Conciertos con memoria

Lluís Llach dejó “buen sabor de boca” en el Gayarre en el año 2000

El cantautor catalán, de 52 años en aquel momento, ofreció un “recital amable e intenso” ante 800 personas, “lleno total”, en el teatro pamplonés

Lluís Llach, durante el concierto que ofreció en el Teatro Gayarre el 12 de diciembre de 2000
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Lluís Llach, durante el concierto que ofreció en el Teatro Gayarre el 12 de diciembre de 2000Jorge Nagore
Lluís Llach, durante el concierto que ofreció en el Teatro Gayarre el 12 de diciembre de 2000

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Javier Estévez

Publicado el 07/12/2025 a las 05:00

Tras hora y media de recital con dos bises incluidos, Lluís Llach y sus músicos “salieron hasta cuatro veces para saludar y se despidieron con parte del público puesto en pie”. Fue el colofón de un “recital amable e intenso” que el músico catalán ofreció el martes 12 de diciembre de 2000 en el Teatro Gayarre. Ante 800 personas, “lleno total”, el concierto de Llach dejó “buen sabor de boca”, expresa la crítica publicada por Santi Echeverría en Diario de Navarra dos días después de la función.

El público, “de segunda juventud y mediana edad”, disfrutó de “un maduro pero renovado Lluís Llach”, que lució “con brillantez una fina ironía y un ácido sentido del humor”. No fueron las únicas alabanzas de la crítica de Echeverría, que también ensalzó el “mérito” del cantautor catalán por “acercarse a una tierra y actuar ante un auditorio” en el que “ni el 10%” de asistentes entendieron sus letras. “Lluís es un consumado comunicador que hila perfectamente las transiciones entre canciones presentando, incluso traduciendo, los contenidos del que será el siguiente tema”, alabó Echeverría sobre quien años después sería diputado en el Parlament de Catalunya por la coalición independentista Junts pel Sí.

Aunque el crítico lamentó, no obstante, que el cantautor demostrara en aquella ocasión una voz “justa de condiciones”. “Sin convertirse en algo trágico, Lluís se mostró algo más parco en los registros vocales a pesar de que desde el sonido siempre priorizaron la presencia, a veces excesiva, de su voz y sobre todo de su piano eléctrico”, sostuvo Echeverría, quien sí valoró positivamente “la presencia del chelo, el violín, el acordeón y, por supuesto, las percusiones de [Daniel] Forcada, que aportaron brillos jugosos a las versiones de los temas clásicos del cantautor tarraconense”. “Ese fue quizá uno de los mejores frutos del recital”, añadió el crítico de Diario de Navarra.

El músico catalán, de 52 años en aquel momento, ofreció en Pamplona “desde bossa nova a la payesa en el tema ‘Jo se’, a recreaciones nostálgicas del ambiente rural en ‘Verges 50’ y ‘Pais Petit’ o el recuerdo a los emigrantes en ‘La Lira’”. En el Gayarre sonaron también ‘Cançó de Bressol’, “que compuso en recuerdo de su madre” y dedicó a Ernest Lluch, asesinado por ETA tres semanas antes del concierto; ‘Astres’, que expuso “la vena más mística” del cantautor; y ‘Que tingueu sort’ y ‘Aprendre’, dos “clásicos” en el repertorio de Llach.

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