Gregory Peck, el gentleman que cambió las tablas por Hollywood

TCM conmemora los 20 años de la muerte del actor de 'Vacaciones en Roma' o 'Matar a un ruiseñor' con un documental

Gregory Peck, 'Matar a un ruiseñor'
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Gregory Peck, 'Matar a un ruiseñor'
Gregory Peck, 'Matar a un ruiseñor'

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Agencia Colpisa

Publicado el 11/06/2023 a las 16:56

Decía Gregory Peck que llegar a lo más alto en el mundo de la interpretación es relativamente fácil. "Es solo cuestión de suerte, lo difícil es mantenerse", apuntaba el actor. 

Las más de cincuenta películas en las que participó a lo largo de sus 87 años de existencia confirman que aquel caballero elegante, de mirada seductora, sonrisa triste y 1,90 de altura, lo logró. 

Este lunes, 12 de junio, se cumple el vigésimo aniversario de su fallecimiento y la cadena de cine clásico TCM lo recuerda con 'Gregory Peck, el gran actor', un documental dirigido por Grégory Maitre, con abundante material de archivo, reflexiones del actor y testimonios de familiares y compañeros de profesión, que repasa la trayectoria vital y artística de este gentleman que no solo se convirtió en un actor deslumbrante, sino que supo aprovechar su popularidad para luchar contra el racismo o el antisemitismo y en favor de la libertad de expresión -fue uno de los actores que firmó contra la caza de brujas de los años cincuenta-.

Nacido en 1916, en La Jolla, un distrito de la ciudad de San Diego, Gregory Peck no tuvo una infancia fácil. Hijo de un farmacéutico de ascendencia armenio-irlandesa y una mujer de ascendencia escocesa, su divorcio cuando apenas tenía cinco años le llevó a vivir con su abuela y a ingresar en una academia militar. 

Su padre estaba empeñado en que hiciera la carrera de medicina y acabó ingresando en la Universidad de Berkeley. Fue allí cuando sintió por vez primera el gusanillo de la interpretación. 

Reclutado por el director del grupo de teatro, en su último año acabó participando en cinco obras, entre ellas 'Moby Dick', en la que dio vida a Starbuck. La novela de Herman Melville le acompañaría durante toda su trayectoria artística pues en 1956 encarnó al capitán Ahab en la versión cinematográfica de John Huston y en 1998 dio vida al padre Mapple en el que sería el último papel de su vida.

Con 23 años tomó un tren a Nueva York, decidido a probar suerte en Broadway. Pero los inicios no fueron fáciles. Vivió en sus propias carnes la gran depresión y a punto estuvo de tener que combatir en la II Guerra Mundial, algo que sorteó gracias a una lesión de espalda. 

Y hacía de todo: desde locutar para la radio hasta servir de modelo a fotógrafos. Las cosas empezaron a encarrilarse cuando consiguió su primer papel como suplente para la gira de 'El dilema del doctor'. 

En ese ambiente conocería a su primera esposa Greta Kukkonen, con quien tuvo tres hijos -el mayor de ellos se suicidaría con treinta años-. Después llegaría su primer gran éxito con 'The Willow and I', en 1942.

Pero ser actor de cine no estaba en sus planes. "No me llamaba la atención, yo quería interpretar a los clásicos, pero era difícil ganarse la vida así", dice quien finalmente quedó gratamente sorprendido al ponerse delante de las cámaras: "Me gustaba la técnica y lo disfrutaba mucho". Su primer éxito fue 'Las llaves del reino' (John M. Stahl, 1944) , donde daba vida a un joven sacerdote que viaja a China para fundar una parroquia católica, papel por el que recibiría la primera de las cinco nominaciones al Oscar. "Le faltaba formación, pero le salvó la pasión", desvela su biógrafo Michael Senna.

Aquel éxito le abrió las puertas de Hollywood. Luego llegarían sus trabajos con Alfred Hitchcock, con el que colaboró en 'Recuerda' (1945), junto a Ingrid Bergman, con la que al parecer vivió un romance, y 'El proceso Paradine' (1947). De aquella época son también títulos como 'El despertar' (Clarence Brown, 1946), que le dio el Globo de Oro a mejor actor, 'La barrera invisible' (Elia Kazan, 1947), donde daba vida a un reportero que finge ser judío para cubrir una historia sobre antisemitismo, o 'Almas en la hoguera' (Henry King, 1949). Por todas ellas fue nominado al Oscar.

Experiencias vitales Decía que en un lugar como Hollywood era "fácil aislarse". "Metido en un plató todo el día, te quedas sin ideas, y a la hora de abordar un papel lo más importante es aportar tu propia experiencia vital, por eso es tan importante viajar y conocer gente de distintos estatus". Por eso decidió mudarse a Europa. En aquella época rodó 'Vacaciones en Roma' (1953), una comedia romántica en la que cambiaba de registro. 

A su insistencia se debe que el nombre de quien entonces era una principiante, Audrey Hepburn, tuviera la misma presencia que el de él en el cartel. No iba desencaminado: Hepburn se acabó llevando el Oscar por aquel papel.

Peck, en cambio, tuvo que esperar una década más para conseguir la ansiada estatuilla. La recibió por uno de los papeles de su vida, el de Atticus Finch, el abogado que debe defender a un hombre negro acusado de una violación durante la Gran Depresión en 'Matar a un ruiseñor' (1962). Para entonces, Peck ya llevaba siete años casado con Veronique Passani, una periodista francesa con la que tuvo otros dos hijos y estaría hasta el fin de sus días.

Sin embargo, a partir del galardón, su carrera comenzó a resentirse. Siguió deslumbrando en películas como 'La profecía' (Richard Donner, 1976) o 'Los niños del Brasil' (Franklin J. Schaffner, 1978), donde encarnaba al atroz doctor Mengel, pero tenía que lidiar con los temidos años en blanco. "Su técnica era simple, pero llenaba la pantalla", recuerda Mike Newell, que lo dirigió en 'La voz del silencio' en 1987.

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