Laura Pérez de Larraya, escritora: "Todos hemos sido los monstruos en la historia de alguien"

La autora pamplonesa se introduce en la novela negra, el terror y la fantasía con su última obra, ‘Libélula’, sobre un asesino en serie en Pamplona. La presenta este jueves por la tarde

El reto para Laura Pérez de Larraya ha sido escribir alguien totalmente distinto a ella. Es Olivia Esparza, inspectora de la Policía Nacional
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El reto para Laura Pérez de Larraya ha sido escribir alguien totalmente distinto a ella. Es Olivia Esparza, inspectora de la Policía Nacional
El reto para Laura Pérez de Larraya ha sido escribir alguien totalmente distinto a ella. Es Olivia Esparza, inspectora de la Policía Nacional

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Laura Puy Muguiro

Publicado el 07/03/2024 a las 05:00

Los padres de Laura Pérez de Larraya Ollo le regalaron hace un tiempo el colgante de una libélula después de que ella les contara que había empezado a escribir una historia y que se iba a titular 'Libélula'. “Para que te lo pongas el día de la presentación”, le dijeron. “Daban por muy hecho que el libro iba a salir y que iba a haber presentación”, agradece ella el apoyo que siempre ha recibido de su familia. Este jueves se lo pondrá. Porque la historia salió adelante, encontró editorial que la publicara y librería donde presentarla, Elkar, esta tarde (18.30 horas). En 'Libélula' ha creado a Olivia Esparza, inspectora de Policía Nacional. Con la capacidad de percibir el aura de las personas, deberá dar con el asesino en serie que siembra el terror en Pamplona. Esta novela de Pérez de Larraya (Pamplona, 1986) que se mueve entre el género negro, la fantasía y el terror es la sexta tras dos iniciales negras y la trilogía fantástica 'Crónicas de la Hija del Viento'.

¿Qué le atraen de las libélulas?

Hace tiempo leí que algunos animales ven más colores primarios que nosotros -con solo tres percibimos 256 millones de colores-. Las libélulas, por ejemplo, tienen hasta 30 colores primarios. Que tú no los veas y ellas sí no hace su realidad menos cierta, sí diferente. Como Olivia ve colores que los demás no, me pareció una analogía muy bonita, además del signo de metamorfosis y renacimiento que la libélula es en muchas culturas.

Olivia es capaz de ver el aura del resto y saber si mienten, si están alegres. ¿Le gustaría a usted?

No. Para empezar, porque creo que ya pienso demasiado en el efecto que mis palabras y actos tienen en los demás. Sufro mucho con el “y si habré molestado, y si estaré aburriendo, y si...”, y muchas veces te quitas ese sobrepensamiento de la cabeza diciendo “es tu percepción, seguro que no se ha dado ni cuenta”. Pero si yo percibiera los colores y fuera consciente de que, de alguna manera, esa persona ha reaccionado, me volvería loca.

Su asesino en serie se inspira en los mitos de Cthulhu, un ciclo de relatos de terror de H.P.Lovecraft, que conectó una de sus obras con Pamplona. ¿Por qué ha unido ambas cosas?

Son muchos los autores que han hablado de Pamplona, Hemingway, Shakespeare, Arthur Conan Doyle... Lovecraft fue un hombre muy especial, un alma muy atormentada, muy enfermo desde siempre. Vivía en un pueblecito al norte de EE UU, oscuro, ideal para todas sus historias de terror, que creó múltiples... Nunca salió de allí. Y de repente empezó a escribir relatos ubicados en el Polo Norte, en la Isla de Pascua... y uno en una antigua ciudad del norte de España, Pompaelo, en la que vivía una tribu bárbara llamada los vascones. Cuando lo leí me dije que no podía ser que eso no estuviera más explotado. Porque Lovecraft es hoy uno de los grandes en la fantasía, la ciencia ficción y el terror. Y he querido que se sepa que aquí también queremos a Lovecraft [sonríe].

'Libélula' es novela negra con terror y fantasía y transcurre en Pamplona. ¿No temió que la gente no se creyera la historia?

Sí. En la trilogía no le di nunca un nombre a la ciudad de la protagonista, y es muy viable salir: esto es otro mundo. En Pamplona costaba más, pero tampoco es una fantasía excesiva. Es lo que podríamos llamar fantasía urbana: es en el día a día y, realmente, si hubiera alguien así, no afectaría para nada a tu modo de vida. Probablemente ni te enterarías. También depende mucho de esa parte de la suspensión de la realidad, de que el lector quiera meterse un poco. Eso sí, debe saber que Olivia ve auras, y ahí ya cada uno decide qué quiere creer y qué no.

Las víctimas son personas por las que nadie pregunta, como pasa en la realidad: cuántas sin nombre desaparecen y todo sigue igual...

Ahora no recuerdo si eran 20.000 denuncias por desapariciones al año en España, de las que muchas se resuelven, pero otras, nunca. ¿Qué ha pasado con esa gente? Cuando son niños, se sigue hablando mucho tiempo después porque das por hecho que no se fueron por voluntad propia. Pero, ¿cuántos adultos hay desaparecidos, con el sufrimiento que implica para las familias?, ¿y si no hay una familia?, ¿y si no hay nadie que lo denuncie? “Si no se encuentra la persona, será porque al final se fue...”, y así se nos queda la conciencia tranquila. En la novela son mujeres por algo concreto, pero podrían ser personas sin techo o mayores y jóvenes que están y se sienten muy solas. Personas de las que estoy segura que nadie buscaría hasta varios meses o años después. Hablamos del estado de bienestar, pero ¿hasta qué punto podemos hacerlo si ni siquiera hemos llegado a reconocer la existencia de todos los que formamos parte?

De niña, Olivia tenía terror a ser distinta por ver el aura del resto. ¿Se educa para no sobresalir?

Hay casos en que sí, sobre todo cuando no es algo estipulado. Si eres bueno en matemáticas o jugando al fútbol o al baloncesto, te van a potenciar. Pero con cosas un poco diferentes, niños que dibujan maravillosamente, por ejemplo, no. Hay en Inglaterra un dicho que dice: “El martillo siempre va primero a por el clavo que sobresale”. En el fondo somos animales gregarios y necesitamos vivir en manada, y quien sobresale causa muchas veces que la manada no sobreviva. Hace millones de años era así. Es un poco triste que se haya mantenido, y da igual además por lo que sobresalgas: te van a odiar solo por eso. Incluso la persona que sobresalga por el mejor motivo del mundo va a tener detractores.

Lo plantea Olivia: “Las personas habituadas a escoger el mal son personas malas”. ¿Lo cree así?

Es un asunto difícil. Si la mayoría de veces tomas decisiones que sabes que van a implicar daño a otros, no sé si te llamaría mala persona, pero tampoco buena, o al menos no me gustaría estar cerca de ti. Todos hemos sido los monstruos en la historia de alguien y hemos hecho daño. La cuestión es si aposta o no y si has seguido repitiendo la pauta. Ahí está la diferencia entre malas y buenas personas: lo que decides con lo que sabes. 

'LIBÉLULA'
​Autora: Laura Pérez de Larraya. 
Editorial: Apache Libros. 
Número de páginas: 270.
Precio: 20,50 euros.

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