Obituario
Calleja simplemente


Publicado el 10/01/2024 a las 11:19
Carlos y Pachi, su hermano, los Calleja, como los llamábamos los colegas, eran dos gotas de agua que costaba identificar por separado. Ambos eran fotógrafos, periodistas, gemelos, amigos, compañeros de piso…, tan parecidos que juraría que disfrutaban cuando los confundían. Heredaron de su padre Carlos Calleja Sánchez la pasión por la fotografía. Añadieron después su entusiasmo por la información. Los dos estudiaron Periodismo. Los dos comenzaron a trabajar para Diario de Navarra y lo hicieron durante décadas. Ninguno tuvo interés por sacar el carné de conducir. A cubrir noticias, en villavesa. No importaba quién tomara la foto. Carlos o Pachi. Siempre firmaban Calleja. Al unísono. Había un hilo invisible entre ellos que tejía una humildad profesional insólita en tiempos de búsqueda de reconocimiento y redes sociales. Cuántas veces después de realizar un trabajo, un pleno en el Ayuntamiento de Pamplona, un reportaje sobre los problemas del Casco Viejo, o la fabulosa foto de la cogida de Julen Madina en el encierro el 12 de julio de 2004 yo les preguntaba a quién le firmo las fotos. La respuesta siempre fue la misma: “Pon Calleja, simplemente”. En decenas de ocasiones obtuve idéntica contestación: “Pon Calleja”. Pachi y Carlos eran inseparables, amables y confundibles y no siempre sabías si habías hablado con uno o con otro. Huían del más mínimo personalismo que hiciera a uno despuntar sobre el otro. Eran dos en uno. Una fusión. Solo una cesión de Pachi contrariaba esta tesis. Pachi lucía bigote. Como si quisiera en medio de todo dejar claro que cada quien era un poco cada cual.
“Nacieron gemelos y en algún momento debieron decidir que seguir juntos no sería mala opción”, escribí en mayo de 2020 cuando murió Pachi. La vida les hizo compartir camino, profesión y hasta la manera de hacer humor, en privado y en las redes. Los dos eran divertidos, pero de palabras, las justas. También para contar historias y hacernos reír. Pachi, gracioso y breve. Carlos hacía microanécdotas con el humor.
Pachi se fue primero. Al fin y al cabo había llegado antes aunque solo le llevara unos minutos a su hermano. Eran gemelos, tal vez siameses camuflados. Como hermanos que nacen unidos separarlos puede costar al otro irreparables daños. Ese fue el mal que sufrió Carlos. La marcha de su hermano le pesó como una enfermedad. Lo he visto hace unas horas en el tanatorio. Lo he mirado un momento. No me lo creía. Se había dejado bigote. Como Pachi. Idéntico al que lució su hermano. Lo he vuelto a observar. ¿Era Pachi o era Carlos ? He imaginado que me guiñaba un ojo y me decía “Calleja, simplemente”. Y en medio de la pena, enorme, otra vez he sentido que me hacías sonreír. Descansa en paz Carlos.
Jose Murugarren es periodista
