Astronomia

Historias en el cielo: una expedición a Puente la Reina para ver perseidas

Las perseidas vuelven a caer un año más, una fecha que atrae la atención tanto de expertos como de aficionados. El Planetario de Pamplona organizó una expedición a Puente la Reina para acudir a esta cita y contar a decenas de personas las historias de las estrellas

La iglesia y el crucero de la localidad acogieron a decenas de personas para poder contemplar las Perseidas
La iglesia y el crucero de la localidad acogieron a decenas de personas para poder contemplar las PerseidasMONTXO A.G.

Asier Aldea Esnaola

Publicado el 14/08/2023 a las 06:00

El cielo es un cuento que alberga miles de historias, como amantes japoneses, osos o héroes mitológicos de la talla de Hércules. Desde que el ser humano recorre este planeta lo ha hecho bajo un cielo que, de vez en cuando, atrae su atención. Tumbarse y contemplar las estrellas parece un ritual tan antiguo como eterno. “Todo el mundo que ha mirado al cielo ha contado su historia”, señala un trabajador del Planetario de Pamplona. Cada cultura ha ido escribiendo una nueva página en este cuento, engordándolo con algunos de los personajes de su folclore. El ojo humano tarda alrededor de quince minutos en acostumbrarse a la oscuridad y poder leer estos fragmentos brillantes de la mano de las narraciones de los voluntarios del Planetario de Pamplona, como así ocurrió la noche del 12 al 13 en Puente la Reina.

Cada año el Planetario de Pamplona acompañado por la Red Astronavarra Sarea emprende una expedición lejos de la contaminación lumínica de las ciudades y acude a un lugar idóneo para contemplar las perseidas. En esta ocasión, el centro de observaciones ha recaído en Puente la Reina. “Puente la Reina siempre se ha mostrado muy sensibilizado con la iluminación y la contaminación lumínica. De hecho, cuenta con un programa en el centro del pueblo que trata de mitigar la emisión de luz al exterior. Nos parecía que merecía la pena aprovechar ese esfuerzo que lleva haciendo el Ayuntamiento estos años para organizar aquí esta sesión de las perseidas”, explica Iñaki Ordoñez-Etxeberria, astrofísico del planetario. 

Alrededor de cien personas se embarcaron en dos autobuses que salieron de la capital navarra a las 20.00 horas. Desde ahí partieron hacia dicha localidad, no sin antes el aviso de unos posibles “mosquitos como tigres” durante la velada. El Ayuntamiento de Puente la Reina puso a disposición de los amantes de las estrellas el campo de fútbol para celebrar su cita. Los telescopios ya apuntaban al cielo para apreciar otros objetos celestes.

"Para ver las perseidas no necesitas telescopio, pero vamos a aprovechar este momento en el que nos juntamos para disfrutar del cielo nocturno y observar otro tipo de objetos, como nebulosas, cúmulos de estrellas, alguna galaxia o Saturno. Es una buena excusa para disfrutar del firmamento y no solo de las perseidas”, dijo Ordoñez-Etxeberria. Como apuntaba el astrofísico, “la primera perseida estará cayendo ya, pero no la vemos porque hay luz”, todavía faltaban unos minutos para que se dejaran ver.

“Para desmentir un poco los mitos, las estrellas fugaces en general pueden aparecer en cualquier parte del cielo, es decir, lo fundamental es tumbarse en el suelo y tener una perspectiva amplia”, aclaró Juan José Iturregui, ingeniero y astrónomo aficionado de la Red Astronavarra Sarea. Según los expertos, en la noche del 12 llueven la mayor cantidad de perseidas, también las más intensas. La oscuridad descubrió el brillo de pequeños puntos blanquecinos y revelaba la historia de las estrellas y galaxias, explicadas por los diferentes miembros del planetario, con punteros láseres como apoyo, esparcidos entre el bullicio de gente tumbada en el césped artificial. Ellos descifraban aquel lenguaje visual, el origen de los nombres, dónde encontrarlos y lo compartían con los demás.

En menos de lo que se tarda en revisar la hora del móvil, las perseidas salían desde la constelación de Perseo, de donde proviene su nombre, y atravesaban la noche. El público despedía a cada una de las apariciones estelares con aplausos, en una jornada donde no hubo una cascada de perseidas, sino que todo el paisaje fue el protagonista

HISTORIAS EN LA TIERRA

Un campo de cabezas buscaba con la mirada alguna estrella fugaz que cazar y capturar en la memoria. Los meteoros corrían por el cielo y los niños en la tierra, presos de la emoción. Frente a aquellas distancias vertiginosas, también había historias que merecían ser observadas a escasos metros.

Iker Zazon, de 11 años, echaba un ojo al cielo a través de su telescopio. “Me lo compraron por mi cumpleaños y ha llegado el día de utilizarlo. A veces, para este tipo de ocasiones, lo saco para ver algo”, contaba. Iker estaba aprendiendo en el colegio acerca de este tema y sus padres decidieron regalárselo, aunque el resto de hermanos también lo disfrutaban y se acercaban para ver . No conocían mucho de constelaciones, pero deseaban ver el máximo número de estrellas posibles y “estar a gusto”

Su padre Javier sonreía con la escena familiar. “La idea fue un poco de toda la familia porque para ellos es algo que no han visto nunca. Quisimos aprovechar que podían explicarnos bastante sobre este tema; una excursión diferente”, aseguró Zazon padre mientras volvía a sonreír.

"MIRAD ARRIBA"

Antes de que empezara el espectáculo, Elena Miguel Queirós preguntaba a los voluntarios por los telescopios porque su marido, Lenín José Cayes Castro, quería acercarse durante la sesión y contemplar el cielo a través de ellos. “Le encanta la astronomía, a mí también, pero a él le fascina”. La pareja vive en Pamplona y, cuando se conocieron, constataron su pasión común por las estrellas. “Somos autodidactas. Vamos al Planetario de Pamplona, investigamos y vemos documentales. Hace años que queríamos ver las perseidas y hasta hoy no nos había surgido la oportunidad”, contó Queirós. El Lucero del Alba es una de sus vistas favoritas.

Cayes es de Honduras y en su país apenas puede disfrutar del Lucero y estrellas como las perseidas. “En Honduras casi no se pueden mirar, casi solo a las tres o cuatro de la madrugada”. Desde los diez años parte de su atención la ha posado en el cielo, pero, en esta noche, no traía deseos, solo “disfrutar todas las que se puedan ver”. Cayes se encontraba casi en el centro del campo, con la cabeza dirigida al cielo. Su silla de ruedas impulsaba su figura por encima de la mayoría de los presentes. Tiene parálisis cerebral, que afecta a su sistema motor. “Mirad arriba”, dijo Cayes a su familia, con la cabeza de Queirós apoyada en la silla. Cuando cayeron las perseidas, ambos miraron hacia arriba, el uno pegado al otro, abrigados por el manto de la noche y las estrellas.

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