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La Cofradía de San Saturnino, desde Pompelo a Toulouse

La Cofradía, que este sábado volverá a sonar en la procesión del patrón de Pamplona, visitó la ciudad de origen de San Cernin

La Cofradía de San Saturnino, en la Basílica de Toulouse.
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La Cofradía de San Saturnino, en la Basílica de Toulouse.
La Cofradía de San Saturnino, en la Basílica de Toulouse.

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Diario de Navarra

Publicado el 29/11/2025 a las 05:00

“Cuentan los viejos relatos, venerable tradición…”. Comienza así el canto que este sábado sonará, otra vez, ahí, donde termina la calle Nueva, al paso de la procesión del patrón de Pamplona, San Saturnino.

Otra vez, otro año –y van ya…- La Cofradía de San Saturnino entonará la canción de Iñaki Lacunza a San Cernin en alzas, procesionando en cuerpo de ciudad, que es el más alto honor que Pamplona dispensa, pero que no es mayor que el que ofrecen las aceras repletas de ciudadanos esperando el paso del Santo que vino desde Toulouse –con San Honesto, no se nos olvide- a convertir a los primeros cristianos de lo que era entonces una urbe romana.

“Ante un humilde pocico”, dice la canción y la tradición confirma, aquel que fuera uno de los segundos apóstoles de Jesucristo enviado, como los anteriores, a difundir la fe cristiana, bautizo al senador Firmo, autoridad entonces de Pompaelo, y a su familia. A su hijo Firmino entre ellos.

“Fueron pasando los años, fueron pasando los siglos”, en el curso de los cuales aquel apóstol venido de Toulouse padeció martirio (250 d.J) a manos de los seguidores de los cónsules Gracio y Decio. Dice la Passio Saturnini que quisieron obligarle a sacrificar a Júpiter un toro y, al negarse a hacerlo por su fe, “ataron al obispo al toro que debía ser sacrificado y le picaron para que corriera por las escalinatas del Capitolio. El cuerpo de Saturnino fue despedazándose a lo largo de la carrera del animal. Cuando paró la espantada, allí quedó abandonado, hasta que unas piadosas mujeres lo recogieron y lo enterraron en una fosa muy profunda”.

Hasta aquí la historia. Y desde aquí la historia que hoy nos inspira.

VOLVER A TOULOUSE

Hace ya 15 años que la Cofradía de San Saturnino -básicamente una cuadrilla de músicos procedentes de las tunas de Pamplona, los auroros y demás comprometidos con melodías y sones de Navarra- iluminan Pamplona y sus calles con canciones que, en ocasiones, se han convertido ya en parte del paisaje musical de Pamplona.

Ocurre así tanto con sus cantos al paso de La Dolorosa, en su traslado a la Catedral, como en la primera Misa de la Escalera en San Lorenzo, en los prolegómenos de la Procesión de San Fermín o en su espontánea celebración del Negro José, con la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, al regreso de la procesión, el mismo día 7 de julio.

Pero sintieron que faltaba un paso que dar: volver a los orígenes, que es en lo que el párroco de San Saturnino en Pamplona, César Magaña, dijo en su emocionante homilía, al pie de la tumba del Santo, consiste una peregrinación.

Así que el pasado 15 de noviembre, para no faltar a la celebración de San Saturnino en Pamplona, un buen grupo de cofrades llegó a Toulouse con el triple propósito de honrar a su patrón en su condición de Santo, de icono cultural de la Occitania francesa, y llevar su alegría, su música y sus canciones a quienes siempre precisan más animos.

TRIPLE PEREGRINACIÓN

La peregrinación religiosa, precedida por una carta del arzobispo de Pamplona, Florencio Roselló, al de Toulouse  Guy de Kerimel, contó con César Magaña, párroco de San Saturnino, y la inestimable colaboración de su homólogo en la Basílica de Toulouse, Pére Bogdan, que permitieron a los visitantes la celebración de la Eucaristía a los pies mismos de la imponente tumba del Santo, en una ocasión que Magaña definió como “una gracia extraordinaria”. “Venimos, dijo, como hijos a la casa del padre; como discípulos a la escuela del maestro. Venimos a beber de esta herencia, venimos a tocar las raíces”. Y algún brillo de emoción asomó a los ojos de más de un asistente.

Tras la Misa, alumbrada con algunas de las canciones sacras que figuran en el repertorio de la Cofradía, sin olvidar el vibrante “desde Toulouse a Pompelo” que hoy resonará en las calles de Pamplona, se pudo contemplar lo mejor de toda la basílica, de cada uno de los más ocultos detalles, de la mano del historiador Mark Olivier Lenique, guía de una peregrinación cultural que no solo desveló las numerosas joyas que alberga la Basílica, sino que sirvió también para conocer la figura, la vida y el martirio de San Saturnino, alguna de las cuáles son todavía desconocidas, incluso para los más devotos del Santo.

El atardecer llevó a la tercera, pero no menos importante, fase de la peregrinación: el concierto para los enfermos de alzhéimer y sus cuidadores que lidera el doctor Gabor Abellán Van Kan, geriatra licenciado por la Universidad de Navarra que se convirtió en el perfecto anfitrión de los visitantes pamploneses.

El proyecto PreDisc, que lidera, busca prevenir la discapacidad en personas mayores mediante la promoción de la actividad física y la prescripción de un programa personalizado durante la hospitalización y su continuación después del alta, así como ensayo clínico multicéntrico para generar evidencia científica y promover la integración de estos programas en la práctica clínica habitual.

PreDisc está financiado por  un Programa Interreg Sudoe a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), y está liderado a nivel europeo por el centro de investigación biomédica Navarrabiomed. El consorcio está formado por 4 países, apoyados a su vez por nueve organismos públicos y privados del sudoeste europeo que participan en calidad de entidades asociadas.

Al concierto de la Cofradía de San Saturnino, en el Hospital Universitario de Toulouse, acudieron más de setenta participantes en PreDisc, para los cuales se adaptó el repertorio, interpretándose las más conocidas e internacionales canciones, incluidos temas inevitables como Guantanamera o hasta Clavelitos.

MOMENTICOS, MOMENTAZOS

Pero era entre peregrinación, peregrinaje y concierto, donde afloraba la mejor y más característica cualidad de la Cofradía de San Saturnino; era en esos momentos que muchos ya conocen en Pamplona, cuando los músicos, además de serlo, son especialmente cofrades, hermanos, amigos a los que une, sobre todo, una relación de años, un carácter jovial y el amor por sus canciones y los momentos de compartirlas.

Y Toulouse se llenó, entonces, de lo que en toda Navarra llamamos “momenticos”, esas ocasiones sobrevenidas, espontáneas, inesperadas y absolutamente improgramables que, por su calidad, por su cantidad, por la entrega de los intérpretes y la acogida de un público, generalmente sorprendido y hasta incrédulo, se convierten en auténticos momentazos.

Ocurrió a los pies de la impresionante octogonal de la Basílica de San Sernin (por cierto, traducción occitana del Saturnino nacido en la griega Patras), junto a esa Rue du Taur con que los tolosanos recuerdan el martirio del santo arrastrado por un toro (que realmente nunca pisó esa calle).

Ocurrió en el restaurante al lado del Mercado de Víctor Hugo, en que ni el foie ni la contundente cassoulet típica de zona apagaron los ánimos, los instrumentos, ni las voces. Y cómo disfrutaron aquellos madrileños que se los encontraron de improviso.

Y ocurrió, también, en los desplazamientos al Hospital Universitario, antes y después del concierto, donde los usuarios del autobús público, primero, y el tranvía, después, literalmente alucinaban al encontrarse actuaciones musicales que a punto estuvieron de considerar era la programación cultural de otoño del Ayuntamiento tolosano.

Aquí, allá, en la terraza de una pizzería, en las orillas del impresionante río Garona, para quienes pasaban, para quienes se paraban, para quienes grababan con su móvil… Una peregrinación de armonía, de voces, de notas que, Dios mediante, hoy resonará de nuevo en Pamplona, de donde es, se siente y disfruta la Cofradía de San Saturnino.

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