La eterna sonrisa de una gran persona


Publicado el 07/08/2023 a las 06:00
Me despierta este domingo la noticia del fallecimiento de Enrique Los Arcos, Kike, el último miembro del mítico grupo pamplonés Los Iruñako, el acordeonista del grupo. Me despierta este domingo la noticia del fallecimiento de un ser admirable y admirado por mí de quien me jacto y me hincho como un pavo al poder decir que teníamos una pequeña y entrañable amistad.
Kike, nacido el 2 de febrero de 1934 en Pamplona, nos ha regalado noventa años de sonrisa sempiterna, de su paso por este mundo, una minucia si tenemos en cuenta la inmortalidad de un ser como Kike, tanto a nivel personal como artístico. Decía el tenor roncalés Julián Gayarre que las personas morimos cuando nadie habla ya de nosotros y Kike es parte de la historia de Pamplona, de la que se hablará siempre, como miembro de aquellos Iruñako que se codearon con artistas de fama mundial, como The Platters o las españolas Lucero Tena o Marisol, entre tantos otros.
Un grupo que recorrió numerosos países como Estados Unidos, México o Canadá, donde hicieron una actuación en una de las televisiones de aquel país, de veinticinco minutos de duración en la que, fieles a la difusión de nuestra música navarra, tras interpretar una serie de canciones de música ligera, como se decía entonces, cerraron su actuación con el himno de la peña El Bullicio Pamplonés. Una actuación que aún me sigue emocionando sobremanera cada vez que la veo.
Pero Kike, en la música pamplonesa, es más, mucho más. Nos deja un legado de fama mundial, una melodía que todo el mundo conoce y canta. Nada más y nada menos que la música del celebérrimo cántico que cada mañana los corredores del encierro entonan para encomendarse al santo.
Polémicas aparte, que ya quedaron suficientemente aclaradas en su día, Kike, es el autor de la música del cántico A San Fermín pedimos, mientras que la letra fue escrita por su compañero Joaquín Zabalza, que fue quien contó esta historia ya que, la timidez y la sencillez de Kike nunca permitiría jactarse de tal cosa.
También la hostelería pamplonesa gozó de la figura de Kike, ya que, al disolverse el grupo, el acordeonista abrió un bar que fue referente en la ciudad. El bar Las Vegas situado en la calle Estafeta. Recuerdo en mi niñez y mi juventud entrar en aquel local y quedarme pasmado mirando las muchas fotos que colgaban de sus paredes donde se podía ver a un grupo de músicos, entonces desconocidos para mí, en poses imposibles.
El amor que sentía por su ciudad y sus fiestas lo llevó a ser miembro de una de sus peñas: Los de Bronce, de la que llegó a ser directivo y en la que ejerció como músico. En el año 2014, Los de Bronce reconocieron la trayectoria del grupo otorgándoles las primeras Alpargatas de Honor que la peña concedía.
Kike, el de la eterna sonrisa, el Iruña’ko que se parapetaba tras su acordeón como si se tratase del burladero donde se pone a salvo el torero, el que llenaba de armonías y melodías las voces de sus compañeros, el que bailaba las coreografías con el hándicap de tener un acordeón de unos quince kilos colgada de los hombros, sin dejar de sonreír, el que justificaba la composición de la famosa melodía que cada mañana entonan los mozos antes del encierro con un “yo me basé en lo que oía por la calle”, restándose importancia, nos ha dejado hoy. Se ha ido, fiel a su personalidad, de puntillas, sin molestar, callandico…
Quizás los miles de turistas que nos visitan cada año en las fiestas de San Fermín no entiendan el significado de lo que se canta antes del encierro. Ni muchos pamploneses sepan quién lo compuso y nunca faltan quienes se arrogan falsos méritos al respecto de esta tradición. Pero Pamplona debe saber que Kike Los Arcos y Joaquín Zabalza fueron autores del A San Fermín pedimos…, igual que reconocemos la música del maestro Turrillas y que sabemos que el Riau-Riau es de Astráin o que la jota del ‘momentico’ es de Madurga.
Este domingo, a las 10:05 de la mañana me ha despertado la noticia del fallecimiento de un gran artista. Este domingo a las 10.05 de la mañana, ha partido una persona excepcional. Un amigo.
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