Vivienda
Gonçalo Byrne, arquitecto: "La ciudad cada vez es menos de los ciudadanos"
Los Encuentros de Arquitectura buscan soluciones a la vivienda y en esta primera edición prestan especial atención a los casos de Francia y Portugal


Publicado el 26/09/2024 a las 05:00
Gonçalo Byrne tiene una moneda en Portugal. Su nombre y una de sus obras más emblemáticas, la torre de control del Puerto de Lisboa, cierran una serie numismática emitida en honor a los grandes arquitectos del país. A sus 83 años Byrne y su estudio han firmado numerosas obras reconocidas internacionalmente y, entre otros, tiene el premio Mies Van der Rohe. Pero su actividad también ha incluido la docencia en varias universidades del mundo, entre ellas la de Navarra. Este jueves intervendrá en los Encuentro de Arquitectura que ha puesto en marcha en Pamplona la Fundación Arquitectura y Sociedad fundada por el arquitecto estellés Patxi Mangado.
Estos Encuentros buscan soluciones al problema de la vivienda, pero ¿hasta qué punto es una responsabilidad de los arquitectos? ¿Qué soluciones pueden aportar?
Los arquitectos tienen mucho que decir, pero hay que llamarlos. En mi país ahora, aparte de algunas excepciones como Oporto o Lisboa, no solamente no llaman a arquitectos, sino que llaman a empresas de construcción que hacen ofertas para construir al coste más bajo. La calidad de la arquitectura existió en mi país hasta inicios de 2000. La contratación pública tenía reglas, exigían calidad y lo hacían casi todo con concursos. Todo eso prácticamente desapareció y construyeron un tinglado burocrático que es tremendo y que en el 90% de los casos les interesa solamente la arquitectura como mercancía. La vivienda pública casi desapareció en los años 80 porque se la entregaron a la banca.


¿Y desde entonces no se ha hecho nada?
El gobierno promueve las nuevas leyes básicas de la vivienda en 2015, pero se queda todo parado hasta la pandemia y solamente se despiertan cuando vienen los fondos europeos. Y ahí es un caos porque manda la urgencia, y la mejor solución que encuentran es hacer todo con constructoras que a lo mejor traen un proyecto al coste más bajo. Los organismos del Estado tenían mecanismos que cuidaban por la calidad de la arquitectura y de la ciudad, pero se perdieron cuando la banca sustituye el Estado en la promoción. Cuando llegan estos fondos no hay estructuras del Estado.
¿La aportación al debate de los arquitectos entonces sería más sobre la calidad de las viviendas que sobre el problema en sí?
Claro, sobre todo el tema de la calidad. España está bastante mejor que Portugal en este punto. Lo que pasa es que para el arquitecto en este momento atravesamos periodos de grandísimas transformaciones sociales, económicas y ambientales, más la pandemia, la guerra... Esto tiene consecuencias sobre todo en el tema de la sostenibilidad. Los arquitectos tienen que repensar, refundar un poco el conocimiento y la práctica de la arquitectura. No para rechazar el pasado, porque la ciudad sigue construyendo con su memoria, reciclándose hoy día, pero, hay que estar atentos a los cambios que están pasando en forma muy radical dentro de las ciudades: la guetización, la gentrificación, el turismo que en una ciudad como Lisboa es muy fuerte.
Usted que intervino en la reconstrucción del barrio del Chiado ¿le duele ver que ahora está ocupado por el turismo? ¿De quién es la ciudad hoy?
Exactamente, la verdad es que cada vez menos la ciudad es de los ciudadanos. La ciudad es de la vida, sobre todo de los ciudadanos. No es que los turistas no tengan derecho a un cierto disfrute de la ciudad, pero el problema es que no puedes descompensar. Si no, se vuelve una Disneylandia donde los habitantes son echados fuera. En Lisboa el turismo aumenta mucho a partir de la Expo 98. Esto fue muy bueno porque el casco histórico estaba cayendo de abandono, perdiendo 250.000 habitantes en 20 años. Se vació. Con lo cual el turismo da una inversión económica que va desde el pequeño piso hasta fondos, sobre todo extranjeros, que compran toda una manzana para transformarla en hoteles, restaurantes o Airbnb. Esto, que al inicio es bueno, hoy día es un problema grande porque está expulsando a los habitantes del centro histórico. Incluso tiene consecuencias en los perfiles sociológicos, la ciudad está envejeciendo. Todo esto debería tener consecuencias incluso en la enseñanza de la profesión.


Decía que los arquitectos pueden aportar si se les llama, ¿cómo pueden hacerse oír más?
España ahí está mucho mejor, tiene arquitectos casi en todos los ayuntamientos, no en cuerpos técnicos sino en cargos políticos. En Portugal casi no hay, el gobierno es un 90% gente del Derecho que crean una máquina burocrática que sigue creciendo, pero no hay una sensibilidad de la importancia que la arquitectura tiene para la ciudadanía. Los arquitectos también tienen que entender que no están solos. La edad de los edificios icónicos, de la arquitectura de autor se ha cerrado demasiado y separado nuestra cultura, que no se comunica a la sociedad.
¿Cumplen su papel entonces Encuentros como éste?
Sí, el encuentro hizo bien en llamar a los ciudadanos para hablar, comunicar a los arquitectos. La arquitectura tiene que abrirse, tiene que repensarse o refundarse en cierta medida, sin dejar lo específico de su profesión, pero abriendo puertas y, sobre todo, ganando una dimensión de polis. La arquitectura, la ciudad, es el espacio por excelencia de la política en el sentido de polis.
Pero la polis hoy está dirigida por el mercado.
Claro. Se pierde la noción de lo que es compartido en la ciudad, del bien común, y esto es la base de la polis. La arquitectura está en condiciones extraordinarias para poder tener un rol importante en esta estructura de la polis, pero tiene que ser llamada. Ahora es el mercado el que manda, el que diseña las ciudades. La arquitectura al coste más bajo a la que me refería antes es una mercancía, es como comprar patatas. Con una pequeña diferencia: cuando compras patatas en el mercado, las miras antes para ver si tienen calidad.


¿Hace falta un árbitro por encima que ordene esa polis?
Absolutamente. En Europa se empieza a ver el resultado de años de gestiones ultraliberales y del desastre que es. Con lo cual hay responsabilidades políticas. En Lisboa ahora se empiezan a ver muchos activismos ciudadanos. Esta semana hay una fuerte organización que está exigiendo del Estado el tema de la vivienda.
¿Habría que pensar más a largo plazo?
Es que ése también es un tema del mercado. El mercado quiere los beneficios al más corto plazo posible. Por eso se perdió todo lo que era la planificación urbana. Las ciudades que crecen hoy día crecen mucho menos, se rehabilita mucho. Pero esos son síntomas de que estamos pasando de un mercado lineal a uno circular. La economía tiene que ir por ahí. Es un tema muy complejo porque ahí entra la pelea entre la izquierda y la derecha. Hay una especie de dualidad que resulta de esta incapacidad de acompañar una complejidad. El filósofo Innerarity habla de todo esto. A los políticos la complejidad les interesa un pepino porque lo que quieren es ganar.
¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías?
Podrían ayudar muchísimo pero están la mayor parte actuando contra las redes sociales. La pregunta que hay que hacer a los Generators, ChatGPT y estas cosas es ¿pero usted es una máquina o es una persona? Porque la voz es de una gran empatía pero en su respuesta jamás admite que es una máquina. Dentro de diez años, un despacho de cincuenta arquitectos puede trabajar con diez buenos operadores y el resto lo hace la máquina. Esto sucedió con los operarios en la industria de los automóviles, por ejemplo, en Detroit.
Hablando de crecer, usted viene con cierta frecuencia a Pamplona ¿Cómo ve sus nuevos barrios?
Los más recientes no los conozco, pero Pamplona tiene buena tradición. En Lisboa cuando la vivienda se pasa a la banca se acelera la desertificación del casco histórico, crecen las periferias de la peor manera y se mata el mercado del alquiler. Estas cosas destrozaron la ciudad. Aquí la ciudad sigue creciendo, y creo que el casco histórico está muy vivo. Pamplona es de las pocas ciudades, incluso en España probablemente la mejor, que sigue creciendo con barrios periféricos, pero sin fragmentar el tejido, colgándose mucho estos nuevos barrios a la ciudad existente.
Chivite reivindica las administraciones como “muro de contención” ante los excesos del mercado de la vivienda
La presidenta de Navarra, María Chivite, abrió por la mañana los Encuentros de la Fundación Arquitectura y Sociedad en el Archivo Real y General de Navarra destacando el papel que deben tener las Administraciones Públicas como “muro de contención ante los excesos de los mercados, más si cabe cuando hablamos de necesidades básicas como es la de la vivienda”. Chivite alabó las políticas de construcción de vivienda pública puestas en marcha en Navarra, que “han laminado mucho la terrible situación que sí se atraviesa en otros lugares de este país”. Estos primeros Encuentros de Arquitectura, se celebran desde ayer hasta mañana bajo el título La vivienda que queremos por las mañanas en el Archivo y por las tardes en una carpa situada en la avenida Carlos III, junto al monumento al Encierro. Las jornadas se presentan como un foro abierto en el que profesionales de diferentes ámbitos y procedencias podrán reflexionar y debatir en torno al problema del acceso a la vivienda, las nuevas estrategias desplegadas para mejorarlo y las soluciones impulsadas a nivel europeo. El programa gira en torno a cuatro ejes: el problema del suelo, los modelos de gestión y financiación, la gestión urbanística y los modelos arquitectónicos.
