Navarros Globales 

Iosu Martín: el pamplonés que lleva doce meses aprendiendo a bailar en Nueva York

Después de cinco años viajando por el mundo, acaba de descubrir lo feliz que le hace bailar, que empezó de cero hace casi doce meses

Iosu Martín Izcue, de 26 años, sonriente bajo el puente de Manhattan.
AmpliarAmpliar
Iosu Martín Izcue, de 26 años, sonriente bajo el puente de Manhattan.
Iosu Martín Izcue, de 26 años, sonriente bajo el puente de Manhattan.

CerrarCerrar

Laura Puy Muguiro

Publicado el 07/08/2023 a las 06:00

La conversación con el pamplonés Iosu Martín Izcue podría haberse producido durante su estancia en California. O en Bélgica. O en Bulgaria. O también en Francia, Gambia, Grecia, Islandia, Italia, Malta, Mauritania, Marruecos, Portugal, Senegal, Suiza, Reino Unido, Sáhara, México, Brasil... lugares en los que ha residido en los últimos cinco años, si bien la mayoría pocas semanas porque, reconoce, no aguanta más de tres meses en el mismo sitio

Así que, aunque puede parecer excepcional que lleve casi un año en Nueva York y que en su mente esté cuajando la idea de quedarse otro, al escucharle contar por qué, todo encaja. Y en el motivo late con fuerza que lo que está haciendo allí le ha descubierto otro Iosu.

Para saber de qué se trata hay que retroceder cinco años, al último de carrera, Trabajo social. Él y un amigo se plantearon pasar en África las Navidades. “Y ya en África, por qué no viajar a California”, recuerda de aquel inicio, en el que, para mantenerse, trabajó en el campo. “En mi cabeza empezó entonces esa idea de ser viajero y aventurero y de trabajar donde estuviera para poder seguir viajando”. Esto le llevó a encadenar destinos, entre los que Islandia rompió la regla no escrita de los tres meses. “Fui para dos semanas, pero me encantó tanto que me quedé cinco meses”. Ayudó que le pagaban “muy bien por limpiar habitaciones en pequeños hotelitos rurales”, que compaginó con recoger ovejas en el monte, “corriendo, walkie-talkie en mano”. “Para mí, era el trabajo perfecto: cobrar por correr por el monte, con esas vistas idílicas y conectándome con algo muy instintivo, como de cazador, de estar buscando algo”. Dar a esta labor el calificativo de perfecto tiene su importancia porque ha probado unas cuántas, incluyendo las que no son asalariadas -“me gusta no trabajar solo por dinero, sino por el producto o por tener una habitación. O trabajar sin pedir nada a cambio. Dar porque sí me parece muy poderoso”-: ha sido temporero, pastelero, camarero, profesor de patinaje y manualidades, payaso, magic show en cumpleaños...

Y también profesor de esquí alpino y de fondo, en la Semana blanca de la temporada pasada en Isaba. Allí surgió la chispa por la que hoy está en EE UU, y no por la nieve, sino por los bailes que “desde el disfrute” organizaban con los niños por la tarde. “Esos momentos me encantaron y me di cuenta de que era muy feliz, que podía estar horas y horas bailando dentro de aquella habitación. ‘Tengo que aprender a bailar’, me dije, y empecé a buscar”. No le salió la opción más cercana, en Pamplona, porque con “un nivel de baile de bar y de chufla”, ríe, no superó la prueba de acceso a la escuela a la que se presentó. 

Pero no se frustró, y amplió la búsqueda a cualquier parte del mundo. Cuando comprobó que en Nueva York, en una escuela de Brodway, era admitido sin prueba de acceso, su espíritu aventurero, por el que deja que la vida le sorprenda, le guió hasta allí, para tres meses.

En ese tiempo conoció “todos los estilos del mundo”, hip hop, contemporáneo, ballet, teatro, popping, vogue, salsa, tap, jazz funk... Pero como había empezado de cero, los tres meses solo le dieron para aprender un poco de base. “No me podía ir así y decidí ampliar la estancia nueve meses más”. Reflexiona en este punto sobre “esas voces interiores” que pueden empujar a una persona a pensar que le costarán tanto los proyectos que tiene en mente que no merece la pena iniciarlos. No se trata de su caso: es positivo y echado para adelante y piensa que las cosas se pueden conseguir, “pero que hay que buscarlas”. Como él con extender su aprendizaje más meses.

Hoy es consciente de que le gustaba bailar desde pequeño, pero que hasta ahora no ha podido expresarse como quería, “por el qué dirán”. Pronuncia las palabras de un profesor: todo va más allá de los pasos. “Las inseguridades”, sigue Iosu, “son el mayor miedo para ser feliz. Mi objetivo no es tanto ser bailarín para una cantante, que me encantaría, sino el proceso que estoy viviendo con el baile”. Porque bailar, añade, le quita hasta el hambre. Porque llega cansado a una clase de ballet y al terminar ya no lo está. La danza le ha descubierto otro Iosu. “Me ha cambiado la vida”, confiesa, y cuenta que con el ballet y el contemporáneo se siente más él. “Son de Iosu para adentro. Los bailo para mí”.

Mantiene que tiene que seguir aprendiendo porque el baile “requiere muchos recursos, flexibilidad, musicalidad, ritmo, saber de perfomance, técnica..., ser muy completo”. Y por eso, tras un par de meses de vacaciones, ya tiene el billete de vuelta a Nueva York. Para el 11 de septiembre.

DNI

​Nombre y dos apellidos: Iosu Martín Izcue.

Lugar y fecha de nacimiento: 9 de enero de 1997, Pamplona.

Madre y padre: María Luisa y Emilio José.

Hermana: Amaia.

Lugares de estudio: guardería Santa Catalina, Jaso Ikastola, Iturrama Instituto, Trabajo social en la UPNA y Brodway Dance Center de Nueva York.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora