Pablo López, bajo la estela de un colibrí

El artista agradeció en el último concierto de la gira Unikornio al público del Navarra Arena su pasión por la música: “Estamos en la misma onda”

Fotos del concierto de Pablo López en el Navarra Arena. /
Fotos del concierto de Pablo López en el Navarra Arena. /Miguel Osés

Santi Echeverría

Publicado el 12/11/2023 a las 00:30

Entre 4.000 y 5.000 personas se dieron cita en el Navarra Arena para esta nueva visita de Pablo López en 2023, que se llama ‘Unikornio’. En el fondo del escenario, una gran silueta de un colibrí lo personalizaba, apareciendo y desapareciendo en el centro de una estructura de tubos leds formando cuadrados, pero rellenados con otras formas geométricas.

Eran las 22:10 y Pablo lanzó el concierto, primero de pie y en el centro del escenario, para sentarse al poco tiempo al piano. Acompañado por otros cinco músicos, comenzó con ‘El abrazo más grande de todos los tiempos’. El público -los de pista llenando poco más de la mitad y sin apreturas- coreaba cada una de las letras. Así, Pablo, vestido todo en negro y sus músicos, por contraste, todo de blanco, continuó con ‘La niña de la linterna’ y ‘El camino’. Fue el momento en el que aprovechó para dar las gracias a Pamplona, a cada una de las personas presentes, en un concierto especial por ser el último de la gira... “gracias por amar la música como yo, porque estamos en la misma onda”.

Fue el momento de lanzarse a uno de sus grandes temas, como es ‘El patio’, con esos enormes impulsos que habitualmente exhibe en sus directos, de pura energía, arqueándose sobre el piano y pidiendo que el público le siga. Con una rasmia similar a la del mismísimo Elton John, que para eso es nuestro piano man nacional: “Y solo quiero que te vayas, solo quiero que se acabe. Solo quiero que me dejes solo”. Es la mística del mensaje de este autor que canta con especial desgarro al desamor.

Llegó el momento del tema ‘Quasi’, y las dos instrumentistas de viento cambiaron el metal para percutir en sendos timbales, subiendo la intensidad emocional y el sentido de espectáculo del show. En ‘Vi’, los músicos se agruparon en el centro del escenario -el bajista, el guitarrista y la trombonista-, mientras la trompetista subía a la plataforma del batería para continuar con el mismo nivel de energía que sus compañeros, mientras Pablo se dejaba el alma en los teclados de su piano.

JUEGO DE COLORES

El ambiente del escenario iba mutando tema a tema en colores uniformes y básicos, jugando con los amarillos, naranjas, azules, malvas, lilas... En ‘Te espero aquí’ dejó que el público cantara más que nunca: “Y tengo que decirte que nunca pierdo el sueño por cualquiera, que se quedó en mi pecho lo que hiciste, que no debí bajar esa escalera. Solo quiero volver a verte”. Era el Pablo López en estado puro, apelando a la épica de los sentimientos, al desgarro...

El concierto vivió un momento curiosísimo porque su amigo y cantante Antonio Orozco llamó a su teléfono. Evidentemente Pablo no llevaba encima su móvil. Pero una persona de su equipo se lo pasó y aprovechó para que Antonio pudiera saludar y hasta cantar al público de Pamplona -Pablo puso su micrófono en el altavoz del móvil-. Fue un entrañable gesto de amistad que Pablo agradeció. Y fue el preámbulo de otro de sus grandes éxitos ‘Hijos del verbo amar’.

Aprovechaba el malagueño para tener entre temas momentos de apertura de su corazón hacia el publico “que este loco siempre tiene muy claro cual tiene que ser el mensaje”. Siempre desgarro de sentimiento en un pop mainstream intergeneracional. Después despachó otro de sus grandes éxitos ‘El gato’, signo de un concierto en el que no quería escatimar ninguno de esos temas que le han dado tanta fama.

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