Manolo García triunfa en el Navarra Arena y apoya a los pequeños agricultores

El cantante catalán repasó sus éxitos en solitario y con El Último de la Fila en un concierto ante cerca de 8.000 personas

Lleno en el concierto de Manolo García en el pabellón Navarra Arena./
Lleno en el concierto de Manolo García en el pabellón Navarra Arena./MIGUEL OSES

Santi Echeverría

Actualizado el 25/02/2024 a las 00:22

Manolo García retornaba a la plaza de Pamplona, que siempre le ha tratado bien, y estrenarse en el Navarra Arena. Comenzó a las 21.12 h. con la gente todavía acomodándose. Las colas habían sido más que notorias para el acceso. Fue un inicio semi tímido. Al centro de escenario, sentado y tocando la guitarra acústica. Se le adivinó a mitad de canción cuando activaron la luz frontal que le iluminó. Era uno de los temas que estrenaba, Los cítricos amantes. Tres están en escena y a media luz. Manolo con una americana grana burdeos, un fular al cuello y camisa azul con lunares. Para el segundo tema Si todo arde el resto de compañeros músicos salieron al escenario, siete acompañantes a saber: Ricardo Marín en las guitarras, Juan Carlos García en los teclados y percusión, Josete Ordóñez en las cuerdas (laúd, etc.), Víctor Iniesta en la guitarra y coros, Olvido Lanza en el violín, nuestro paisano Iñigo Goldaracena en el bajo y Charly Sardá batería. Manolo aprovechó para saludar. “Gracias, Pamplona por acogernos de nuevo en nuestro regreso. Y mucha salud”.

Humilde como siempre, pero bien plantado en el escenario y con buena condición vocal, siguió en el repertorio con nuevas canciones como Dibujar en mi piel, Por respirar, Diez mil veranos y el primer rescate de El Ultimo de la Fila. Ya no danzo al son de los tambores puso en pie a la gente sentada en pista y él aprovechó para bajar del escenario e ir a cantar en la zona de los primeras filas. Olvido le daba con el violín en un toque muy aflamencado el relevo en la voz. Tras un segundo solo instrumental, de guitarra eléctrica, llegó la gran ovación del público que había cantado la canción de principio a fin. Josete Ordóñez comenzó con un hermoso riff de laúd el tema Nunca es tarde mientras Manolo le acompañaba sentado tocando los bongos. A García siempre le ha ido hacer pinitos en la percusión. Siguió la canción repantingado en un sofá individual y terminó el espectáculo tocando de nuevo los bongos de rodillas y en primera fila de escenario.

Al margen de las dos grandes pantallas de vídeo que flanqueban ambos lados del escenario, resultaban muy curiosas y originales lo que parecían las siluetas de dos árboles -libérrimos en sus formas- sobre los que proyectaban imágenes en las supuestas copas...

Justo a continuación dedicó el concierto a los pequeños agricultores y ganaderos. “Ellos hacen la comida, que es lo que necesitamos. Menos “macros” y mas apoyo a los pequeños”... Y así comenzó Azulea que tuvo el acompañamiento de una bailarina en traje de elegante bata de cola y blandeando al viento un bello mantón. Para el siguiente tema Quisiera escapar la bailarina cambió el mantón por un abanico que tenia adherido un sedoso y largo tul blanco que ondeó cual bandera en una elegante coreografía.

Fue después cuando se dirigió al público: “Me van a permitir que hagamos un sentido homenaje a la rumba catalana”. Y así comenzaron -manteniendo las directrices de un gran sonido plagado de excelentes presencias instrumentales y con la voz de Manolo sobrevolando y pilotando ese gran conjunto sonoro- temas como Laberinto de sueños (en las geometrías del rayo) o El amante roto, que sirvió para que comenzaran también las proyecciones en formato circular y con motivos e imágenes del campo y la naturaleza en la gran pantalla que cerraba el escenario. Josete Ordóñez recreaba hermosas armonías en laúd o guitarra acústica. Y así dio paso a las palmas al compás que abrieron Pájaros de barro emocionada, emocionante y cantada por toda la concurrencia entusiasmada. Bajó del escenario para cantar de nuevo entre las filas de la pista y con todo el mundo en pie, estrechando manos...

Manolo volvía a sentirse querido y apoyado por las multitudes, atrás quedó la pandemia. Y la fiesta continuó con Lápiz y tinta también de El Último de la Fila. Fiesta que continuó con A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando, que tuvo un tremendo rush final de las guitarras eléctricas. Y siguió con el himno Insurrección también de El Último de la Fila que fue en la pista un auténtico acabose entre el publico. En el escenario pasaron del formato eléctrico al acústico para que el público volviera a cantar toda la letra de la canción. Con el punto emocional a tope llegó el momento de hacer un descanso de 20 minutos.

La fiesta continuó en un tono más relajado con La llamada interior. De nuevo siluetas de músicos con un fondo rojo. Y sí, el que tocaba la armónica en el centro del escenario era Manolo. La luz frontal le iluminó para delatar su cambio de ropa. Josete, Olvido y Ricardo le hacían los coros en un in crescendo sonoro que comenzó a desperezar a la concurrencia, relajada y cerveceando durante el descanso. Esa intención de desperezar quedó bien patente porque la siguiente canción fue otra de El Último de la Fila A veces se enciende con ese “vamos a querernos mi pequeño amor como tú y yo sabemos” y su rotundo cambio con el riff de guitarra.

Después de exhibir un pañuelo rojo de Sanfermines Manolo se pasó a tocar las pailas latinas mientras se sucedían grandes solos de guitarra, primero Josete Ordóñez con su aflamencada acústica y después Ricardo Marín en la eléctrica....

La velada continuó con el medio tiempo Cabalgar la eternidad. Las proyecciones al fondo con ese círculo lunar rodeado de colores básicos (rojo, morado) y con imágenes de paisajes que arropaban en contexto a las letras. Fue el caso de En una playa tranquila y de otra de El El Último de la Fila como fue Lejos de las leyes de los hombres en la que Manolo volvió a lucir melisma poderoso dando muestras de estar en una muy buena forma vocal.

Se extendian los momentos de recuerdo a El Último de la Fila al interpretar Aviones plateados que hizo volver a la bailarina al escenario y que se llevó con sus lances una tremenda ovación. Ese momento tan aflamencado se extendió Con los hombres azules con hermosísimas y sentidas intervenciones de Josete Ordóñez y Olvido Lanza. El publico cantaba encantado y poniendo sentimiento Mar antiguo de El Último de la Fila. Ya lo difícil era seguir sentado el concierto, todo el mundo disfrutaba puesto en pie. Fueron los momentos de Es mejor sentir, Un giro teatral , que tuvo unos tremendos solos de guitarra, en una letra de despecho que decía "Qué culpa tengo de que seas tan fiera. Un giro teatral ha dado mi vida desde que te conociera. Qué culpa tengo de que seas tan loca". Manolo cortó la canción con mucho sentido del humor para resumirla y que los músicos comenzaran la siguiente Un poco de amor. Canciones nuevas pero con toda la filosofía de Manolo y que en el directo ganaban el valor añadido de todos los músicos interactuando muy activamente moviendo aún mas si cabe al respetable. Manolo anuncia que se acercaba el final y así junto a su conjuntado y talentoso plantel de músicos enfilaron esa recta final con Somos levedad.

Aquello avanzaba emocionalmente a tumba abierta con el respetable feliz y entregado. Y así llegó el momento de Prefiero el trapecio y sus "latas de calamares". Manolo lanzaba de nuevo su discurso contra la explotación y la injusticia del sector primario. "Y a ver si nos movilizamos todos contra esto de qué caro esta todo. Porque al que produce las cosas le pagan una miseria". Manolo clamaba, cantaba -muy pletórico de voz- y enfilaba el final con Carbón y ramas secas, un auténtico resumen de su forma de ver la vida, de su filosofía que fue un delirio para el respetable.

Era el final. Tuvo un discurso de puro agradecimiento y presentó a sus músicos y al pamplonica Iñigo Goldaracena. Empalmó con sus bises populares con un tremendo momento pamplonés/navarro al interpretar El Rey de José Alfredo Jiménez. Y la guinda fue La Bamba. Del escenario se fueron mientras sonaba 'Luz de luna'

Un concierto profundo, intenso, emocionante, de gran sonido y con un Manolo García pletórico.

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