Patxi Mangado reivindica el alma de la arquitectura en su ingreso en la Academia de Arquitectura de Francia

El arquitecto navarro asegura en París que la arquitectura es más necesaria que nunca

Pablo Katz, vicepresidente de la Academia y padrino; Patxi Mangado; Catherine Jacquot, presidenta de la academia, y Jean, padrino también.
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Pablo Katz, vicepresidente de la Academia y padrino; Patxi Mangado; Catherine Jacquot, presidenta de la academia, y Jean, padrino también.
Pablo Katz, vicepresidente de la Academia y padrino; Patxi Mangado; Catherine Jacquot, presidenta de la academia, y Jean, padrino también.

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Ion Stegmeier

Publicado el 30/05/2024 a las 05:00

El arquitecto estellés Francisco Mangado aprovechó este miércoles su ingreso como miembro de la Academia de Arquitectura de Francia para hacer una apasionada defensa de su profesión. La Academia reúne a unos 350 miembros y Mangado entró este miércoles a formar parte del colegio de miembros extranjeros, de la que forman parte 60 arquitectos. Fue en una ceremonia que contó con la presencia del embajador de España, Victorio Redondo Baldrich; el embajador ante la Unesco, Miquel Iceta, así como una representación del Gobierno de Navarra y de la Universidad de Navarra, donde da clase.

En el acto, que tuvo lugar en la sede de la institución, en la parisina place des Vosges, Mangado no habló de la crisis de la arquitectura; de esas dijo que ha habido muchas y no necesariamente negativas, sino que eligió el tema de la 'Crisis contra la Arquitectura'.

El arquitecto navarro enumeró un decálogo de condicionantes que desde la sociedad han producido un deterioro que afecta a la esencia misma de la profesión, según dijo, que queda así relegada a ser un objeto más del mercado. Entre las razones citó que la corporación, lo corporativo, se impone a lo individual y anula la parte creativa y arriesgada de la arquitectura. Eso provoca la especialización como manera de organizar el conocimiento. “Nuestro trabajo es, fundamentalmente, un trabajo de síntesis. Manejamos infinidad de variables y conocimientos específicos, pero el proyecto de arquitectura, informado de todos ellos, es mucho más que una suma lineal de las respuestas a cada uno de los problemas”, apuntó.

Además, el mercado según observa el arquitecto navarro, se caracteriza por “una extraordinaria aversión al riesgo”, y establece una “hiperinflación de normativas, regulaciones, protocolos, controles y procesos”. Mangado opina que es en el riesgo donde radica el avance, y puso un ejemplo: la media de tiempo para obtener el permiso de construcción una vez presentada la documentación requerida en España está entre el año y medio y los tres años.

“La emoción que se deriva de la construcción del proyecto desaparece”, lamenta Mangado, que aprecia de este modo “arquitecturas aburridas, repetidas con independencia del lugar o de las circunstancias que las enriquecen. Arquitectura sin ‘alma’, sin espíritu, sin ciudad”.

Una de las causas principales de esta crisis es, según dijo, la falta de reflexión sobre lo que somos y lo que nos rodea. Hay cada vez menos tiempo para pensar, desarrollar y construir un proyecto, lamenta, un tiempo que sin embargo se emplea en procesos normativos y burocracia.

Público presente en el ingreso de Mangado
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Público presente en el ingreso de Mangadodn
Público presente en el ingreso de Mangado

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Las escuelas de arquitectura también se han transformado, dijo en su discurso, en simples productores de títulos académicos. En España a finales de los 70 y comienzos de los 80 había 8 escuelas de arquitectura públicas. En 2006, son cerca de 50, la mayor parte privadas “con un profesorado escasamente formado y en buena medida -y perdonen que sea tan claro- más centradas en hacer negocio que en enseñar el oficio de arquitectos”, relató.

Así denuncia que se produce un acercamiento exclusivamente visual a la arquitectura, sin profundidad. “El objeto per se, sólo como expresión de sí mismo, o mejor, como imagen de sí mismo, ha triunfado”, proclamó.

Además, la arquitectura y los arquitectos cada vez los encuentra más ausentes en las decisiones que afectan a la ciudad, un lugar que está ocupado cada vez más por abogados. Más del 80% de los planes urbanísticos españoles están en los tribunales, según citó.

Mangado cargó también contra la adjetivación de la arquitectura y contra la obligacion de instalar gran cantidad de elementos tecnológicos con el objetivo de ahorrar energía, cuando lo que haría un buen arquitecto, opinó, sería orientar bien el edificio en cada contexto, algo que no consta en las normativas.

“Necesitamos más ideas, más cultura, más sensibilidad, más belleza, para controlarlas. Solo así cabe alguna esperanza”, concluyó Mangado. “Los arquitectos debemos reivindicar que somos absolutamente necesarios, quizás más que nunca, y que la sociedad nos necesita”, reclamó. “La arquitectura, repito, no es un lujo. Es un derecho”, concluyó.

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