El hombre de Loizu y la Mano de Irulegi habitan su nuevo hogar
Las dos piezas arqueológicas se muestran en el Museo de Navarra


Actualizado el 17/12/2024 a las 23:32
Mercedes Jover, la directora del Museo de Navarra, lo calificaba casi como “un milagro”. Lo decía por el hecho de que los dos hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos años en la Comunidad foral se exhiben ya en su museo, pero también por todo el esfuerzo que había supuesto integrarlos en la remodelada sala de Prehistoria, que se reabrió este 17 de diciembre en un acto en el que participó la presidenta María Chivite.
El hombre de Loizu, los restos de un joven cazador que vivió hace 11.700 años en el valle de Erro, se encontraron en 2017, se extrajeron de su cueva en 2021 y desde entonces ha sido estudiado por decenas de expertos. La Mano de Irulegi, la pieza de bronce con una inscripción escrita en una lengua prerromana, quizá vascónica, se halló hace tres años y también ha pasado por el examen de numerosos especialistas. Por eso Jover tildaba de milagro que “todo ese conocimiento en torno a unas piezas singularísimas de la prehistoria” se haya podido condensar en textos de 120 palabras y en vídeos de minuto y medio, que tratan de dar contexto a las dos piezas en su nuevo hogar. La sala de Prehistoria será la ubicación permanente para el hombre de Loizu, pero la Mano vivirá allí solo de manera provisional. Cuando terminen las obras que tendrán cerradas hasta después del verano cuatro plantas del museo, la Mano se exhibirá en el primer piso. “Trabajaremos en un proyecto para presentarla contextualizada. Pero no queríamos esperar más para que la ciudadanía pudiera verla”, señalaba Jover.
La remodelación de la sala de Prehistoria ha servido también para colocar en una vitrina más destacada el mapa de Abauntz, una cartografía grabada en una piedra que se considera de las más antiguas de la humanidad y que se encontró en la Ultzama.
VISITAS GRATUITAS
La nueva instalación de la sala de Prehistoria, ubicada en la planta -1 del museo y a la que se accede tanto por escalera como por ascensor, está abierta al público, con entrada gratuita desde este martes. Se podrán fotografiar sin flash. El Museo ofrecerá un servicio presencial de mediación en castellano y euskera para facilitar la comprensión de las piezas en exposición. A comienzos de 2025, se programará un ciclo de conferencias.


El cazador de hace 11.700 años que murió de un golpe en el cráneo
El arqueólogo que dirigió los trabajos en relación con el hombre de Loizu aseguraba que la instalación en el Museo de Navarra de los restos de ese hombre de hace 11.700 años suponía algo que casi nunca ocurre en su ámbito, “cerrar el círculo”. Jesús García Gazólaz, que dedicó buena parte de sus palabras a agradecer esfuerzos de quienes les han ayudado, destacó dos aspectos de aquel joven cazador que “nos emparentan” con las generaciones de miles de años después. “Uno es su muerte, seguramente en un episodio de violencia interpersonal, algo que lamentablemente vivimos a día de hoy. Pero también representa los valores opuestos”, porque hubo “un grupo humano que recogió su cadáver, y puso en marcha un complejo operativo, no exento de riesgos, para depositar su cadáver en un punto tan profundo como lo fue en la cavidad de Errotalde. Además, desarrolló un ritual muy específico”.
García Gazólaz resaltó del hombre de Loizu que “también se enfrentó al medio natural en el proceso de cambio, en plena transición climática. Él vio cómo el paisaje cambiaba, cómo el bosque cambiaba, cómo las manadas de animales gregarios desaparecían y se integraban al norte. Sin embargo, a pesar de su escasa capacidad tecnológica, su grupo supo desarrollar estrategias adecuadas para adaptarse y sobrevivir”.
La antropóloga Maitane Tirapu de Goñi, por su parte, explicó que en la vitrina del museo habían colocado los huesos de la forma más parecida posible a como se encontró en la cueva de Errotalde. Son los restos de un hombre que tenía entre 21 y 25 años de edad y medía 1,60 metros, que realizó una actividad intensa durante su vida y que fruto de ello, sufrió lesiones en las rodillas y alteraciones en las articulaciones del hombro. Además, tuvo una muerte violenta. “Se puede identificar un traumatismo probablemente causado por un objeto que le fracturó el cráneo”, señalaba la antropóloga, que añadió que los análisis han permitido deducir que creció y vivió toda su vida en el entorno de Erro, que utilizaba la boca “como tercera mano”, para actividades cotidianas, y que su dieta se basaba en la carne.


Las dificultades de una posible ofrenda a una divinidad
Javier Velaza, uno de los filólogos que han trabajado para interpretar las inscripciones de la Mano de Irulegi, aseguró que el trabajo de presentar ante la ciudadanía una pieza tan singular se rigió por los mismos principios que siguieron a la h ora de su estudio, “colaboración, rigor y transparencia”. En ese sentido, el lingüista Joaquín Gorrochategui, otro de los expertos que han intentado desentrañar el mensaje dela Mano, señaló que su exhibición en el Museo ha intentado reflejar la dualidad que conlleva una pieza tan particular como la que se encontró en el monte del valle de Aranguren. Por un lado, la singularidad la hace extraordinaria; por otro, complica su interpretación por la falta de paralelos. Lo primero lo reflejan con el “lugar preferente” que se le ha dado dentro de la sala de Prehistoria; lo segundo lo intentan explicar con los paneles, los gráficos y los vídeos que dan cuenta de las particularidades de la pieza del siglo I a. C., que estaría probablemente en la entrada de una vivienda del poblado, clavada en un poste, tal y como detalló Mattin Aiestaran, director de la excavación.
Gorrochategui dio algunas de las claves que han utilizado para interpretar las inscripciones grabadas en la Mano, para las que sus creadores utilizaron dos técnicas distintas, primero líneas esgrafiadas y después repasadas con un punteado, aunque hay algunos cambios entre una y otra. “Hemos privilegiado la versión esgrafiada porque nos da un indicio para interpretar la primera palabra, ‘sorioneke’, como expresión de una entidad, posiblemente una divinidad a la que está dedicada la pieza”. Gorrochategui señaló también que estaban convencidos de que se trata de un mensaje completo, por lo que debí a esperarse que hubiera un verbo, posiblemente la última palabra, ‘eraukon’, a la que atribuyen el significado de dar. Por eso, suponen que se trataba de una ofrenda a la divinidad. Sin embargo, “nada es muy sencillo, nada es perfectamente claro y evidente. No son más que propuestas que tendrán que ser enfrentadas en un futuro, y creo yo que solamente se podrá hacer con la aparición de nuevos testimonios".