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Poesía

Javier Velaza: “El concepto de verdad es muy traidor: no podemos vivir sin él”

El poeta nacido en Castejón acaba de publicar su último poemario, ‘El campamento de los aqueos’, donde, sin alejarse de la tradición clásica, coloca al ser humano “en situaciones radicales, delante de sí mismo”

Ampliar Ganador del Tiflos por 'De mudanzas',  su poemario publicado ahora con Visor ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla.
Ganador del Tiflos por 'De mudanzas', su poemario publicado ahora con Visor ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla.Miquel Gonzalez
Publicado el 27/06/2022 a las 06:00
Al elegirlo ganador, el jurado del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla valoró de El campamento de los aqueos que “enlaza un profundo conocimiento de la tradición clásica con la contemporaneidad de este tiempo nublado de pandemia”. No obstante, aunque ese momento de shock por la crisis sanitaria lo hubiera motivado, el último poemario de Javier Velaza Frías coloca al ser humano “en situaciones radicales, delante de sí mismo”. Constante en su obra la tradición clásica -“históricamente, la distancia que nos separa de los clásicos es muy poca”-, ha publicado el poemario con Visor.
Esa tradición clásica está repleta de héroes. ¿Los podemos trasladar al hoy?, ¿lo somos nosotros?
Hay una dimensión heroica en todo ser humano equivalente a la dimensión de miseria que también tiene: somos capaces de lo mejor y de lo peor, y el balance entre esos comportamientos es lo que a veces marca el decurso de la historia. Hemos visto en la pandemia cómo el heroísmo privado, el de los héroes pequeños, nos ha permitido muchas veces sobrevivir, gestionar con cierta ética. Pero eso es lo que sucede cada día: hay una parte nuestra que nos salva y redime porque somos héroes y otra parte que nos hunde en la peor de las miserias. El libro explora esa tensión, ese equilibrio o desequilibrio entre las dos partes del ser humano.
Sobre esa que nos redime, el verso “estos días distintos nos recuerdan que no es fácil ser día”. Qué difícil es a veces afrontarlo...
No es fácil descifrar el día. Dentro del decurso de la rutina de nuestras vidas, hay días singulares, especialmente difíciles de gestionar. Ahí hablo de esos días que trajinan con los instrumentos del tiempo y no acaban de ajustarse al decurso del tiempo y de la historia. Y, efectivamente, la historia del ser humano se hace así: con días anodinos, aparentemente iguales, rutinarios, y días insólitos para los que a veces no estamos preparados.
¿Le preocupa que nos preocupemos más por el futuro que por el presente?
Nuestra sociedad actual ha hecho del futuro una máxima, una prioridad, frente al presente y al pasado. Me preocupa que ese futuro cada vez sea más agresivo. Nuestra arma principal contra el futuro es el pasado, lo que este nos enseña -la cultura, la tradición, la historia-. En la presentación del poemario en Barcelona dije que esta pandemia colea pero ha sido algo pequeñito, de dos años. Puede que alguien piense que soy un frívolo, pero la historia nos enseña que la peste negra del siglo XIV se llevó 50 millones de europeos por delante, que la II Guerra Mundial se llevó otros 50 millones... Es decir, hay que ver las cosas en dimensión histórica y comparativa. Porque una sociedad como la nuestra cada vez menos desprevenida, menos educada en la comparación con la historia, ha vivido esta cuestión como si fuera la primera vez en la historia que el hombre se enfrentaba a una pandemia, a una desgracia. Es curioso que no hayamos aprendido lo suficiente del pasado.
¿Y cuál es su relación con el futuro? Escribe que es el tiempo verbal “más insensato, blasfemo”.
[ríe] En el fondo es un juego lingüístico, pero es verdad que hablamos mucho en futuro. Nuestra utilización del futuro es prácticamente en un mismo nivel de seguridad que el presente o el pasado: “voy a hacer esto”, “haré esto”... Empleamos mucho ese tiempo verbal cuando en el fondo es casi un subjuntivo, ya que el futuro no existe, sino que es algo en lo que confiamos, que imaginamos que construimos, pero que luego puede suceder así o no.
Otro verso: “La pintura, el jazz, las matemáticas, no nos traen verdad, sino consuelo”. ¿Puede haber consuelo sin verdad?
El concepto de verdad es muy traidor porque no podemos vivir sin él. Platón establece el concepto de verdad: que hay que buscarla y que hay una verdad ética y también una social y otra política, y a eso nos tenemos que ajustar. Pero era mucho más moderno lo que decían los sofistas, contemporáneos de Platón, como Gorgias: “Nada existe; si algo existiera, sería incognoscible, y si algo existiera y fuera cognoscible, sería incomunicable”. Primer teórico de la comunicación, destruye toda evidencia de verdad. De modo que, si la verdad no existe, lo único que podemos tener es consuelo.
Usted pone al mismo nivel la pintura, el jazz y las matemáticas.
Cuando no hay nada más próximo a la verdad, a lo científico, indiscutible, que las matemáticas... Pero es que son un lenguaje, y sabemos que las matemáticas tienen principios de incertidumbre, agujeros negros, con grandes paradojas matemáticas aún sin resolverse. Desde ese punto de vista, este libro apuesta por la incertidumbre, por el antidogma, por el poder del ser humano, por su parte buena.
Pues en estos tiempos y con todas las dudas de que se haya cumplido aquello de que saldríamos mejores, apuesta fuerte...
Tenemos una gran tendencia al olvido. Queríamos recuperar la normalidad, si algo así existe. Pero la vivencia debería pasar al acerbo de nuestra experiencia colectiva y enriquecerla. El ser humano debe recuperar su lectura colectiva del pasado y del presente para encarar el futuro. Y mientras no sea así, caeremos en las mismas contradicciones y defectos que en el pasado. Hablábamos antes de los héroes. Quizá el más paradigmático de nuestra cultura es Aquiles, cuyo poema acaba con algo desolador: “Sabe que nunca alcanzará a la tortuga, pero está decidido a perseguirla cada vez más deprisa”. Así veo al ser humano: sabemos, o deberíamos saber, que determinadas cosas no nos llevan a buen puerto, pero seguimos por ese camino ciegamente y con más velocidad.

DNI
Javier Velaza Frías (Castejón, 1963), catedrático de Filología Latina en la Universidad de Barcelona y decano de su Facultad de Filología y Comunicación, es investigador principal del Laboratorio para la investigación y tratamiento de textos epigráficos romanos y antiguos. Miembro correspondiente del Instituto Arqueológico Alemán y del Consejo Navarro de la Cultura y las Artes, ha publicado seis poemarios. Además del recién premiado El campamento de los aqueos, en 2020 logró el Premio Tiflos por De mudanzas.

Portada del libro ‘El campamento de los Aqueos’
Portada del libro ‘El campamento de los Aqueos’DN

‘El campamento de los aqueos’
Autor: Javier Velaza. 
Editorial: Visor. 
Número de páginas: 80. 
Precio: 12 euros.

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