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Concurso

Paloma O'Shea: "Podemos pensar que no hay músicos como los grandes de antaño, pero no es así"

El certamen pianístico que fundó cumple 50 años y llega a su vigésima edición consolidado como uno de los grandes

Ampliar Paloma O'Shea, marquesa de O'Shea, pianista, filántropa y mecenas española, presidenta de la Escuela Superior de Música Reina Sofí­a, en una foto tomada en su despacho
Paloma O'Shea, marquesa de O'Shea, pianista, filántropa y mecenas española, presidenta de la Escuela Superior de Música Reina Sofí­a, en una foto tomada en su despachoAlberto Ferreras
Publicado el 23/07/2022 a las 12:42
Medio siglo. El Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O'Shea iniciará el lunes las pruebas de su XX edición y cumple 50 años. Lo hace con el reconocimiento unánime de ser uno de los grandes certámenes de este instrumento. Y de haber contribuido a promocionar la imagen de Santander y por extensión de España en el mundo de la música clásica. El sueño de su creadora, Paloma O'Shea, es una realidad consolidada. 
- El Concurso cumple 50 años. ¿Cree que ha cumplido los objetivos que tenía en el momento de su creación.
- Queríamos que el Concurso sirviera de trampolín para los jóvenes pianistas en el momento de dar los primeros pasos profesionales y que promoviera la cultura musical y, en concreto, la pianística, ya que el Concurso además de una competición es un gran festival del piano. Al mismo tiempo, queríamos contribuir a situar a Santander, y por extensión a España, en el mapa internacional de la música. Queda mucho trabajo por hacer, pero podemos decir que, 50 años después, la situación ha mejorado mucho en los tres aspectos.
- Hoy existen muchos más concursos internacionales, tantos que se duda de su capacidad para promocionar a los ganadores. ¿Cree que hay saturación de concursos pianísticos? 
- Hay más concursos que antes, pero no creo que haya saturación. Siguen siendo útiles a la hora de abrirse camino en el mundo de la música, pero tampoco son una varita mágica con resultados garantizados. Un concurso importante te da oportunidades, te abre determinadas puertas, pero luego eres tú quien tiene que entrar y ganarte un sitio. - ¿Qué diferencia a este concurso en cuanto a su filosofía, carácter de la competición, tipo de pianista que es más apreciado...? 
- Cada uno tiene sus señas de identidad. Yo diría que el de Santander se distingue por lo siguiente: dar a las pruebas toda la dignidad organizativa de un concierto, tratar a los concursantes como los artistas que ya son y ofrecer unos premios que, además de su dotación económica, llevan aparejada una importante gira de conciertos, que es lo que de verdad necesitan. Además, los concursantes valoran mucho la oportunidad de tocar con nuestros colaboradores artísticos, el Cuarteto Casals, la Orquesta de Radio Televisión Española y el maestro Pablo González. 
- La música de cámara tiene mucho peso.
- Siempre hemos dado una gran importancia a la música de cámara y este año hemos añadido un premio nuevo, el de Mejor Intérprete de Música de Cámara. Los miembros del Casals tendrán voz en la asignación de este premio e invitarán al ganador a tocar con ellos en alguno de los conciertos que dan por el mundo. Finalmente, hacemos un gran esfuerzo para tener el mejor jurado posible. Este año, como el anterior, contamos con Joaquín Achúcarro como presidente del jurado en Santander, que es garantía de que todo irá bien, y con Márta Gulyás para dirigir la tarea, ingente e importantísima, de la preselección.
- ¿Existe un perfil de ganador del Concurso definido a lo largo de sus distintas ediciones? - Cada uno tiene su personalidad propia, pero todos ellos ven el piano de una manera muy musical. Son pianistas con un sonido cuidado y una visión personal de la expresión. Desde luego, los dos últimos ganadores, el ucraniano Dmytro Choni y el sevillano Juan Pérez Floristán, son así.
- ¿Cómo han cambiado en estos años la preparación y la forma de tocar de los concursantes? 
- Cada vez hay más jóvenes de gran nivel. Y no solo en el piano, sino en todos los instrumentos. En las audiciones de entrada a las orquestas, cada vez es más difícil sobresalir entre docenas de participantes que tocan maravillosamente. La nostalgia nos puede llevar a pensar que ya no hay músicos como los grandes de antaño, pero no es así. Las nuevas generaciones ven la música de otra manera, como es lógico, pero a mí me encanta escucharles. Justo antes del Concurso, el Encuentro de Música y Academia de Santander ha demostrado lo maravillosa que es la música de los jóvenes, sobre todo cuando comparten el escenario con sus maestros.
- Los concursantes de origen asiático suelen ser mayoría en muchas ediciones. ¿Se nota eso en la manera de concursar, incluso en las obras que eligen? 
- Cada vez menos. Con las facilidades que hay hoy para viajar, los grandes centros de enseñanza musical son verdaderos crisoles de lenguas y nacionalidades. Las escuelas siguen existiendo pero ya no responden a países o regiones, sino a personas y la procedencia geográfica cuenta muy poco. Los concursantes que llegan a Santander desde todos los rincones del mundo son músicos individuales, representantes de sí mismos, más que de sus países de origen.
COMPETIR CONTRA UNO MISMO
- En cuanto a la dotación del premio, antes la grabación de un disco era muy importante. Hoy seguramente lo es menos. ¿Han pensado en algunos cambios en ese sentido? 
- Para un joven músico sigue siendo muy importante la realización de una grabación en condiciones profesionales, con garantía sonora y musical, que es lo que ofrece el Concurso de Santander al ganador de su Primer Premio. Es su tarjeta de presentación ante los agentes y programadores. Que esa grabación se imprima en un CD material o se distribuya por medios digitales es una cuestión secundaria.
- ¿Cuántos conciertos tienen negociados ya para el ganador como parte del premio? 
- No le quiero concretar porque en estos momentos previos al Concurso se cierran muchos compromisos, pero le puedo decir que serán numerosos y destacados.
- ¿Cómo es el ambiente entre los concursantes durante su estancia en Santander: hay camaradería, competitividad extrema, suelen conocerse...? 
- Hay, sobre todo, mucho trabajo. Se pasan el día sentados al piano estudiando, porque las pruebas son muy exigentes y el repertorio muy amplio. Piense que un finalista habrá tenido que tocar en pocos días dos recitales completos, una obra importante de música de cámara y un gran concierto con orquesta, además de los dos recitales que han tenido que tocar durante la preselección. En Santander hacen amistades, pero no hay competitividad en el sentido negativo que usted dice. Más que con los demás, creo que cada concursante compite consigo mismo. Su esfuerzo consiste en dar lo mejor que lleva dentro.
- ¿Qué ha aportado el Concurso al panorama musical español en este medio siglo? 
- El Concurso Internacional de Piano de Santander, junto con las iniciativas que surgieron a su estela, como la Fundación Albéniz, la Escuela Superior de Música Reina Sofía y el Encuentro de Música y Academia de Santander, han puesto su granito de arena en la gran tarea colectiva de modernización y progreso que ha experimentado en este tiempo la vida musical española. La España musical es otra hoy día y estoy muy orgullosa de haber podido contribuir en alguna medida a ese cambio.
- ¿Y a la ciudad de Santander? 
- Cantabria, y concretamente la ciudad de Santander, tiene uno de los veranos más ricos de Europa en cuanto a oferta cultural. En música, además del Concurso y del Encuentro, está el FIS, que en las últimas ediciones se ha puesto al nivel de los más importantes festivales europeos. Tenemos también la UIMP, que es un lujo, las actividades de la Universidad de Cantabria, el Ateneo, el Museo de Altamira y, desde hace unos años, el Centro Botín. Sería muy bueno tratar de extender esta riqueza cultural a los demás meses del año.

Un doble triunfador y un fatal accidente

Las cifras son ilustrativas: 2.245 jóvenes pianistas de 76 nacionalidades se han inscrito en las 20 ediciones del Concurso, cuya periodicidad ha ido variando. Los participantes -hay unos cuantos que han estado en más de una edición- deben superar dos pruebas previas que dan como resultado una selección de 20 nombres, que son quienes acuden a Santander. La primera fase consiste en un recital y sirve para elegir a doce. En la semifinal hay otro recital y un concierto de cámara. De ahí salen los seis finalistas, que deben tocar un concierto con orquesta. El jurado de esta edición está presidido por Joaquín Achúcarro.
Josep Colom ganó la primera, en 1972, cuando tenía rango nacional. A partir de la segunda ya fue un concurso internacional, y Colom volvió a triunfar en 1978. Las dos primeras ediciones 'internacionales' las ganaron mujeres (Ruriko Kikuchi y Marioara Trifan), después ninguna otra ha vuelto a conseguirlo. Además de Colom, solo hay otro español en lo alto del palmarés, Juan Pérez Floristán. Y en cinco ocasiones el galardón más importante ha quedado desierto. Los conciertos elegidos para la final (en sesiones que forman parte del Festival de Santander) han sido por encima del resto del repertorio los Nos. 4 y 5 de Beethoven, el de Schumann, los dos de Brahms, el 1º de Chaikovski y el 2º de Rachmaninov. Hay pocas sorpresas en ese ámbito.
El primer premio (existen varios galardones más) está dotado con una medalla de oro, 30.000 euros, la grabación de un disco y una gira de conciertos por España y el extranjero. Marc Raubenheimer, ganador en 1982, se dirigía a Santander para concluir esa gira cuando su avión se estrelló en Madrid. La suya es la historia más trágica del Concurso.
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