Historias y un buen pintxo

Mejillones, patatas bravas y calamares en La Mejillonera

El primer local de La Mejillonera fue fundado por el zaragozano Javier González Abadía en Valladolid, en 1967

Ricardo Cuervo y Paula Carrión en la barra de La Mejillonera
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Ricardo Cuervo y Paula Carrión en la barra de La Mejillonera
Ricardo Cuervo y Paula Carrión en la barra de La Mejillonera

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Irune Abadía Esain

Actualizado el 16/08/2024 a las 09:41

Paula Carrión espera curiosa desde la cocina del local. Para ella, La Mejillonera ha sido su día a día desde hace dieciocho años. Llegó de Ecuador en 2007 sin saber nada sobre la hostelería. Aquí fue donde le enseñaron la profesión desde cero y “se lo dieron todo”, comenta agradecida. Tanto, que a día de hoy ella es la encargada y cocinera que se encuentra tras la barra.

Este bar, que puede parecer una franquicia en España, no es más que el progreso de lo que comenzó como un negocio entre dos familias, cuenta Paula. El de Pamplona se encuentra en la Calle Navarrería, en pleno Casco Antiguo, sin embargo, no fue el primero en abrir, ni mucho menos. Javier González Abadía, su fundador zaragozano, inauguró la primera Mejillonera en Valladolid, en 1967. Lo hizo mezclando los conceptos de dos bares: El Calamar Bravo, en Zaragoza, donde él había trabajado, y la Mejillonera La Ría, en Madrid, de donde sacó la receta de los mejillones. Cincuenta y siete años después, es la familia Escudé quien está al mando del local navarro, así como del de San Sebastián y el de Logroño. Además, hay otros en Zaragoza, Burgos, Valladolid y Palencia.

La Mejillonera mantiene la misma oferta que en sus inicios. Todo es producto natural: mejillones y calamares que vienen directamente de Galicia y patatas bravas. ¿Su secreto? No parece que nos lo vaya a revelar, pero, sin duda, la salsa de esas patatas tiene algo que a la gente le hace volver y repetir. “Por algo será la especialidad de la casa”, bromea la hostelera.

El local abre todos los días de la semana. De lunes a viernes, el horario va desde las 11:30 horas hasta las 14:30 del mediodía y, por la tarde, abre de 18:30 horas a 23:00. Durante el fin de semana, se alarga la jornada hasta las 15:00 por las mañanas y hasta las 24:00 por las noches.

“Siempre hay dos horas puntas, normalmente son entre las 20:00 horas y las 22:00”, comenta Paula. También triunfan mucho los juevintxos, algo que sobre todo se nota en temporada de invierno.

Sea el momento que sea, toda la gente que llega es bienvenida. Según ella, la rapidez es una de sus virtudes. Por eso, es justo lo que intenta transmitir a cualquier camarero que llega nuevo: “Si hay mucha gente en el bar, hay que bailar”.

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