas como el origen de la vida o los sistemas extremos producimos tecnologías que pueden aplicarse en salud humana.
Hablemos de la vida en otros mundos. ¿Tiene esperanza de que la conozcamos pronto?
Tenemos que ser muy cautos y estar muy seguros de que lo que detectamos es realmente vida. Cada vez hay más tecnología, sabemos mejor dónde buscar, estamos más cerca, pero la realidad es que solo se conoce vida en nuestro planeta. A día de hoy estamos solos. Ojalá dentro de pocas décadas podamos decir que hay otro ejemplo de vida.
¿Dónde estaría?
Dentro del Sistema Solar nuestras esperanzas están puestas en Marte, en particular el subsuelo, y también en Europa, Encélado, Titán, esos satélites de Júpiter y de Saturno donde se dan condiciones de habitabilidad: hay agua, moléculas orgánicas y una fuente de energía, los requisitos químicos para que haya vida. Otra cosa es que exista. El teatro está listo, pero no sabemos si hay actores pisándolo.
¿Tener los actores y el escenario no supone que haya obra?
Solo conocemos la vida de la Tierra, que una serie de reacciones químicas llevaron a la aparición de la vida hace unos 4.000 millones de años. ¿En todos los lugares donde haya un tipo de química parecida va a desembocar en el evento vida? ¿O requirió tantas casualidades que nunca va a volver a ocurrir en otro sitio? No lo sabemos. Por eso nos gustaría encontrar al menos otro ejemplo para responder esta vieja pregunta de si la vida depende del azar o de la necesidad. Cierto que la Tierra no es un planeta demasiado especial, ni el Sol, ni nuestra galaxia. Debe de haber muchos sitios parecidos. Por lo tanto, con una química similar podríamos tener la suerte de que haya ocurrido algo parecido; ahora, que haya pasado cerca de nosotros, que podamos detectarlo, que esas señales de vida sean inequívocas y que no generen más problemas que ventajas encontrarlas; todo eso está por ver.
¿Hasta qué punto es deseable encontrar esa vida y hasta qué punto puede darnos miedo?
A mí no me daría miedo, al contrario, mucha alegría. Sería una muestra de que la química puede generar otra biología. La ciencia ficción, que me apasiona, ha transmitido el miedo de que las otras vidas vienen a aniquilarnos o de que son un problema. Pero si hay microorganismos en Marte, es muy poco probable que nos puedan infectar, porque han seguido una trayectoria evolutiva distinta de la nuestra. Lo que nos perjudica es lo que más se parece a nosotros. No nos infecta ningún virus de plantas, por ejemplo, y están llenas de ellos. Pero se separaron evolutivamente hace mucho tiempo.
La aparición de vida, aunque sea un microbio, ¿hasta qué punto cambia nuestra cultura?
Sería un evento con grandes repercusiones filosóficas, trascendentales . Si Copérnico nos alejó del centro del universo, que nuestra vida no fuera la única del universo nos sacaría también del centro a ese nivel. Sería una cura de humildad que nos vendría bien, porque los humanos nos consideramos los dominadores del universo. Esa constatación de que no estamos solos nos pondría en nuestro sitio y nos haría ser más precavidos, incluso unirnos más. Sería un buen mensaje para la humanidad: comportémonos como uno, porque hay otros fuera.
Muchos científicos hablan de la posibilidad de vida extraterrerestre. ¿Qué les diferencia de quienes hablan de ovnis y cosas así?
La ciencia trabaja con pruebas, datos, evidencias, y lo de los ovnis, los magufos, las abducciones... todo eso es absolutamente indemostrable. Es una persona que ha visto, o que cree haber visto, o que tiene una foto trucada, o desenfocada de algo en el cielo... Por supuesto ocurren eventos en el cielo que no sabes lo que son. Ante eso, lo racional es poner la duda: habrá que investigar si es un fenómeno atmosférico, un globo sonda, un avión espía... Es mucho más probable eso que una nave espacial haya venido y solo una persona haya tenido la suerte de verla. Quizá unos y otros compartimos la misma fascinación por lo desconocido y la misma necesidad de no estar solos, pero hay una vía científica que es muy cauta, que siempre plantea dudas y hace preguntas. Y hay otra vía, la folclórica popular de los ovnis y las apariciones, sin ningún sentido.
“Nunca vamos a saber cómo empezó la vida”
Estudia también los extremófilos, unos seres fascinantes.
Han sido capaces de adaptarse a las condiciones más extremas: de presión, de temperatura, de nivel de radiación, de acidez, son microorganismos que sobreviven en esas condiciones. En las salinas viven felices arqueas, un tipo de microorganismos que viven en una concentración 300 gramos de sal por litro de agua. O en el río Tinto, en Huelva, cuya acidez es la misma que la de una botella de ácido sulfúrico. Ese tipo de organismos adaptados a esas condiciones tan extremas nos sirven para dos cosas: para ver hasta dónde puede llegar la vida, lo resistente que es, y por otra parte para poder ser utilizados como modelos para esas vidas extraterrestres que estamos buscando, porque por ahí fuera las condiciones son muy extremas.
También nos dicen lo difícil que es definir el fenómeno de la vida.
Hay que ir a lo más básico para que entren todos los seres vivos. Básicamente: tener un metabolismo, es decir, intercambiar materia y energía; estar dotados de material genético capaz de ser transmitido a la descendencia; y contar una especie de compartimento que te rodea y que te define como ser vivo. Con esas tres cosas sería suficiente. Si todo eso está junto, decimos que es un ser vivo.
¿Cuánto nos queda para saber el origen de la vida, ese otro gran misterio?
Muchísimo, muchísimo. Es algo que ocurrió hace 4.000 millones de años, más o menos, de lo que no hay pruebas directas. Cada vez vamos eliminando más cosas inciertas. Es decir, cada vez hay más verdad en todo lo que decimos. Pero es como si tuvieras un puzle infinito que vez vas rellenando, pero siempre te quedan huecos. Hacemos investigaciones en laboratorio; colaboramos físicos, químicos, geólogos, ingenieros, matemáticos, biólogos.... Al final, podemos saber cosas que seguro que no pasaron, pero nunca vamos a saber cómo empezó la vida. Aunque tengamos unaforma de simular un origen de la vida en el laboratorio, honestamente, científicamente será imposible decir que eso es lo que ocurrió exactamente hace 4.000 millones de años. Sería muy pretencioso. La ciencia constantemente nos está dando curas de humildad. Hay problemas y preguntas que son superiores a nuestra capacidad. Tenemos que conformarnos con aproximarnos cada vez más a la pregunta, eliminar lo imposible y experimentar con lo que pudo ser.