'Oh, diosas amadas'
Gabriela Wiener: "Violeta Parra me enseñó la desobediencia"
La periodista y escritora, que firma ‘Huaco retrato’, considerado uno de los mejores libros de 2021, ha elegido a la cantautora chilena como su autora de referencia para el ciclo de Letraheridas. Hablará de ella esta tarde en Condestable.


Publicado el 05/05/2022 a las 06:00
La madre de la escritora y periodista Gabriela Wiener (Lima, Perú, 1975) siempre la acercó a “iconos increíbles” como Frida Kahlo, Chavela Vargas, Violeta Parra... “Sin ellas, creo que no podría haberme planteado la literatura como una escritura de la vida, sobre la vida y que vaya hacia la vida”, dice la autora de 'Huaco retrato', un "llamado a la desobediencia", un viaje a las raíces de los pueblos colonizados y elegido por varios medios culturales como uno de los mejores libros de 2021. Wiener estará este jueves en Pamplona, en Condestable (19 horas), en el ciclo 'Oh, diosas amadas' de Letraheridas, para hablar de la cantautora chilena Violeta Parra, creadora infatigable de música y verso y “guardiana de la memoria de la música de sus ancestras”, que recorrió Chile desterrando antiguas canciones y grabándolas en su magnetofón de la voz de las mujeres y los hombres del campo. Un trabajo antropológico que nutrió su propia creación artística. Ha llamado la charla 'Violeta Parra, la jardinera', el título de una de las canciones de Parra que más le gustan, “llena de esperanza”, que permite ver el horizonte aunque hable de un abandono, tres minutos en los que Wiener siente que Parra “tiene el remedio, la cura”. Se suicidó el 5 de febrero de 1967, unos meses antes de cumplir 50 años. “Su vida terminó trágicamente, en el dolor, el desamparo y el abandono del público, de un amor, de su familia, de las instituciones, de la sociedad... que la debía haber encumbrado y que solo lo hizo ya muerta, como pasa con tantos otros enormes artistas”.
Usted es la única que ha elegido a una cantautora. ¿Por qué Violeta Parra tiene que estar en este ciclo literario?
Es una de esas autoras de referencia que me enseñaron la desobediencia, así que, si el festival me pidió que eligiera a una escritora, yo elegí desobedecerlo [ríe]. Y a la vez, haber visto que la mayoría de las autoras elegidas en el ciclo eran escritoras blancas, europeas o estadounidenses, comentadas también por escritoras en general españolas, me motivó muchísimo a elegir a una mujer del Sur, ni ilustrada, ni académica, ni identificada con la literatura en el sentido más institucional, sino en el más amplio; de la cultura popular, medio india, considerada mucho tiempo normativamente fea, incluso estigmatizada de loca y de mala madre; una artista maldita, genial y pobre, quizá la más importante de Latinoamérica a nivel de creación de letras y de cancionero popular, en cuya realidad es donde para mí está el alma de muchas de las cosas que creamos literariamente.
¿Cómo la conoció?
Ha sido una cantautora que he escuchado desde muy niña porque mi madre la ponía en casa. Recuerdo dejarme llevar por lo apasionado de sus historias, de la manera en que conseguía contrastar lo enérgico y feroz de su guitarra y a veces de su canto con la melancolía y la tristeza de sus letras. Fue una autora muy combativa, socialmente muy implicada en las injusticias y cuestiones del mundo, de su sociedad, de su país, que no dejó de preguntarse por el amor, la identidad, la familia... parte del espectro de mis intereses temáticos cuando escribo. Y además está su perfil tan irónico, performativo, combinando varias artes (era también artista plástica, investigadora, recopiladora, escribía poesía...). Siempre me han interesado los artistas que saltan del papel e intervienen en el mundo, y ella lo hizo con su voz y su música y todo ese trabajo antropológico no académico que llevó a cabo.
Con sus 'Décimas' [libro en verso de carácter autobiográfico] me ha recordado el carácter autobiográfico de sus obras.
El arte de Violeta era visceral, enraizado en su vida y sus experiencias, pero sin quedarse en lo individual, porque cuando la leemos, la escuchamos, la sentimos, vivimos una experiencia universal que conecta con nuestras historias de vida. En un texto de las Décimas habla de cómo con 4 años sufrió una viruela que arrasó su rostro, que muchas veces fue tratada como una fea por las marcas en su cara, una batalla que tuvo que lidiar con ella misma y una de las penas que la acompañaron toda su vida. Y en uno de mis textos de Llamada perdida (Cuanto mayor es la belleza, más profunda es la mancha) hago un recuento de traumas o conflictos con mi propio cuerpo, un texto para hablar del racismo. Me siento identificada por esa historia en la que el mundo te devuelve un reflejo amargo sobre ti misma y hay un desfase hiriente entre la mirada del mundo y la que tienes de ti misma, un tema que explora mi escritura.
¿Y cómo creaba?
Era capaz de hablarnos del dolor, del amor, de la pasión, siempre apegada a sus propias experiencias. Era una de esas artistas que ahora se dicen ‘situadas’, que escriben desde su lugar en el mundo, desde su cuerpo y su territorio. Por eso es una autora completamente contemporánea ahora que revisamos las obras de feministas antirracistas y de pensadoras antipatriarcales. Creaba desde la pobreza, la precariedad, desde el abandono institucional, sin los privilegios individuales de la propiedad. Era autora de una literatura expandida, porque lo poético y lo literario están más allá de lo impreso o lo publicado, más allá del papel.
Recorrió el país buscando esa música tradicional y grabando a esas personas mayores para que no se perdiera, un trabajo de investigación como el suyo en Huaco retrato con ese tatarabuelo explorador que expolió en Perú.
Salvando las distancias, siempre he sido una especie de detective de historias familiares que tengo y como periodista he metido las narices en la vida de los demás para poder contarlas, y me gustan las personas investigadoras del mundo y de la vida, las considero referentes. Ella quiso llevar el canto de Chile más allá y lo consiguió haciendo investigaciones en la música indígena, mapuche, cantos y tradiciones olvidadas y que aún siguen siendo despreciadas como solo folclore en lugar de hablar de grandísimas manifestaciones artísticas y musicales de las que viene todo lo que escuchamos ahora.
Con la pasión con la que habla de ella, cuando alguien le dice que solo conoce la canción 'Gracias a la vida', ¿qué piensa?
[ríe] Es una de sus canciones más preciosas. Tuvo 500 'covers'. De hecho, 'Gracias a la vida' y todas sus grandes composiciones formaron parte del disco 'Las últimas composiciones', cuyos derechos no pertenecen a la familia porque la empresa que los grabó quebró y los subastó. Hasta el final se traicionó a Violeta Parra. Me gustaría decirles que se acuerden que esa canción se la quitaron a ella y a su familia, pero que es de todas, e invitaría a que escuchen Las últimas composiciones, que la revista 'Rolling Stones' consideró el disco chileno del siglo XX.