La escritora Florencia del Campo disecciona la maternidad en los libros

Un conjunto de novelas y poemarios ha servido a la autora argentina afincada en Madrid para analizar los vínculos entre ellas en un ciclo de IPES

La novelista y poeta argentina afincada en Madrid Florencia del Campo, hace unos días en Pamplona.
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La novelista y poeta argentina afincada en Madrid Florencia del Campo, hace unos días en Pamplona.
La novelista y poeta argentina afincada en Madrid Florencia del Campo, hace unos días en Pamplona.

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 10/11/2022 a las 11:14

Una charla de la novelista y poeta Florencia del Campo sobre la maternidad y la literatura invita a cerrar los ojos y escucharle leer párrafos y párrafos, de novelas y poemarios que ha diseccionado y analizado hasta el extremo. Porque muestra así desde qué punto de vista se han escrito; qué elementos sobresalen; cómo unos se vinculan con otros, y cómo terminan consiguiendo que las obras también, con finos hilos que recorren este mapa literario en el que trabaja hace muchos años, como autora -ha tratado la maternidad en 'Madre mía' y en 'Las hijas ajenas'- y cuando reflexiona en la literatura y piensa y lee la literatura. Esa charla de la autora argentina afincada en Madrid fue hace unos días en Pamplona, organizada por IPES en su ciclo 'Pasa la palabra, hermana'.

Para la disección literaria en 'Pasar el cuerpo por la palabra' tuvo en cuenta cinco elementos ‘físicos’ (el grito y el llanto; el cuerpo enfermo, herido, que pare o que muere; el parecido físico, la fusión; la sexualidad y la pareja, y la escritura), y abordó cada uno desde dos grupos de obras: las escritas unas desde el punto de vista de la hija y otras, desde la experiencia de ser madre. En total, una veintena de títulos, un conjunto “bastante reducido”, señaló, porque le interesaba acotarlo.

Habló del grito y del llanto por ser “muy recurrentes”. En estas obras escritas por hijas, 'El corazón del daño', de la argentina María Negroni; 'Apegos feroces', de la estadounidense Vivian Gornick; 'Tú no eres como otras madres', de la escritora alemana Angelika Schrobsdorff, y 'La mujer helada', de la recién ganadora del Nobel, Annie Ernaux, donde además se refiere de forma consciente a ‘madre’ en lugar de ‘mamá’, una diferenciación semántica que Del Campo ha detectado en otras obras (los cuentos de Almudena Grandes 'La buena hija' y Luisa Castro 'Mi madre en la ventana' en el recopilatorio de cuentos 'Madres e hijas' de Laura Freixas). Para las obras escritas desde el punto de vista de la madre, 'Partida de nacimiento', de la argentina Virginia Cosin; 'El nudo materno', de la estadounidense Jane Lazarre; 'La temperatura exacta del miedo', de la colombiana Fadir Delgado Acosta, y 'Madre soltera', de la argentina Marina Yuszczuk, donde se detuvo en la palabra: locura. “Las mujeres”, señaló Del Campo, “hemos escuchado de sobra el insulto ‘estás loca’, y se ha vinculado con ‘estás gritando como una loca’, ‘gritas como una loca’. Gritar y la locura, leído con un prisma de género, nos lleva a plantearnos qué pasa en esta sociedad con esa vinculación: la mujer, el grito y la locura”.

LA VULNERABILIDAD DEL CUERPO

En el análisis sobre el cuerpo enfermo, herido, que pare o muere, existe un corpus de libros escritos desde la perspectiva de la hija que forman un subgénero al narrar la enfermedad y/o la muerte de la madre. Cuatro son de autoría francesa: 'Llamadas de mamá', de Carole Fives; 'Una muerte muy dulce', de Simone de Beauvoir; 'Nada se opone a la noche', de Delphine de Vigan, y 'Una mujer', de Ernaux. Además, las obras argentinas 'Las estrellas' de Paula Vázquez y 'El corazón del daño' de Negroni y 'Tú no eres como otras madres', de Schrobsdorff. Las cuestiones planteadas por la literatura escrita desde la maternidad son en cambio más la lactancia, el parto o la cesárea, como en 'El nudo materno', 'Madre soltera', 'La temperatura exacta del miedo', el poema 'El aborto' del libro 'Los muertos y los vivos', de la estadounidense Sharon Olds, y 'La mujer helada', de Ernaux, que además plantea cómo “la exposición del cuerpo en esas circunstancias médicas de vulnerabilidad parece que no importa”.

Ante el cuerpo, el parecido físico y la fusión, “una gran constante en esta literatura”, dijo fascinarle que se detecte en los dos grupos: hijas escribiendo cómo su madre encuentra en ellas algún parecido o cómo les mira el cuerpo y madres, sobre el parecido de su descendencia con ellas. “Madre e hija pueden funcionar como espejo, que lleva a subtemas como los celos de la madre al reconocer que su hija crece”. Entre las obras escritas por hijas, 'Apegos feroces' y 'Una mujer'. Entre las escritas desde la maternidad, 'El nudo materno', 'Madre soltera' y 'Los muertos y los vivos'.

Del Campo quiso hablar de la sexualidad de la pareja porque encontró en los dos grupos de obras diferentes formas de abordarlo. En el grupo uno, halló varias novelas en las que la vida sexual y/o la vida de pareja de la hija está atravesada por la figura de la madre, por la presencia de la madre, por la sombra de la madre... “la madre sobrevolando”. Y en los libros de la maternidad “es interesante el vínculo amoroso y casi sexual entre la madre y el hijo cuando acaba de nacer”. “Hay todo un vínculo muy físico que siempre es un poco un tabú, pero que yo celebro que sea una literatura que pone el tema sobre la mesa”. De aquí se refirió a 'El amante', de Marguerite Duras, y a un poema de 'Madres solteras'.

En el quinto elemento, la escritura, planteó que en los libros que escriben a la madre hay muchos autobiográficos o de autoficción “y, por lo tanto, con una dimensión muy metaliteraria: la narradora coincide con la autora, de modo que la narradora es la escritora. Aparece todo un corpus de novelas donde escriben a la madre y a su vez escriben sobre que escriben a la madre: son libros que hablan de que están escribiendo a la madre”. De esto son ejemplos 'Una mujer', 'El amante', 'El corazón del daño' y 'Nada se opone a la noche'.

Respecto a cómo escribir siendo madre, la pregunta aparece sobre todo en 'La mujer helada' y 'El nudo materno'. “Si bien cuentan su experiencia de la maternidad, también se hacen la pregunta de cómo van a escribir ahora que son madres”, señaló Del Campo, para quien esto deriva en el tema de “las escritoras que son madres y cómo se pueden combinar esas dos pasiones, tareas, amores, vínculos...”, concluyó.

El llanto
‘El corazón del daño’, de María Negroni: "Mi madre lloró 40 días y 40 noches. Desde que la conozco, sé que llora. Creía que de mayor sería otro tipo de mujer, que no lloraría y que resolvería sus problemas del llanto. Nunca me contó qué le pasaba, solo decía ‘estoy cansada’. ¿Era posible que siempre estuviera cansada? De pequeña pensaba ‘¿es que no sabe que no es feliz?”.

El parto
‘El nudo materno’, de Jane Lazarre: “Por fin el doctor me dijo que apretara hacia abajo y empujara con fuerza y yo empecé a gritar presa de un dolor monstruoso e inimaginable”.

La fusión
‘Apegos feroces’, de Vivian Gornick: “Un día, por la misma época, Nettie y yo estábamos probándonos unos vestidos viejos que había rescatado del fondo del armario. Me puse un jersey ceñido y las dos nos dimos cuenta a la vez de lo femenino que se había vuelto mi cuerpo [...]. ‘Vaya’, exclamó [Nettie], ‘estás espectacular. Como lleves esto por la calle, a tu madre le da algo’. Yo también me reí, pero por debajo de la risa algo se activó. Es cierto, pensé, odiaría verme vestida así, lo consideraría una traición”.

La sexualidad
‘Madre soltera’, de Marina Yuszczuk: “Este año mi vida sexual es estar en la cama con mi bebé y eso me trae problemas. Después de parir estuve abierta, no como una herida [...]. Después, el sexo se posa en el pecho, el pecho se abre y en el pecho desnudo se abre con la leche una flor nueva. Es lo más suave que toqué, es sexo, y es lo más suave que toqué”.

La escritura
‘Una mujer’, de Annie Ernaux: “Me parece que ahora escribo sobre mi madre para a mi vez traerla al mundo. Intento describir y explicar como si se tratara de otra madre y de una hija que no fuera yo”.

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