Historia

Navarra, siglo XVI: escenario de batalla entre dos dinastías

Jaime Ignacio Del Burgo dedica su libro número 40 al papel pacificador de Carlos V en Navarra, que culminó con un “perdón general” a sus enemigos

La portada del libro muestra a Carlos V retratado por Rubens, quien representa una alegoría de la monarquía universal del emperador. Fue el hombre más poderoso de Europa
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La portada del libro muestra a Carlos V retratado por Rubens, quien representa una alegoría de la monarquía universal del emperador. Fue el hombre más poderoso de Europa
La portada del libro muestra a Carlos V retratado por Rubens, quien representa una alegoría de la monarquía universal del emperador. Fue el hombre más poderoso de Europa

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Nerea Alejos

Publicado el 06/03/2022 a las 06:00

Un pequeño reino que apenas superaba los 150.000 habitantes (incluidos los de la Merindad de Ultrapuertos) se convirtió en el escenario del enfrentamiento entre las dos grandes potencias europeas que habían emergido a ambos lados del Pirineo.

En los años 20 del siglo XVI, el diminuto reino de Navarra se enfrentaba a una encrucijada histórica. Su geografía le situaba en medio de la incesante disputa entre dos poderosos monarcas: Carlos I de España y V de Alemania frente a Francisco I de Francia, quien también había aspirado al título de emperador. Dos dinastías luchaban por el trono navarro: los Foix-Albret, a su vez vasallos del rey de Francia, frente a los Habsburgo.

Cinco siglos después de que Navarra se incorporase definitivamente a la Corona de Castilla, el jurista e historiador Jaime Ignacio del Burgo dedica su libro número 40 a la figura del emperador Carlos, a quien atribuye el mérito de lograr una paz duradera para el malherido reino de Navarra:

“Después de casi un siglo de guerra civil entre agramonteses y beaumonteses, Carlos V es quien realmente consigue la pacificación de Navarra. El conflicto entre estos dos bandos fue una catástrofe para el reino. Carlos también logró la pacificación mediante el perdón general que concedió en 1524. Es lo que hoy llamaríamos una amnistía general”.

Del Burgo ha dedicado los dos últimos años a dar forma a uno de sus libros más voluminosos: prácticamente 660 páginas, incluyendo la bibliografía y varios cuadros genealógicos. Con el título Carlos V. Emperador de Occidente y pacificador de Navarra, Del Burgo reivindica la labor pacificadora de un monarca que, paradójicamente, durante 40 años no cesó de embarcarse en numerosas guerras que también se desarrollaron en sus dominios extranjeros, mayormente en Italia, donde sus tropas llegaron a saquear Roma.

Nacido en Gante (Flandes) en 1500, Carlos era hijo del archiduque Felipe el Hermoso y de Juana de Castilla (‘la Loca’), hija a su vez de los Reyes Católicos. Cuando llegó por primera vez a España, en septiembre de 1517, no sabía hablar castellano. Se propuso gobernar con la ayuda de sus compatriotas flamencos, a quienes concedió cargos y prebendas.

En 1519, su elección como emperador del Sacro Imperio Románico Germánico le obligó a ausentarse de España. Nombró como regente al cardenal Adriano de Utrecht, lo que hizo crecer el descontento. Una de las consecuencias más graves fue la insurrección de los comuneros que se propagó por Castilla.

Jaime Ignacio Del Burgo atribuye a Adriano de Utrecht la visión pacificadora del emperador: “Adriano de Utrecht, quien luego fue nombrado Papa, había sido uno de los preceptores de Carlos en Flandes. Él le recomendó vivamente que practicara una política de pacificación de sus reinos”.

En Navarra, esa paz tardó en llegar. Entre 1521 y 1524, el reino se convirtió en el escenario de la confrontación con Francia. La ausencia del emperador fue aprovechada para tratar de reponer a Enrique II de Albret en el trono de Navarra: “Los comuneros llegaron a conspirar con Francia para invadir Navarra y así abrirle al emperador un nuevo frente dentro de su propio territorio. Por eso se produjo la invasión de 1521. Luego, cuando Carlos volvió a España, se encontró con que Fuenterrabía estaba en poder de los franceses”, resume Del Burgo.

El emperador ordenó el asalto final a Fuenterrabía desde Pamplona, donde permaneció desde octubre de 1523 a enero de 1524. Antes de la Navidad de 1523, Carlos V otorgó su primer perdón a sus enemigos agramonteses, exceptuando a 150 personas. El siguiente perdón llegaría en 1524 tras la entrega de Fuenterrabía, último bastión de la resistencia de los llamados legitimistas, que luchaban por Enrique de Albret. “A los agramonteses se les devolvieron todos sus títulos, propiedades y privilegios a cambio de que juraran fidelidad al emperador. Podría parecer que fue un juramento obligado por las circunstancias, pero posteriormente aquellos nobles agramonteses colaboraron con Carlos V tanto dentro como fuera de Navarra”.

Destaca el caso de Pedro de Navarra (hijo del fallecido mariscal del mismo nombre), a quien se le otorgaron importantes cargos: “En Sevilla se encargó de administrar todo lo que llegaba del Nuevo Mundo. Era un puesto de absoluta confianza”, resalta del Burgo.

NAVARRA, “REINO DE POR SÍ”

Del Burgo recuerda que, nada más heredar la Corona de Navarra, “Carlos se comprometió a respetar y amejorar los Fueros, a lo que añadió el compromismo de mantener a Navarra como ‘reino de por sí”. Es decir, un reino separado en territorio, fuero y leyes. Durante su estancia en Pamplona, “Carlos V ratificó el juramento a los Fueros que había hecho el virrey”.

“Desde la incorporación a Castilla, las Cortes no se comportan precisamente como las de un reino oprimido, sino todo lo contrario”, asegura. En 1523, las Cortes decidieron suspender su actividad mientras no se reparasen los “agravios o contrafueros” que habían denunciado ante el virrey: “Entonces se dirigieron al propio rey Carlos para que reparara esos agravios. Mientras llegaba su respuesta, se suspendieron las sesiones”. Para Del Burgo, este episodio demuestra que las Cortes “estaban vivas y en ejercicio, y defendían a machamartillo los derechos y libertades del reino”.

Jaime Ignacio Del Burgo: “Los reyes Juan y Catalina vendieron el trono de Navarra por 20.000 libras”

Sentado en su despacho-biblioteca, Jaime Ignacio Del Burgo muestra con orgullo los tres tomos de Historia General de Navarra que su padre y maestro, Jaime del Burgo, publicó en 1992. “Esa obra no se ha superado nunca”, asegura. Él ha querido continuar con la tarea y ha dedicado un análisis exhaustivo a los numerosos acontecimientos que se sucedieron durante los agitados siglos XV y XVI, época en que se comenzaron a forjar los Estados modernos. Reyes, Papas, obispos y nobles protagonizan los doce extensos capítulos de su libro sobre Carlos V, dividido en dos partes: El triste final de la casa francesa de Foix-Albret y El emperador Carlos de Habsburgo, primer rey de la monarquía española.

Ante la pregunta de qué hubiera sucedido en caso de que Navarra hubiera caído en la órbita francesa, responde lo siguiente: “No lo tengo muy claro. Lo que sí sabemos es lo que pasó en la Baja Navarra, donde siguieron manteniendo la foralidad hasta que estalló la Revolución Francesa (1789). Las Cortes de Navarra querían que Catalina de Foix se casara con Juan, el hijo de los Reyes Católicos, pero este se murió”.

En 1484 Catalina contrajo matrimonio con Juan de Albret. “Ellos tenían importantes dominios al otro lado de los Pirineos y eso les convertía en vasallos del rey de Francia”, explica Del Burgo, quien se atiene al siguiente hecho para mostrar a quién debían su lealtad los Albret-Foix: “Cuando se formaliza el Tratado de Blois (1512) con el rey francés Luis XII, se produce un auténtico cohecho por parte de los reyes Juan y Catalina. Vendieron el trono de Navarra a cambio de una pensión vitalicia de 8.000 libras tornesas para cada uno y otra de 4.000 libras para cada uno de sus hijos; un total de 20.000 libras. Venían a ser nueve toneladas de plata”, detalla. “Fue un tratado que se negoció en secreto, a espaldas de las Cortes de Navarra. Además, Juan y Catalina tomaron partido por un rey cismático (Luis XII) que quería destituir al Papa. Los Albret-Foix no fueron neutrales: tomaron partido por Francia”, asegura Del Burgo.

Para Del Burgo, era difícil que Navarra hubiera logrado mantenerse en medio de las disputas entre Francia y España: “No se puede ver a Navarra como un islote, porque estaba dentro de un conflicto internacional. Su situación estratégica era muy difícil de defender con los propios medios del reino, que hubiera quedado emparedado entre Francia y España. Ambas estuvieron a la greña durante todo el siglo XVI”.

Del Burgo asegura que “ni Fernando el Católico ni sus sucesores ponen en duda el estatus de Navarra como ‘reino de por sí’. El reino no perdió su independencia. Perdió una dinastía (los Albret-Foix) que era dependendiente de Francia”, zanja.

Cronología

1516. Carlos de Habsburgo es proclamado rey de Castilla, Aragón y Navarra. El monarca tiene 16 años. Criado en Flandes, llega por primera vez a España en septiembre de 1517.

1520. Carlos es coronado emperador en Aquisgrán. En las ciudades de Castilla estalla la insurrección de los comuneros, quienes rechazan a un rey extranjero como Carlos. Tras la derrota que sufrieron en Villalar (1521), los cuatro cabecillas comuneros fueron ejecutados.

1521. Estalla la guerra franco-española. La invasión francesa dio comienzo el 1 de mayo. El 30 de junio tiene lugar la batalla de Noáin. En octubre, los franceses se apoderan del castillo de Maya y de Fuenterrabía.

1523. Para seguir de cerca los acontecimientos de la guerra contra Francia, Carlos V se establece en Pamplona, donde jura los Fueros. El 15 de diciembre otorga su primer perdón a los agramonteses. De esta medida quedaron excluidas 150 personas, entre ellos Pedro de Navarra, hijo del mariscal del mismo nombre, quien había fallecido en la prisión de Simancas.

1524. Capitulación de Fuenterrabía. Tras la retirada de los franceses, el mariscal Pedro de Navarra acuerda los términos de la rendición y entrega la fortaleza de Fuenterrabía. Tres meses después, los jefes agramonteses juran lealtad al emperador en Burgos.

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