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Carlos Goñi, filósofo y escritor: “La realidad virtual no es una realidad virtuosa”

El escritor y docente navarro afincado en Cataluña publica un libro con cincuenta breves reflexiones de filosofía práctica para acercar al lector a la felicidad en la vida cotidiana

Carlos Goñi Zubieta en una imagen reciente
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Ion Stegmeier

Publicado el 06/02/2022 a las 06:00

Carlos Goñi Zubieta es doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona pero no recurre a los clásicos de la filosofía, sino a la vida diaria, aquí y ahora, para explicar las Virtudes mínimas para alcanzar la felicidad. El filósofo, escritor y docente navarro reúne en este libro 50 pequeños hábitos como la alegría, la amistad, el diálogo, la honestidad, la paciencia, el pudor, la tolerancia... para construir una sociedad más feliz.

¿De dónde sale la idea, es una preocupación que tenía desde hacía tiempo?

Es un libro que yo creo que empecé a escribir a los seis años. Mi padre cogía a dos señores para llevarles de mi pueblo [Obanos] a Pamplona. Al llegar, uno me dio a mí una moneda y el otro nos dijo “Mil gracias”. Desde entonces me quedé pensando como si tuviese en una mano la moneda y en la otra las mil gracias: ¿Qué pesa más? La moneda me duraría poco, y las mil gracias todavía las tengo, porque las he dado muchas veces. La gratitud es una virtud que cuanto más das, más tienes.

¿Y por eso pensó en hacer una especie de tratado de virtudes?

Es un libro breve pero tiene mucho tiempo detrás. Las virtudes no se tienen de un día para otro, no son ciencia infusa, las vas ganando poco a poco, necesitan asiduidad, que las vayamos practicando. Quizá no empecé a escribir el libro a los 6 años, pero a pensarlo sí.

¿Por qué escribirlo ahora, hace más falta que nunca?

Siempre hacen falta. Lo que intento es recuperar, dar voz, actualizar, estas pequeñas cosas que nos hacen grandes. Los seres humanos no somos héroes. Admiramos a Nadal porque probablemente tiene muchas virtudes, pero hay personas que tienes al lado que también las tienen.

¿Cómo ve esta sociedad líquida de la que habla?

Ese concepto lo planteó Bauman. Yo me refiero a que las virtudes se van solidificando, se van quedando, te van marcando una forma de ser. Nos gustan las virtudes, amamos a la gente virtuosa, pero en cierto modo las descuidamos. Y entonces se nos convierte la vida en algo líquido, algo que se nos escapa. Y entonces en el fondo se nos escapa la felicidad.

Entre estos 50 hábitos enumera algunos muy concretos, como la puntualidad, y otros menos, como la piedad.

No hay ninguna más importante que otra, no creo que haya tampoco una más abstracta que otra, porque una virtud abstracta no es virtud, tienen que ser concretas, tienen que arraigar en la vida. Las virtudes nos llenan de recursos para llevar una vida plena. Generalmente cuando tienes un frutero lleno de cerezas, coges una y arrastras las demás, porque se enganchan, suelen ir de dos en dos, o de tres en tres. Con las virtudes pasa lo mismo, no se puede ser prudente y no ser piadoso.

¿Puede tener alguna como la piedad connotaciones religiosas?

Una persona piadosa no es la que va y se arrodilla, no es una cuestion de religión, es una cuestión de convicción personal, de forma de afrontar la vida, sabiendo que dependes de algo que te supera.

¿Cuál le cuesta más ejercitar?

El silencio es muy fácil, soy muy callado, pero no tiene que ver con no hablar, sino con saber escuchar, saber recogernos a nosotros mismos, etcétera. Son cincuenta, cuestan todas, y todas son importantes. Es como ir al gimasio, si solamente levantas pesas con el brazo derecho tendrás un brazo de Popeye pero el resto no. El lugar de ejercitar las virtudes es la vida misma. Esa musculatura la ejercemos ejerciendo la vida. Saliendo de casa, viviendo, conviviendo en el trabajo, tienes que ser paciente, puntual, respetuoso, sobrio... No es un recetario, es una reflexión para que el lector diga: “Soy poca cosa pero puedo ser grande, puedo ser una buena persona”.

¿Ser buena persona no es un sentimiento subjetivo?

Una vez me encontré a un exalumno y me dijo: “Goñi, me he quedado con una cosa que usted nos dijo que pensáramos”. Porque yo los deberes que pongo es que piensen cosas. Estábamos hablando de Machado y les debí decir que cuando dice “en el buen sentido de la palabra bueno”, ellos tenían que buscar el sentido de la palabra bueno. Habían pasado casi 15 años y me dijo que lo había encontrado. Lógicamente yo no te voy a decir cual es el sentido, es como la felicidad. Yo no entiendo lo mismo por felicidad que entiendes tú. Las formas de ser bueno son tantas como personas. El bien se adapta a ser realizado por cualquier persona.

Nombra el humor como una de las virtudes, ¿qué importancia tiene?

Es el pararrayos vital, como decía Alfredo Bryce Echenique. Esas tormentas que tenemos todos, el humor las difumina y neutraliza. Nos ayuda muchísimo a relativizar. Nos saca de la excesiva seriedad o del excesivo peso de esa carga de cosas que no tienen peso. Ignatius Farray tiene una frase buenísima: “Hoy reímos igual que los antiguos rezaban, para trascender el mundo”. Relativizar lo que en el fondo no es importante.

Esas cosas que no tienen peso parece que cada vez tienen más, con las redes sociales, los ‘likes’, lo superfluo, lo inmediato, lo fácil...

El que está atrapado por las redes sociales está metido en una realidad virtual y, aunque se parezca, la realidad virtual no es una realidad virtuosa. Las virtudes es lo más real que hay. Si estás influenciado por las redes te están importando cosas que no tienen importancia, como un like o un comentario . Las redes no son malas, pero no todo el mundo las usa con criterio.

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