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Música

El novedoso dúo de txistu Harribitxi presenta su primer disco en Pamplona

En Condestable (19.30 horas), la formación del burladés Aitor Urquiza y el bilbaíno Iker Álvarez ofrece en 'Deiadar' diez composiciones musicales de nueva creación, basadas en las claves de la música tradicional, en las que, además del txistu, tocan a la vez diversos instrumentos, algunos de otras culturas 

Ampliar Aitor Urquiza (izquierda) e Iker Álvarez, interpretando este miércoles 'Deiadar', la primera obra de su primer trabajo, al que también da título. Además del txistu tocan ttxu-ttxun, pandereta de pie, tambor, plato, cajon y shruti box indio
Aitor Urquiza (izquierda) e Iker Álvarez, interpretando este miércoles 'Deiadar', la primera obra de su primer trabajo, al que también da título. Además del txistu tocan el ttxu-ttxun, la pandereta de pie, el tambor, el plato, el cajón y el shruti box indioJESÚS CASO
Actualizado el 14/12/2022 a las 21:16
Aitor Urquiza Cirauqui e Iker Álvarez González no dejan de hablar de colores. Son músicos, txistularis, y han encontrado que esa palabra puede conectar el sentir de sus melodías con el del público. “La sonoridad no es visual y el color sí, y el símil con lo visual es una manera de hacer entender y de expresar un sentimiento con algo que otra persona pueda sentir”, apunta Urquiza. Porque es lo que pretenden con su novedosa y reciente formación, Harribitxi, y su primer disco de estudio, 'Deiadar', que presentan este miércoles (19.30 horas) en el auditorio del Palacio Condestable de Pamplona: sacan el máximo potencial al formato dúo de txistularis y, como hombres orquesta, utilizan brazos y piernas para combinar simultáneamente el txistu y silbote con instrumentos tan diversos como tambores, salterio, tamboriles, panderetas, caxixi, cajón, platillos, shruti box indio, glockenspiel, bongos, guitarra, mandolina y otros, proponiendo con las diez obras de 'Deiadar' composiciones originales con sabor tradicional, en una versión renovada y contemporánea de la música tradicional, e influencias de instrumentos y géneros de otras culturas (música celta, tango, vals, choro brasileño, piezas para danza…). Y es que en la música instrumental de 'Deiadar' no hay letra pero se dibujan muchos paisajes sonoros e ideas y conceptos relacionados con las raíces geográficas de Urquiza y de Álvarez, historias de sus pueblos y experiencias personales.
Aitor Urquiza Cirauqui e Iker Álvarez González interpretan una de las obrasLaura Puy Muguiro
Aitor Urquiza (Burlada, 1987) e Iker Álvarez (Bilbao, 1988) se conocen del Conservatorio Superior de Música de Navarra. El primero es profesor de txistu en el Conservatorio Profesional Pablo Sarasate y en la escuela municipal de música Lino Otano de Mutilva además de director del Alarde de Txistularis de Pamplona y miembro de varios grupos, como Suakai, ensemble Garaikideak, Oberena dantxa taldea o la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona. Álvarez, por su parte, además de ser guitarrista, ejerce como profesor de txistu en Secundaria y en diversas escuelas de música de Vizcaya que compagina con proyectos musicales.
Fue el año pasado cuando Álvarez propuso a Urquiza juntarse “y hacer algo diferente”, dar un paso más allá de la formación tradicional de txistu 1ª, txistu 2ª, silbote y atabal con obras primero de otros autores y del repertorio tradicional y con sus creaciones después, con aquellas con las que se sintieran identificados y con las que pudieran desarrollar la idea de estos timbres distintos que utilizan. Una formación inusual, en definitiva, dando una vuelta al formato dúo de txistularis e impulsarlo.
“Era un formato”, sostiene Urquiza, “que se veía antiguamente en las plazas, ahora ya no tanto, y nos parecía que era una oportunidad bonita retomarla para poder lograr otros colores dentro de la música tradicional”. De ahí que se pusieran a pensar en elementos que les ayudaran a vestir y arropar este formato y que sonara “como si tocaran más personas”, describe Álvarez sobre esa imagen que han querido transmitir de hombres orquesta. “Hay que intentar mover las cosas: la tradición está viva si se introducen elementos nuevos”.
Y es que una de las reivindicaciones de Harribitxi es que es un dúo de música contemporánea “porque se está creando ahora mismo”, apunta Urquiza, para quien la introducción de elementos de diferentes culturas “siempre ha pasado aquí”: “Estamos en el Camino de Santiago y somos una mezcla de culturas que han venido”. Y no se refiere con esto solo a la tradición. “Muchos géneros casi hacemos nuestros: sabaneras, polcas, fandangos… Ese jumelage de melodías errantes se ha quedado en nuestro repertorio, haciéndolo propio, siempre con un criterio”, añade. “Se trata”, indica a su vez Álvarez, “de estar en movimiento, de estar vivos, para no convertirnos en un museo andante. No hemos inventado nada, lo llevamos haciendo siempre, pero sí que hemos tratado de utilizar colores y recursos que no habíamos visto o no conocíamos junto con el txistu”.
Han buscado originalidad. “El concepto de guardar lo nuestro y no cambiarlo es bastante novedoso dentro del tiempo”, señala Urquiza. “Las culturas iban viniendo y los juglares recogían las melodías y las llevaban de pueblo en pueblo, y no solo tocaban el txistu, sino también otros instrumentos”. Es decir, el concepto de ir cambiando, de ir modificando, de ir buscando cosas nuevas, “se ha estancado últimamente, y lo mismo el repertorio”. “Nosotros queremos volver a esa idea inicial”.
Todo en este dúo está creado con mimo. Desde el nombre elegido, Harribitxi, piedra preciosa, que lleva al concepto de artesanía, la que quieren plasmar en sus conciertos y en 'Deiadar', con sus composiciones y con las personas que se han unido para dar forma al proyecto, como Inge Conde y José Lastra. Ella, compositora igual que ellos, ha creado las diez ilustraciones (una por cada obra) de las tarjetas que acompañan al CD, grabado en Tio Pete Estudio con el técnico José Lastra. “Ha sido muy fácil trabajar con Inge porque hemos podido utilizar un lenguaje técnico para describir el contenido de nuestras obras y las historias que hay detrás de cada una de ellas, no solamente los conceptos filosóficos o poéticos. Ha captado muy bien nuestras ideas y ha sido capaz de plasmar de manera gráfica aquellas cosas que nosotros solo podemos decir a través de la música o de la palabra”, reconocen Urquiza y Álvarez.
Respecto de la grabación, el propio Lastra ha explicado que "es lo más próximo a la realidad, sin demasiados artificios ni elementos de postproducción, para que la interpretación sea lo fundamental, sin perderse en un exceso de edición". "La tecnología ha avanzado tanto que hay demasiada tendencia a maquillar en exceso las cosas", reflexiona el técnico de sonido. Y" en proyectos como este, con cierto carácter tradicional o de música folclórica de diferentes latitudes, surge algo interesante”.
También hay mimo en la elección de 'Deiadar', llamamiento en euskera, como nombre del disco, igual que la primera de sus obras: un llamamiento como hacían en los montes bocineros de Vizcaya cuando tocaban cuernos o hacían hogueras para comunicarse entre cinco montes y reunir a las Juntas en Gernika. "Qué mejor que llamar a la gente a que conozcan Harribitxi", sonríe Urquiza.
“Como disco", añade el dúo, "Deiadar' no dejar de ser una experiencia basada en esa artesanía: no solo es escuchar la música, sino tener un producto que puedas tocar, oler, ver…", comentan de la tirada de 300 discos que van dentro de una cajita junto a las diez ilustraciones. 
Ambos han tenido además unas palabras para los estudiantes de música que estén acabando sus carreras en el Conservatorio. “El camino ‘natural’ que nos marcan es el de trabajar o de profesor o en una orquesta, trabajar bajo el amparo de alguien. Y este es un claro ejemplo de que hay que crear nuevos proyectos”, ha apuntado Urquiza sobre la idea que les inculcó el que fuera su profesor de txistu y gestión cultural, Raúl Medinabeitia.
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