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Culto especial

La fiesta de las reliquias de San Fermín

Desde tiempo inmemorial, Pamplona viene celebrando cultos especiales en honor de San Fermín en tres ocasiones a lo largo del año. Una de ellas, el día de las Reliquias, que siguiendo una antigua tradición, tiene lugar en el mes de enero

Ampliar El hallazgo de las reliquias reflejado en esta pintura del Salón del Trono del Palacio de Navarra
El hallazgo de las reliquias reflejado en esta pintura del Salón del Trono del Palacio de Navarra
  • Juan José Martinena
Publicado el 16/01/2022 a las 06:00
Desde tiempo inmemorial, Pamplona viene celebrando cultos especiales en honor de San Fermín en tres ocasiones a lo largo del año. La más conocida el 7 de julio, su festividad, que primitivamente tenía lugar el 10 de octubre, y se trasladó a la fecha actual en 1590, en virtud de las constituciones sinodales del obispo Bernardo de Rojas Sandoval. Las otras dos son el 25 de septiembre, que conmemora el martirio del Santo en Amiens, y por último el día de las Reliquias, que siguiendo una antigua tradición, tiene lugar en el mes de enero, el segundo domingo después de Reyes, o, si se quiere, el domingo siguiente a la Octava de la Epifanía.
Estas tres festividades han tenido desde siempre un carácter muy diferente: la de julio resulta multitudinaria, al coincidir con las fiestas de la ciudad; pero la verdad es que en esos días, quitando las vísperas de la tarde del 6, la procesión del día 7 y la solemne función de la Octava una semana después, resulta evidente que los cultos al Santo no constituyen el motivo principal de los festejos. La de septiembre, nuestro San Fermín Chiquito, tiene todavía ecos entrañables del viejo Pamplona, sobre todo en la Navarrería, con una procesión que recuerda la de pequeños pueblos de Navarra, y se mantiene como fiesta más popular, más para los de casa, lejos de la masificación de julio. Por último, la festividad de enero, la de las Reliquias, pasa casi desapercibida en la ciudad, pero el selecto grupo de pamploneses -y pamplonesas, cómo no- que acuden ese día a su capilla, lo hace, al menos yo así lo creo, por amor y devoción al Santo.
UN HALLAZGO MILAGROSO
¿Qué conmemora esta festividad? Ese nombre, ya tradicional, de las Reliquias, aún siendo correcto, puede confundir porque en este caso no hace referencia a lo que generalmente entendemos por reliquias. Lo que en realidad se celebra en este día es el hallazgo y traslación de los restos del Santo Patrón, que según antiguas crónicas, fueron encontrados milagrosamente a las afueras de Amiens el año 615, por el obispo San Salvio. Parece que en aquella ciudad, escenario del martirio de San Fermín, con el paso del tiempo se había perdido la noticia del lugar exacto de su enterramiento y no se veía posibilidad de averiguarlo, hasta que se produjo el prodigio de su localización. El erudito jesuita Antonio Pérez Goyena, en su libro, ya clásico, sobre la Santidad en Navarra, narra el episodio con estas palabras: “Salvio, prelado de Amiens, inspirado del Espíritu Santo, se dirigió al sitio en el que se suponía reposaban los restos mortales. Levantó los ojos al Cielo y vio manar un rayo de luz del alcázar del trono divino y reflejarse con resplandores de inefable tenor en la tumba de San Fermín. Haciendo indecibles gracias al Señor, comenzó al punto a excavar y abrir el sepulcro en que yacía el ilustre mártir. Un olor tan suave brotó al punto de aquel lugar, y con tanta intensidad como si en él se concentrasen todos los aromas y perfumes de la tierra y los de los campos reverdecidos por la amenidad de infinitas flores...”
Así lo cuentan, en tono sencillo e ingenuo, unos gozos escritos en el siglo XVIII:
Tus reliquias inmortales
milagrosa luz mostró
y la tierra se llenó
de fragancias celestiales...
UNA PINTURA EN LA DIPUTACIÓN
En el Salón del Trono del palacio de la Diputación, sede del Gobierno de Navarra, sobre el dintel de una de las puertas, puede verse una pintura de hacia 1865, debida al pincel de Alejandro Ferrant, que representa el milagroso hallazgo de las reliquias o restos mortales de San Fermín (ver imagen sobre estas líneas). En medio de la expectación general, fornidos peones extraen de la fosa el ataúd del Santo, mientras el obispo Salvio incensa los venerables restos. La pintura tiene ese aspecto un tanto ampuloso de los lienzos históricos del siglo XIX, pero no está exenta de una cierta grandiosidad a pesar de sus reducidas dimensiones.
Una vez recuperado el cuerpo del Santo, cuentan las crónicas que fue conducido procesionalmente a la catedral de Amiens, acompañado por una muchedumbre de fieles que habían sido testigos del prodigio. Dice la tradición que aquel día se produjeron en la ciudad numerosas curaciones milagrosas, y así lo recoge otra estrofa de los gozos del siglo XVIII antes citados
Los enfermos que adoraron
la feliz urna sagrada,
con la salud recobrada
tu gran poder publicaron...
FIESTAS DEL ANTIGUO REINO
Lo que es un hecho cierto y avalado por abundante documentación histórica es que en otro tiempo tenían lugar en este día solemnes cultos en la capilla del santo en la iglesia de San Lorenzo, que comenzaban la tarde anterior con las vísperas cantadas por la capilla de música de la Catedral, a las que era costumbre asistiese la Diputación del Reino en cuerpo de comunidad, con sus maceros. El día de la festividad se celebraba una solemne misa mayor, con música y predicador distinguido, a la que acudía la Diputación, e incluso las mismas Cortes del Reino, si se hallaban reunidas en Pamplona.
La presencia de nuestras instituciones forales en los cultos de este día databa del año 1657, fecha en la que el Papa Alejandro VII otorgó la confirmación pontificia al acuerdo del Reino de declarar por patronos equeprincipales de Navarra a San Fermín y a San Francisco Javier. Para zanjar las ruidosas diferencias que en los años anteriores se habían mantenido con el Ayuntamiento de Pamplona por el asunto del Patronato, se estipuló que, en señal de buena armonía, en determinadas fechas la ciudad honrase con cultos a San Francisco Javier, y en justa reciprocidad, el Reino hiciese lo propio con San Fermín. Aquella concordia tuvo felizmente efecto inmediato y así se siguió haciendo durante casi dos siglos, hasta el año 1836.
RELIQUIAS EN PAMPLONA
Del sepulcro de San Fermín en Amiens, cuya catedral conserva unos relieves relativos al santo que son una joya del arte gótico francés, se extrajeron en varias ocasiones a lo largo de los siglos distintas reliquias para enviarlas a Pamplona, ciudad que siempre lo consideró como su hijo más preclaro y su primer obispo. En 1186 se extrajo la primera de que se tiene noticia, con destino a la Catedral, donde se conserva. Otra llegó en 1386 para la primitiva capilla gótica de la iglesia de San Lorenzo. Otra en 1522, para que se venerase en el oratorio de la Casa Consistorial. Otras dos en 1592 y 1595, para colocarlas en la capilla y en la propia imagen del Santo. Posteriormente otra más para que se le diese culto en la basílica de San Fermín de Aldapa. La última de que se tenía noticia hasta hace poco vino a la ciudad en 1941, mediante una donación del entonces obispo de Amiens, Lucien Martin. Pero en fecha mucho más reciente, 2017, con ocasión del tercer centenario de la actual capilla, las religiosas Mínimas del monasterio de Daimiel, en Ciudad Real, hicieron entrega a Francisco Pérez, actual arzobispo de Pamplona, de una nueva reliquia, un fragmento del cráneo del santo, conservado dentro de un relicario de plata con forma de cabeza, que recuerda un poco a la tan conocida de San Gregorio Ostiense y que quedó depositada en la catedral, donde actualmente se conserva.
La Corte de San Fermín, establecida en la parroquia de San Lorenzo desde 1885, viene conmemorando tradicionalmente este día con una misa solemne en la capilla del santo, que antiguamente, como era costumbre entonces, se celebraba a las diez de la mañana. Creo recordar que en 1980 la Junta de dicha Corte, a la que tengo el honor de pertenecer, acordó trasladar la celebración a las doce del mediodía, para facilitar la asistencia de fieles a esta función que sin duda forma parte de las arraigadas tradiciones religiosas de nuestra ciudad. No obstante, este año, por cuestión de agenda del señor arzobispo, tendrá lugar a las siete y media de la tarde.
Juan José Martinena es doctor en Historia.
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