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Historia

Las lecciones de la Mano de Irulegi

El alumnado de 6º de los colegios de Mutilva, San Pedro, Irulegi y Luis Amigó, fue el primero en ver expuesta la mano de Irulegi. El hallazgo arqueológico, catalogado como el documento en lengua vascónica más antiguo, “volvió a su origen”

Ampliar Participantes en las visitas a la exposición de la Mano de Irulegi este viernes en la casa de cultura del valle de Aranguren en Mutilva
Participantes en las visitas a la exposición de la Mano de Irulegi este viernes en la casa de cultura del valle de Aranguren en MutilvaJ. C. Cordovilla
  • C. A. M.
Actualizado el 17/12/2022 a las 11:50
Los 2.100 años de la conocida como Mano de Irulegi se antojan una cifra difícil de entender. Pensar en cómo era la sociedad en la que surgió y se elaboró para adornar una puerta de entrada a una vivienda en un poblado en lo alto de un monte. Suponer “su tecnología”, sus amuletos, su lengua y sus abecedarios no es tarea fácil con la mentalidad y los ojos de este siglo XXI convulso y tecnificado. Imaginar al artesano que la fabricó en unos pocos gramos de cobre, estaño y plomo y que logró inscribir 40 letras tampoco. Así lo reflejaron los primeros observadores no profesionales de la pieza hallada en las excavaciones arqueológicas del poblado de la Edad de Hierro en la cima del monte Irulegi, en el valle de Aranguren. Alumnos de sexto de primaria de los colegios del municipio, los públicos San Pedro e Irulegi y el concertado Luis Amigó, abrieron una jornada que por la tarde se convirtió en masiva. Con público de todas las edades y de diferentes puntos de la geografía foral, aunque inicialmente se había pensado para personas residentes y censadas en Aranguren. Todos observaron la pieza que todavía se conserva y analiza en los laboratorios del servicio de restauración de Príncipe de Viana. El día 29 se volverá a mostrar en Pamplona, en el Planetario, en una jornada organizada por el departamento de Cultura.
Sorioneku, la primera de esas palabras grabadas con la técnica del punteado, es la única que se ha conseguido descifrar por ahora. Por su semejanza con la actual “zorioneko” en euskera y su signario adaptando del ibérico se ha tomado como el texto en lengua vascónica más antiguo de los encontrados por el momento. Datada en el siglo I a. de C. la conocían bien los escolares. Así se lo mostraron a Mattin Aiestaran, director de la excavación de Irulegi y autor de una tesis sobre el poblado enclavado en la cima de la peña de Lakidain que les recibió en la casa de cultura de Aranguren. “¿Sabéis de qué os voy a hablar?”, preguntó para romper el hielo a los primeros grupos, del colegio San Pedro, que fueron con su tutora, Marisa Bidegain. “¡Sí, de la mano!, replicaron al unísono los escolares de once años. “¿Sabéis por qué es importante?”, añadió. “Por los años que tiene. Porque está escrito”, respondieron algunos. Casi todos supieron repetir lo que ponía en la primera línea: “Sorioneku”. Después Aiestaran añadió algunas de las lecciones que ha dejado esa mano, ya casi un símbolo por su valor arqueológico. “El signario que se empleó es un alfabeto paleohispánico. De una familia de los primeros escritos de la Península Ibérica. Resulta difícil de descifrar, aunque nuestros filólogos coinciden en que la primera palabra es sorioneku. Por eso se sabe que es lengua vascónica. No es exactamente euskera, que es el idioma actual, pero sí es un antecesor. Es como si nos encontráramos con una persona de hace 2.100 años y habláramos con él como ahora, en castellano. Él hablaría en latín y nos entenderíamos pero sólo un poco. En latín se han encontrado miles de textos pero en vascónico, de momento, sólo éste. Por eso es difícil de entender y de descifrar”, explicó el arqueólogo, de 31 años y vecino de Irurita.
"TRABAJO PENDIENTE"
Contó también Mattin Aiestaran el significado y el lugar donde se localizó. Y empezaron las preguntas. En el primer grupo, inquirieron sobre el valor que podía tener. “Incalculable”. Sintieron curiosidad por lo hallado en Irulegi, la excavación en la que Aranzadi trabaja desde hace quince años por encargo de Aranguren. Les aclaró que el castillo medieval era posterior al poblado que ahora excavan y del que salió la mano. “¿Cuánto tiempo costó sacarla”, se atrevió a preguntar un alumno. “Fueron varios días, con pinceles, palillos pequeños y otros utensilios”, añadió el técnico. “¿Cuánto os llevará descifrar todo el texto?”, preguntó otro. “Puede ser que no lleguemos a descifrarlo del todo. Escritas en Ibérico hay unas 2.500 piezas. Algunos textos, otros solo palabras. Muchos están sin descifrar todavía”, matizó.
Después llegó el turno de Javier. Lector voraz, no demasiado “cuidadoso” para ser arqueólogo, pero apasionado de la historia y de sus incógnitas. Muchas descubiertas en un libro que su abuela le dejó y que había sido de su primo. Hijo de ingenieros, supo del hallazgo por una tarea escolar con un periódico. Y trajo la lección aprendida. Sabía que en un principio se pensó que era un aplique de casco “como los de Asterix y Obélix”. Y como tantos, se le antojó difícil pensar en cómo se pudo construir “con la tecnología de hace 2.100 años”. “Realmente su tecnología era avanzada. Hemos encontrado un buril que poco se diferencia de los actuales. Había herramientas para trabajar metales y artesanos hábiles y aunque nos los imaginamos atrasados por la imagen que tenemos de los vascones, eran avanzados. Tanto como los pueblos de alrededor que conquistaron los romanos”. Las lecciones de Irulegi.
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