Baile
Claudia La Debla llevó la fuerza del flamenco a Peralta
La bailaora granadina se subió a un tablao con seis años. Fue en la cueva del Sacromonte ‘Venta el Gallo’. Con 18 años forma parte del Ballet Flamenco de Andalucía. Ha bailado en solitario en la Casa de Cultura de Peralta
Publicado el 25/04/2024 a las 05:00
El duende inundó Peralta. Y se instaló en los corazones, o donde quiera que vibran las emociones, de los 350 asistentes que disfrutaron del baile de Claudia La Debla el pasado sábado 13 de abril. Fue en la Casa de Cultura de esta localidad, con lleno total, donde esta bailaora flamenca, de 18 años, derrochó fuerza, salvajismo, rabia, sentimiento, enjundia, alegría, felicidad, arte… Duende, al fin y al cabo, que envolvió la seguiriya, tientos y soleá por bulerías que interpretó, palos con los que consiguió que el público viajara, durante 80 minutos, a las cuevas granadinas del Sacromonte, donde Claudia Calle García se inició a los seis años.
Lleva en su nombre la denominación de uno de los palos del flamenco, La Debla, desde que así fuera bautizada artísticamente en sus comienzos por Curro Albaicín, el bailaor gitano nacido en una de esas cuevas del Sacromonte donde la danza era la vida misma y la vida, la danza. “Cuando levanta los brazos y la guitarra le llama, su baile color de bronce se hace torrente de lava y su taconeo, martillo en el yunque de la fragua… La Debla es la bailaora que pena y ríe la danza”, ha dicho de esta joven artista (que no joven promesa porque ya disfruta del reconocimiento profesional) el icono y referente en la labor de conservación histórica del flamenco que es Curro Albaicín. “Me siento muy orgullosa de llevar este nombre porque quien me bautizó así es una persona a la que admiro y que ejerce un papel muy importante para la cultura y la historia de Granada”, explica La Debla, unas horas antes de su actuación en Peralta.
Nacida en Barcelona en 2005 un 7 de diciembre, y con un hermano (26 años) y una hermana (21) por delante, Claudia Calle García con pocos meses se trasladó con su familia a la tierra de sus padres, Granada, en concreto, al pueblo de Alhendín. Con cuatro años comenzó su andadura en el baile flamenco en la Asociación Cultural granadina “Los Lunares”. “Yo bailaba como cualquier niña que se apunta a una actividad extraescolar. Pero sí que me gustaba mucho y se me daba muy bien”, recuerda. Es a los seis años cuando sube a un tablao en el Sacromonte, en la famosa cueva “La Venta el Gallo’, del que formó a esa temprana edad parte de su cuadro flamenco. “Para una niña tan pequeña empezar a bailar en un tablao es muy importante. Te da muchas tablas para tu futuro, conoces a artistas, te acostumbras a improvisar, te enriquece mucho artísticamente. Es una verdadera escuela de formación donde cada día aprendes algo nuevo”, añade.
En la que ha sido su primera visita a Navarra, bailó acompañada al cante de Manuel Heredia, de Granada, que le acompaña desde que despuntaba en la ‘Venta el Gallo’, y de Miguel Lavi, de Jerez, además de David Caro, a la guitarra. Tanto la coreografía como el baile y el diseño del vestuario eran responsabilidad de ella misma. Como también es ella quien elige y decide qué piezas va a interpretar. “Ahí, en esa elección, es donde radica el mérito de un bailaor o una bailaora”, apunta.
En su espectáculo la improvisación cobra un protagonismo especial, al margen de que lleve todo pensado previamente en su cabeza y, por supuesto, de que exista un orden establecido. “En un tablao todo es improvisación, aunque siempre hay unos códigos que dependen de los palos. Pero personalmente, cuando actúo, a mí me gusta mucho improvisar con los artistas que llevo. Es entonces, cuando improviso, cuando me siento bailar, cuando me dejo llevar”, comenta.
Bailar es sentir. Y los sentimientos varían, explica, en función de lo que baila. “Lo bueno del flamenco es que hay muchas emociones. Depende de lo que bailes, sientes de manera diferente. No es lo mismo bailar una alegría, una seguiriya o bailar unos tarantos, que provocan emociones más fuertes. Cuando bailo me siento libre al expresar mis emociones, me siento feliz”, afirma. Y si tiene que elegir, se queda con los tangos, palo del que forman parte los tientos. “Porque son de Granada, de donde vengo. Por eso me gusta bailar tangos porque me siento como en casa”, añade. En cualquier caso, para Claudia La Debla, “el flamenco es una vía de escape, para cualquier momento, una expresión de los sentimientos y de ti misma”.
Las cuevas del Sacromonte, las que la vieron crecer, han sido su escuela, y su formación se ha completado con nombres como Manolete, Pastora Galván, Lucía Garrido, Óscar Quero, Farruquito, Belén López… Sus jóvenes 18 años rebosan experiencias, premios y participación en festivales, y ha compartido escenario con diferentes artistas. Ha llevado su baile fuera de España a Francia, Singapur, Miami… Y ha protagonizado, entre otras experiencias audiovisuales, la película de 2021 “Carmen, muerte de un sueño”, de Antonio Donaire, donde recita “Si tu ya no me amas, yo te amo; y si yo te amo, ten cuidado”, en el papel del personaje de Mérimée. Contaba 15 años cuando bailó y actuó en esa película y ya entonces estaba llamada a ser una de las grandes bailaoras del flamenco.
Antes, con ocho años, en 2014 ya había aparecido bailando en el documental “Sacromonte, los sabios de la tribu”, de Chus Gutiérrez, que recupera la memoria del barrio más flamenco del mundo, el Sacromonte, a través de artistas como, precisamente, Curro Albaicín (autor también del guion), y Rafael Amargo, Estrella Morente, Antonio Carmona…
Desde hace unos meses ha cambiado Granada por Sevilla. Porque ha empezado a trabajar en el Ballet Flamenco de Andalucía, una compañía dependiente de la Consejería de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía. De la mano de Patricia Guerrero, su directora artística, estrenará este verano la obra “Pineda”, en el ciclo “Lorca y Granada”, en los Jardines del Generalife en Granada. Ha sido Patricia Guerrero quien ha dicho de ella: “El baile de Claudia está lleno de madurez y juventud, de profundidad y naturalidad. Ella domina la escena. Un talento muy personal que dará mucho que hablar”.
Claudia La Debla tiene tres años por delante de trabajo en esta compañía que compaginará con su propia carrera en solitario. Cuando mira más allá de este tiempo, su objetivo es seguir bailando. “Y que dure mucho”, precisa. “Mi reto a futuro sería formar mi propia compañía. El tiempo dirá cuándo”, añade.
Dejó un buen sabor de boca en una Peralta 'aflamencada', testigo de esos giros infinitos, enteros de cuerpo y cabeza; de las vueltas de una melena en coleta preparada para volar; de unos brazos que terminan en unas manos llenas, repletas de dedos que arañan aire y arte; y de ese hincar las rodillas al suelo, como los martillos que decía Albaicín, para caer de espaldas sin romperse con el vestido desparramado a su alrededor mostrando lo presente que está la zambra gitana en su baile, con el que expresa todo lo que el cuerpo puede decir y más.
Ciclo flamenco en Peralta
Ya son tres las ediciones del ciclo de flamenco que organiza la Casa de Cultura de Peralta. Cada una de ellas cuenta con dos actuaciones en dos fines de semana. En 2022 acudió el grupo Las Migas y el guitarrista flamenco Jesús Carbonell. Un año después, la Casa de Cultura recibió al grupo navarro Zorongo y al cantaor jerezano Ezequiel Benítez. En su última edición, visitó Peralta la cantaora onubense Argentina y Claudia La Debla. Después de la actuación de la artista de Granada, los asistentes disfrutaron en la calle de la actuación del grupo de danza española de Peralta de Edurne Falcón y de un vino rosado DO Navarra.
