Tribuna
Librería Walden: la luz de los libros en medio del bosque


Publicado el 24/12/2023 a las 13:23
Fue en este periódico. El mismo que me ha manchado las manos con tinta desde niño. Hace diez años, un día antes de ir a la universidad, leí que abría en Pamplona una librería con mesas para sentarse a charlar y tomar café. Mi cabeza tradujo el titular a este otro: “¡Por fin un lugar para la literatura!”. No había demasiados en la ciudad, ninguno así. Se llamaba “Walden”.
Algún amigo me había contado que esa película que tanto nos gustaba, la del club de los poetas muertos, había nacido en la cabaña de Walden de Thoreau. Lo mejor de la peli es una cita transformada de ese autor: “Fui a los bosques porque deseaba vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñarme (...) para no darme cuenta, en el momento de morir, de que no había vivido”.
Entré. Dani Rosino me saludó como saluda él. Con cierta parquedad, con la mirada honda de los gitanos que leen las manos. Rosino es uno de esos libreros que desempeña el oficio como los que aparecen en los libros de Trapiello o en las novelas de Hemingway. Pocas palabras, sólo si se le piden y siempre certeras.
Empecé a ir a Walden, cada vez con menos certezas, sin saber qué libro comprar. Era mejor así. Era mucho mejor preguntarle a Dani. Conforme iba descubriendo libros, iba también descubriendo su sentido del humor, su capacidad narrativa, su manera de recorrer las estanterías como si fueran de veras un bosque.
Me fui de la ciudad. Entonces, lo que había soñado como costumbre, se convirtió en el ritual de los días felices: el verano, la Navidad, los findes largos. Entrar, preguntar, escuchar, seguir a Dani hasta que coloca la yema del dedo en el lomo de un libro, lo coge, pasa la mano por la cubierta y te lo cuenta.
Tenía razón Manuel Iribarren en su diccionario de escritores navarros cuando decía que aquí casi todo eran curas y militares. Un escritor, una librería, ¡hasta un lector radicalmente libre!, eran un milagro. Lo dice la Historia: cuatro guerras civiles en apenas cien años. Y lo dice Baroja, que es más importante: Pamplona estaba inundada de “cleromilitarina”.Walden insufló una bocanada de aire fresco a la ciudad y se convirtió en la cabaña de tantos. También de curas y militares. Walden es la cabaña de todos. Walden -joder, que Dani me perdone por esta metáfora- es nuestro Osasuna, el césped donde nos gusta empatar. Por allí van pasando escritores, editores y lectores, que son quienes hacen más habitables las ciudades.
Dani Rosino sólo ha hecho mal un par de cosas: encender la calefacción y haber quitado las mantas que vendían allí sus padres antes de que naciera la librería. Sin calefacción y con mantas, acurrucados en algún lugar de la cabaña, veríamos todavía más claro el porqué de ese lugar: los libros abrigan una vida.
Dani, también Vicky Lizarraga, es el confesor urgente dentro de las murallas. Me suele gustar ponerme en una esquina, disimulando. Entonces escucho cómo acuden a él los lectores desesperados. “Busco un libro para mi padre, que es alto, flaco, fuma, le gusta la Historia y tiene ochenta años”. “Busco un libro para mi hermana, que es joven, violinista y le gustan las cosas del mundo interior”. Entonces, como en la parábola, se mueven los brazos largos de Dani, que es un pescador de lectores.
A él nunca se lo he dicho. Cuando fundó la librería, empecé a leer Walden. Está muy bien lo de los bosques y la vida, pero no logré pasar de la mitad. Quizá no fuera para mí. O quizá llegara a esas páginas demasiado pronto. Dani nunca me lo recomendó. Una vez más, acertó.
Han pasado diez años. Entre todos hemos ido poniendo palos en el suelo, las paredes y el techo de la cabaña. Larga vida a Walden. Vivamos así, como cantaban esos poetas muertos que estaban tan vivos: Vivamos así, como cantaban esos poetas muertos que estaban tan vivos: vivamos deliberadamente. Leyendo.
+ Daniel Ramírez García-Mina es escritor y periodista en el diario El Español