Zahara actuará este viernes en el Mugacu Fest de Viana
La artista de Úbeda estará por primera vez en el Mugacu Fest, que este fin de semana ofrecerá una docena de conciertos en escenarios como los Jardines de Serrat o las Ruinas de San Pedro. Zahara presentará 'Lento ternura', un disco gestado en su refugio rural de La Mancha, en el que reivindica un mundo más amable y pausado


Publicado el 25/06/2025 a las 20:00
Por primera vez, Zahara actuará en el Mugacu Fest de Viana, en el escenario de las Ruinas de San Pedro (22.30 horas). La cantautora de Úbeda tiene un intenso verano de festivales por delante, donde no faltarán citas como Sonorama. Volverá a pisar Navarra el próximo 26 de septiembre, en el festival Estaciones Sonoras de Cascante, y el 20 de diciembre el Teatro Gayarre, adonde llevará la propuesta 'Acustiquísimo'.
El sábado pasado actuó su paisano Joaquín Sabina en Pamplona. ¿Cómo le ha influido?
Cuando era niña fue una figura bastante determinante. Recuerdo escuchar sus canciones, leerme sus letras, ir a sus conciertos y emocionarme muchísimo con el público que cantaba lo que este señor compartía en el escenario. Me parecía muy poderoso. Cuando empecé a escribir canciones, además de mis propios temas, también hacía versiones suyas. Me parecía una persona muy auténtica que merecía la pena observar.
Este viernes 27 de junio actuará en las Ruinas de San Pedro. ¿Ese tipo de escenario tiene una magia especial?
Es maravilloso tocar en entornos distintos. Para mí es muy guay, porque el show que llevo está diseñado para este tipo de espacios, donde puedo llevar a cabo todo lo que se me pasa por la cabeza, precisamente porque la idiosincrasia de estos lugares lo permite. Será un concierto de electrónica, pero interpretada de manera manual, analógica, sin ordenadores. Siempre hay mucho espacio para la improvisación, para que las canciones crezcan y se transformen, siempre en función de cómo lo esté viviendo el público. Eso para mí es lo maravilloso de este tipo de concierto, que está vivo. Lo hemos concebido para que sea muy flexible y en cada sitio al que vayamos pasen cosas especiales.
Presentará 'Lento ternura', un disco que surgió en su refugio campestre manchego. ¿Hubiera sido muy diferente de haberlo creado en otro sitio?
Creo que ha sido bastante determinante el haber encontrado un espacio para mí. He querido huir de Madrid, del ruido, de la contaminación... He buscado la tranquilidad en un entorno más rural, más amable, más en comunión con la naturaleza. En esa búsqueda empecé a escribir las canciones de 'Lento ternura'. El disco nació con una voluntad escapista. No me he ido del todo de Madrid, porque allí mantengo la mitad de mi vida, y en mi vuelta a Madrid acabé entendiendo qué es este 'Lento ternura', donde también reconozco la dificultad de encontrar la tranquilidad en lugares incómodos.


En una de sus canciones proclama: "Soy de un pueblo pequeño" [Úbeda]. ¿Quería reivindicar sus raíces?
Esta es la canción que cierra el disco y en la que hago referencia a Úbeda: una ciudad renacentista, Patrimonio de la Humanidad, maravillosa. Para mí un pueblo es ese sitio donde si bajas a la calle saben quién es tu madre, o cuando vas a comprar a la panadería puedes tener una conversación porque te han visto crecer... Cuando era adolescente, participé en las chirigotas del carnaval de Úbeda, que tiene mucha tradición inspirada en el carnaval gaditano. Me lo pasé fenomenal. De hecho, fuimos la primera chirigota de mujeres que hubo.
Después de haber vomitado un álbum tan crudo como 'Puta', ¿ahora se siente más en paz consigo misma?
Una parte de mí sí, porque al menos exorcicé aquellos demonios. Durante la gira de 'Puta', sentía esa liberación de la que hablas, pero ahora siento que vuelvo a la misma casilla de salida. Creo que la vida es un reiniciarte. Yo me siento mejor con quién soy, pero no dejo de ser la misma persona a la que le pasó todo aquello que contaba en 'Puta'. Obviamente, compartirlo me ha ayudado muchísimo, sobre todo porque es consecuencia de un proceso terapéutico de año y medio. En muchos sentidos estoy en paz conmigo misma y con lo que me ha pasado, pero al mismo tiempo no paro de encontrarme con situaciones donde en realidad no hay una superación del trauma, sino una convivencia con él. Mi sensación es que no dejo de ser una niña que está intentando aprender a gestionar y a saber cómo funciona el mundo.
¿Ahora tiene más herramientas para afrontar esas situaciones?
Sí, y lo agradezco, porque siento que ya no me hacen el mismo daño. Sé cómo aceptarlo, he aprendido a ser amiga de mis emociones. Pero aún así (ríe), siempre digo: ¿cuándo se deja de aprender y cuándo ya estás aprendida? (vuelve a reír). Poco a poco... Intento ser consciente de que todo lo que siento es válido. Nos han educado en lo contrario: “No llores, no te sientas mal, no pasa nada...”. Cuando tengo un dolor o una molestia, es simplemente otra de mis emociones, igual que hay días que estoy eufórica. Es un aprendizaje y una aceptación. Ahora les tengo un cariño a mis días de pena, que es verdad que antes no les tenía.
¿De esos días de pena pueden surgir grandes canciones?
Mira, hay veces que cuando estoy así, blandita, en lugar de huir de ello, sí que me lo permito sentir y profundizarlo. Hay que dejar que te atraviese la pena y te la lleves entera hasta acabar toda dolorida, como si te hubiese pasado un camión por encima, pero al mismo tiempo dices: “¡Ay, ya está, ya la he sacado fuera!”.
Volverá el 26 de septiembre al Festival Estaciones Sonoras y en diciembre traerá 'Acustiquísimo' al Teatro Gayarre. ¿Mostrará a una Zahara muy diferente?
Sí. 'Acustiquísimo' es un formato que empecé a desarrollar hace igual 20 años, cuando empecé tocando sola, acompañándome de mi guitarra. Desde hace 15 me acompaña Sergio, mi técnico de sonido. Él no está en el escenario pero forma parte del concierto igual que yo, porque vamos generando loops, él va jugando con los efectos según lo que yo haga... Este formato sí que está vivo, yo diría que es un animal que se expresa a través de mí. Es muy emocionante porque está lleno de detalles, desde lo más íntimo, lo más sutil y frágil... Hay momentos que son pequeñísimos y luego otros que son sorprendentemente enormes, por todo lo que pasa con esos reverbs, esos delays, el proceso de mi voz, todos los instrumentos que toco y que voy loopeando y que se quedan sonando...
¿Mostrará entonces su arte como multiinstrumentista?
Sí, porque en ese bolo pasa de todo. Al final parece que hay una orquesta conmigo tocando. Suceden cosas inesperadas y eso también provoca reacciones muy mágicas. Puedo expresarme de distintas maneras y me lo paso increíble.