El ajuste y la verdad de Guillermo Hermoso marcan las diferencias en la matinal de rejones

La mejor faena del navarro fue la que le cuajó a su primero, en la que paradójicamente no "tocó pelo" por su falta de contundencia con el rejón de muerte

Guillermo Hermoso, durante la corrida
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Guillermo Hermoso, durante la corrida
Guillermo Hermoso, durante la corrida

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Agencia Efe

Publicado el 17/03/2024 a las 17:36

El ajuste y la pureza en los encuentros del joven jinete navarro Guillermo Hermoso de Mendoza marcaron claramente las diferencias en el festejo de rejones de las Fallas de Valencia, celebrado en la mañana de hoy y en el que todos los actuantes cortaron oreja.

Pero, descontando los siempre "baratos" trofeos de los festejos de esta especialidad, lo realmente importante y trascendente de la matinal lo llevó a cabo el dinástico de Estella, que no solo hizo el toreo a caballo más ajustado sino que también clavó los hierros con valor y pureza a sus dos ejemplares.

La mejor faena del navarro fue la que le cuajó a su primero, en la que paradójicamente no "tocó pelo" por su falta de contundencia con el rejón de muerte. Pero antes de eso había desarrollado todo un recital de lidia ecuestre, en especial cuando montó a "Berlín", la figura de su cuadra: un caballo castaño, cruzado con hannoveriano, de gran valor y elasticidad.

Fue ese tercero de la manejable corrida de Bohórquez un toro noble pero sin excesivo celo, solo que encelándolo con la grupo de este caballo a milímetros de los cuernos, Hermoso le hizo embestir más que lo que deseaba para clavarle también banderillas con un soberbio y emocionante ajuste, siempre yendo por derecho a los encuentros.

Después de adornarse con las cortas y un par a dos manos por los adentros, el medio rejonazo con que intentó tumbarlo no hizo el suficiente efecto y, al echar pie a tierra para descabellar, perdió Guillermo Hermoso la opción de pasear más de un trofeo.

En cambio, se lo iba a llevar del sexto, un zambombo que nunca acabó de romper y con el que el hijo de Pablo Hermoso, manteniendo el buen tono, y con un caballo que le rehusó en dos ocasiones, estuvo menos lucido y logró menos emoción en el tendido que con el anterior.

Sus compañeros se igualaron con él en la estadística, que no en los méritos, pues la faena premiada de Sergio Galán al primero, que se reservó un tanto, mantuvo un tono correcto salvo en un final más vibrante en el que el co nquense buscó mayores cercanías. Y, como le sucedió a su compañero, logró lo mejor de su actuación con el que no obtuvo premio, un cuarto toro noble al que cerró el tercio de banderillas a gran nivel.

Mucho menos justificada estuvo la oreja que se le concedió a Lea Vicens, que, una vez más, se alargó en un tercio de banderillas plagado de ventajas y sin apreturas, clavando siempre los arpones muy delanteros. Pero un rejonazo defectuoso y fulminante fue suficiente para desatar la casi siempre amable petición de oreja del público de rejones.

Aún peor fue su labor con el quinto, un buen "murube" con el que no se templó la amazona francesa, que repitió numerosos fallos a la hora de clavar los arpones en embroques muy despegados.

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