Música
Plasencia despide a Robe con un acto multitudinario marcado por la emoción
Miles de personas acudieron al Palacio de Congresos para decir adiós al músico extremeño en un acto largo, ordenado y profundamente significativo Plasencia (Cáceres)


Publicado el 15/12/2025 a las 05:00
Plasencia vivió ayer una jornada histórica con motivo de la despedida a Roberto Iniesta. Desde primera hora de la mañana, miles de personas comenzaron a concentrarse en los alrededores del Palacio de Congresos, que desde este domingo lleva oficialmente su nombre. La ciudad acogió durante más de doce horas un flujo constante de asistentes llegados de distintos puntos de Extremadura y del resto del país, en una despedida popular marcada por el respeto, la paciencia y una emoción contenida.
El fallecimiento del músico, ocurrido el miércoles anterior, había generado una amplia respuesta social y cultural, y la organización del acto, a cargo de Dromedario Records quiso estar a la altura. Por este motivo, en coordinación con la familia de Robe, decidió mantener abiertas las puertas durante el tiempo necesario para permitir que nadie quedara fuera. Se estima que entre 30.000 y 40.000 personas pasaron por el interior del recinto a lo largo del día.
La fila de acceso alcanzó cerca de un kilómetro de longitud. Se extendió por varias calles próximas al Palacio de Congresos y llegó hasta el entorno de la Ciudad Deportivo, a la altura del centro de Aspace. En algunos tramos, la espera superó las cinco horas, aunque el ambiente fue en todo momento tranquilo. No se registraron incidentes ni momentos de tensión. Grupos de amigos conversaban, se reconocían seguidores de distintas generaciones y se compartían recuerdos vinculados a la trayectoria musical de Iniesta. Otros, sacaron la guitarra o los altavoces para hacer que la música de Robe sonara.
A las diez de la mañana se abrieron las puertas, aunque muchas personas llevaban esperando desde la madrugada. El tono general fuera del edificio era distendido, incluso cercano a lo festivo, pero esa sensación cambiaba progresivamente al acceder al interior. El recorrido ya dentro del auditorio principal se hizo en silencio, con un ambiente serio y recogido.
Libros de condolencia
Dentro se dispusieron varias mesas con libros de condolencias, en los que los asistentes pudieron dejar mensajes llenos de emoción y afecto. También se depositaron dibujos, cartas, recuerdos personales y ramos de flores, con predominio del color amarillo, en alusión a la letra de 'Standby', uno de los temas más reconocibles del repertorio del músico: "Y aleja las pesadillas, dejando, en un agujero, unas flores amarillas pa acordarse de su pelo".
El auditorio se transformó en un espacio de homenaje. El escenario no se utilizó de forma convencional: cuando había música, los intérpretes se situaban al fondo y en los márgenes, dejando libre la parte central. A otro extremo se concentraban los objetos del tributo: flores, velas, instrumentos, dedicatorias y distintos carteles dejados por seguidores.
Entre ellos, uno destacaba por su tono directo y reconocible, con un mensaje que decía: "¡Joder, qué guarrada sin ti!", en alusión a la letra de 'Salir'. En ese altar también se expusieron objetos personales relacionados con su trayectoria: una guitarra Sabrafén utilizada durante años, una urna con sus cenizas, y distintos elementos visuales proyectados en una pantalla de fondo, con imágenes de conciertos y videoclips de su carrera. Todo ello contribuyó a crear un relato coherente y sobrio, sin gestos grandilocuentes.
Durante todo el día se produjeron intervenciones musicales espaciadas, generalmente cada quince o veinte minutos. Los músicos que acompañaron a Iniesta en sus últimos años interpretaron varias canciones de su repertorio, como 'El poder del arte', interrumpida a causa de las lágrimas del placentino Alber Fuentes, batería del grupo. Estas intervenciones no buscaban ofrecer un concierto, sino acompañar a los asistentes el proceso de despedida. Manolillo Chinato se sumó recitando poemas como la 'Elejía a Ramón Sijé' o 'Ama, ama, ama y ensancha el alma'. En las primeras filas se situaron familiares, amigos cercanos y personas acreditadas. El resto del auditorio desfiló sin detenerse más que a la hora de firmar, sin ocupar los asientos habituales, permitiendo un tránsito constante de personas que accedían, se detenían unos minutos y continuaban su recorrido.
Entre los asistentes se encontraban representantes institucionales y figuras del ámbito cultural y musical, que acudieron a título personal. Su presencia no alteró el desarrollo del acto, que mantuvo en todo momento un carácter abierto y popular. Entre las caras más reconocidas, la de María Guardiola, presidenta de la Junta de Extremadura, o Irene de Miguel, de Unidas por Extremadura.
Al finalizar el recorrido, la salida devolvía a los asistentes al ambiente exterior, donde se secaban las lágrimas y se retomaban las conversaciones y los abrazos. Muchas personas permanecieron en los alrededores durante más tiempo, prolongando una despedida que no tenía un cierre definido. Plasencia despidió así a uno de sus vecinos más ilustres, en un acto largo, ordenado y profundamente significativo, que combinó memoria y reconocimiento colectivo.