Veinticuatro jóvenes limpian la frontera fortificada en Isaba

Los voluntarios han adecentado ocho búnkeres construidos en el franquismo

Búnker para ametralladora situado a cincuenta metros de la carretera que conecta Isaba con el puerto de Belagua
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Búnker para ametralladora situado a cincuenta metros de la carretera que conecta Isaba con el puerto de Belagua
Búnker para ametralladora situado a cincuenta metros de la carretera que conecta Isaba con el puerto de Belagua

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Javier Estévez

Publicado el 29/08/2023 a las 06:00

Limpiar en verano: un plan aterrador para cualquier adolescente; un maravilloso entretenimiento para los veinticuatro jóvenes que han participado en la recuperación, limpieza y documentación de ocho búnkeres construidos durante las décadas de 1940 y 1950 junto a la carretera que conecta Isaba con el puerto de Belagua. Procedentes de once comunidades y una ciudad autónoma -Ceuta-, desde el miércoles 16 de agosto trabajan con azadas, picos y hachas, entre otras herramientas, para retirar los restos que han engullido durante años a estas estructuras defensivas. El grupo, que finaliza mañana su voluntariado, compartió este lunes los resultados de su experiencia en un acto previsto en una de las zonas de trabajo, pero celebrado finalmente en el frontón de la localidad debido a la lluvia.

Motivados por comprender la historia de la zona, disfrutar de la naturaleza y conocer más personas de su edad, los jóvenes emprendieron una aventura que les ha llevado a enfundarse el mono de trabajo con el cometido de adecentar cinco búnkeres para ametralladora y tres para fusil ametrallador. También han allanado sus respectivos caminos de acceso. Con edades comprendidas entre los 15 y los 17 años, se han servido de material de obra y de sus propias manos para retirar la maleza acumulada en el interior y alrededores de estas construcciones de hormigón. A las 9 h comenzaba una jornada que concluía cinco horas después, dejando la tarde disponible para realizar actividades de ocio y tiempo libre.

“Hemos limpiado las estructuras más cercanas a la carretera, que son las más fáciles de visitar. Aunque hay constancia de otras edificaciones en la zona, el calor ha hecho inviable acceder a ellas con los materiales de trabajo”, explica Nicolás Zuazúa, arqueólogo y monitor del campo de voluntariado. El trabajo no es en vano: a pesar de las abundantes lluvias en la zona durante gran parte del año, “los búnkeres se suelen mantener en buenas condiciones”, asegura Zuazúa. Las estructuras cuentan con desagüe, facilitando así su conservación, aunque las salidas de agua se ven en ocasiones bloqueadas por la acumulación de sedimentos.

El objetivo a futuro, comentan los voluntarios, es crear una actividad de turismo histórico al estilo de las que Francia, Austria o Alemania proponen para conocer el horror del Holocausto. Las estructuras sobre las que los jóvenes han actuado conformarán dos nuevas rutas de Fronteras de Hormigón, programa dependiente del proyecto Espacios de Memoria que sugiere ya ocho recorridos para conocer edificaciones de defensa distribuidas a lo largo del Pirineo navarro. También se colocarán paneles informativos en Isaba para evitar que el ostracismo se cebe de nuevo con los búnkeres.

MIL BÚNKERES EN NAVARRA

Construidos al comienzo de la dictadura franquista, los más de mil búnkeres agazapados en los Pirineos navarros recibieron revisiones periódicas hasta la década de 1980, a pesar de que nunca fueron utilizados. Cada centro de resistencia, nombre que reciben las agrupaciones de entre treinta y cuarenta estructuras de hormigón, costó en torno a 20 millones de pesetas de la época. Aunque es difícil relacionar con exactitud el valor que el dinero tenía hace setenta años con el que tiene hoy porque intervienen muchos y muy variados factores, el Instituto Nacional de Estadística (INE) apunta que 20 millones de pesetas en 1954 -primer año registrado por el INE- equivalen a 8 millones de euros en la actualidad.

A pesar de la desorbitada inversión, la muerte de Franco se llevó consigo la preocupación del dictador por una hipotética invasión del territorio español, y las edificaciones de hormigón fueron abandonadas a su suerte. Los búnkeres libraron en soledad una batalla contra los azares de la naturaleza hasta 2017, año en el que nació ‘La frontera fortificada’, iniciativa impulsada por el Gobierno de Navarra para conservar el entramado de estructuras que recorren el norte de la comunidad foral. Desde entonces, grupos de voluntarios cuidan en verano las construcciones.

Este año, medio centenar de jóvenes han trabajado en el puerto de Otsondo (del 1 al 15 de agosto) e Isaba (del 16 al 30 de agosto). El coste de ambos voluntariados ha sido de 120 euros por persona, además del desplazamiento a la Comunidad foral para los voluntarios provenientes de otros territorios.

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