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Investigación

Un libro rinde homenaje a los miles de navarros que emigraron al salvaje Oeste

La publicación del Gobierno de Navarra reúne más de 150 imágenes y un registro con 13.000 pastores emigrados a California, Nevada, Idaho o Arizona

Ampliar Jesús Goñi, de Oronoz-Mugairi, pasó por Arizona, Idaho y Nevada
Jesús Goñi, de Oronoz-Mugairi, pasó por Arizona, Idaho y Nevadagobierno de navarra
Actualizado el 20/12/2022 a las 10:26
Buffalo, Wyoming, el menos poblado de los Estados Unidos pero uno de los más extensos. El pastor pasó allí los tres años y medio que estipulaba su contrato. Vivía en el sheep wagon, un carromato con chimenea, y cuando se cayó a la cuenca de un riachuelo y se rompió varias costillas tuvo que resignarse y esperar a que se soldaran solas. Aprendió pocas palabras en inglés; para hablar con su entorno Javier Lacunza Lizarraga (Lizarragabengoa, 1942) se arreglaba bien en euskera. No era el único pastor del norte de Navarra en aquellos territorios extraños. Ignacio Marmaun (Orondritz, 1939), por ejemplo, también cruzó el Atlántico. Llegó con un cartelito con su nombre y destino colgando del pecho. A él le tocó Bakersfield, California. El primer año allí mató con un palo diecisiete serpientes de cascabel.
El Gobierno de Navarra quiere rendir homenaje a todos estos emigrantes, según explicó ayer la consejera de Relaciones Instituciones Ana Ollo, y por eso ha publicado 'La huella navarra en el Far West', un libro en castellano y euskera, con un apendice en inglés, que incluye más de 150 imágenes de los llamados “pastores vascos en América” y un anexo con más de 1.300 registros de estos emigrantes.
El libro tiene su origen en un trabajo académico del grupo de investigación Laia Ikerketa Taldea sobre la emigración navarra a Estados Unidos a partir de la segunda mitad del siglo XX que sigue activo. “Vimos que había un contenido muy rico y tenía material gráfico y videográfico abundante que por sí hablaba de una línea narrativa que nos parecía interesante desarrollar”, explica Pello Pellejero, director del Servicio de Cooperación Interregional y Ciudadanía Exterior del Gobierno. “Así se nos ocurrió hacer una especie de álbum de recuerdos colectivo”, señala.
Presentación del libro en Pamplona
Presentación del libro en Pamplonajosé carlos cordovilla
Los navarros han emigrado a América prácticamente desde que los europeos empezaron a colonizarla en el siglo XVI. Documentada, esta emigración consta desde la segunda mitad del XIX, cuando dieron el salto 68.000 navarros que llegarían a más de 100.000 en las seis primeras décadas del XX. Los motivos eran económicos.“Después de la guerra Navarra era una región muy agrícola, sin apenas industrializacion, y esto era una salida, también las familias eran muy grandes”, explica Mikel Aranburu, de Laia Ikerketa Taldea. La mayoría salieron de los mismos valles, fundamentalmente de Aezkoa, Baztán-Malerreka, Erro, Cinco Villas y Arce. De hecho algunos de estos valles navarros padecieron después el fenómeno de la despoblación. Y, en el otro lado, las preferidas para ir eran California (San Francisco, Bakersfield, Chino, Fresno o San Joaquín), Nevada (Reno), Carson City (Gardnerville, Winnemucca o Elko), Idaho, Arizona (Casa Grande) o Wyoming (Rock Springs).
En un principio acudían a la fiebre del oro, como Domingo Etcharren, que en 1904 descubrió junto al minero irlandés Jack Keane una gran veta en Death Valley. Pronto descubrieron que no había tanto como pensaban, y los 'basques' -como se conocía tanto a vascos como a navarros- fueron como pastores. En 1921 una ley redujo la inmigración, pero tras la Segunda Guerra Mundial California creció mucho y subió también la demanda de productos derivados del sector ovino.
Las fotos muestran a hombres que a veces tienen txapela y a veces sombrero de cowboy; lo mismo tienen entre las manos un acordeón que un rifle. Aparecen a caballo, cortándose el pelo ante la mirada de las ovejas, en cadillacs o autocaravanas, con cuernos de animales tan largos como una persona, mucho tabaco y postes telegráficos de fondo.
Lo peor no eran los osos, las serpientes o los coyotes; lo más duro era la soledad. “Tenían que pasar un mínimo de tres años en absoluta soledad”, cuenta Mikel Aranburu. En algunos casos no lo soportaban. Eso sí, estaban bien pagados y la mayoría se volvía después.
Con la colaboración de la asociación Euskal Artzainak Ameriketan, Elutseder, e Iratiko Brotuak, el libro recoge historias como la de Angelines Cantero, de Eugui, una de las pocas camperas, que se encargaba de suministrar víveres a los pastores; los hermanos Campos -Tony, Steve y Joseph- de Orondritz, hoy propietarios de Campos Brothers Farms, referente mundial de la producción de almendras, o Pedro Miqueo Azpiroz, de Beruete, que empezó de jardinero y acabó en el negocio inmobiliario y recientemente en el de las criptomonedas.
Se incluyen anecdotarios como cuando Pedro Ochoa (Otsagabia, 1931) cuenta que escuchó en la radio la muerte de Martin Luther King. “Los negros montaron manifestaciones e hicieron chandrios”, atestigua. O Jesús Goñi Tellechea (Oronoz-Mugairi, 1947), que llegó a intercambiar la técnica bertsolari con la de la copla tradicional en la reserva de indios de Arizona.

LA HUELLA NAVARRA EN EL FAR WEST

Edita: Gobierno de Navarra

Fotos y colaboraciones: Laia ikerketa taldea, Euskal Artzainak Ameriketan, Elutseder elkartea 

Diseño: Ken

Páginas: 232 

Precio: 20 euros, en la tienda de Publicaciones del Gobierno de Navarra

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