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Un libro recupera la “verdad” del inquisidor Salazar, el abogado de las brujas

La UPNA edita ‘En busca de la verdad sobre la brujería’, obra del investigador danés Gustav Henningsen

Ampliar Roldán Jimeno y Juan Ignacio Panizo
Roldán Jimeno (izq.), profesor de Historia del Derecho en la UPNA y Juan Ignacio Panizo, jefe de la Sección de Archivo de la Biblioteca Nacional de España, ayer en el campus de la UPNAJosé antonio goñi
Publicado el 05/01/2022 a las 06:00
La “aventura intelectual” de un inquisidor del siglo XVII que fue capaz de cuestionar el fenómeno de la brujería ya tiene forma de libro. La Universidad Pública de Navarra acaba de editar y publicar 'En busca de la verdad sobre la brujería. Los memoriales del inquisidor Salazar y otros documentos relevantes sobre el auto de fe de 1610', del investigador danés Gustav Henningsen, considerado uno de los mayores expertos internacionales en el estudio de la brujería.
La obra, de 412 páginas, fue presentada ayer por Roldán Jimeno, profesor titular de Historia del Derecho en la UPNA y por Juan Ignacio Panizo, jefe de la Sección de Archivo de la Biblioteca Nacional de España y experto en estudios de la Inquisición. Henningsen, de 87 años, no pudo asistir a la presentación, ni siquiera de manera virtual, por razones de salud.
La edición en castellano de este libro, únicamente disponible en inglés hasta la fecha, se enmarca en la reciente donación que realizó el investigador danés de su archivo y biblioteca personales a la UPNA.
En busca de la verdad sobre la brujería analiza el fenómeno desde tres ángulos —psicológico, sociológico y antropológico—, y se detiene en la figura del inquisidor Alonso de Salazar y Frías, cuyo papel fue determinante para que se acabase con la persecución de las brujas. Sus conclusiones, en contra de la opinión generalizada, sirvieron para que la Inquisición diera un giro de 180 grados y elaborara nuevas instrucciones para proceder en causas de brujería.
La figura de Salazar despertó la curiosidad del antropólogo e historiador Gustav Henningsen, quien, a medidados de los años sesenta, dedicó su tesis doctoral a estudiar a quien él denominó “el abogado de las brujas”. Posteriormente, en 1980, Henningsen publicó el libro 'El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española'.
Veinticinco años después, el investigador danés publicó otro segundo volumen, 'En busca de la verdad sobre la brujería', que había sido parcialmente traducido al castellano por su mujer, Marisa Rey. “A raíz de la donación que Henningsen realizó de su fondo archivístico y bibliográfico a la UPNA, nos pareció que no cabía mejor homenaje que culminar la traducción al castellano de esta obra tan querida para él y publicarla”, explicó Roldán Jimeno.
“El trabajo ha quedado enriquecido con un estudio introductorio de Isabel Ostolaza sobre el fenómeno de la brujería en Zugarramurdi, Urdax, Baztan, Cinco Villas...”, detalló Jimeno.
La primera parte del libro analiza la histeria colectiva o epidemia de ensoñaciones que supuso el fenómeno de las brujas, en la que los niños y niñas de los pueblos referían secuestros nocturnos y akelarres. En la segunda parte se ofrece la transcripción de los informes redactados por el inquisidor.
“HUMANIZAR EL DELITO DE BRUJERÍA”
A base de investigación, tesón, trabajo y reflexión, Salazar desmontó la opinión generalizada sobre la brujería. “Él fue capaz de humanizar el delito de brujería, que finalmente dejó de serlo”, destacó Juan Ignacio Panizo. Ese afán de Salazar por “mejorar y humanizar” la sociedad de la época “es la experiencia que Gustav Henningsen ha querido aportar en este libro”, resaltó.
Panizo aseguró que los memoriales que escribió Salazar son “asequibles” para cualquier lector: “No es necesario ser un especialista en brujería para leerlos. Salazar hacía sus experimentos y entrevistas, tomaba notas, lo analizaba todo, lo criticaba y llegaba a unas conclusiones”.
Para Panizo, este segundo volumen es una nueva muestra del rigor que siempre ha acompañado a Henningsen en sus investigaciones: “Se habían publicado otras obras sobre brujería, pero nadie había ido a la fuente primaria: los memoriales de Salazar. Ni siquiera se sabía dónde estaban”.
Además, 'En busca de la verdad sobre la brujería' supone el culmen de las investigaciones realizadas por Henningsen a lo largo de su vida: “Él ha ido meditando esta segunda obra durante más de treinta años. Este libro es fruto de una gran madurez intelectual”, valoró Panizo.

ENCUESTAS SOBRE EL AKELARRE Y ANÁLISIS DE UNGÜENTOS

Retrato del inquisidor Alonso de Salazar y Frías
Retrato del inquisidor Alonso de Salazar y FríasDN 
Los informes que redactó Alonso de Salazar (1564-1636), de más de 11.000 páginas manuscritas, fueron determinantes para que el Consejo de Inquisición dictase unas nuevas instrucciones sobre el delito de brujería, diferenciando las cuestiones que tenían que ver con la superstición de los hechos probados. Y lo fueron también para que, años después, el Santo Oficio admitiera los errores cometidos y prohibiera las confesiones y acusaciones públicas de brujería en su Edicto de Silencio de 1620. Como llegó a recomendar el propio Salazar, el mejor remedio para acabar con la brujería era ignorarla.
El auto de fe de Logroño de 1610 marcó un antes y un después en la persecución brujeril. Este proceso lo instruyeron tres inquisidores. Dos de ellos, Juan del Valle Alvarado y Alonso de Becerra y Holguín, se mostraron inflexibles. Y aunque Alonso de Salazar también firmó las sentencias de pena capital, fue el más escéptico y racional. 
Él disintió con la forma en que se llevó el proceso de Logroño, que se saldó con once condenados a la hoguera: seis en persona y otros cinco, en efigie. Entre mayo de 1611 y enero de 1612, Salazar realizó una exhaustiva investigación que le llevó a recorrer los pueblos del norte de Navarra. El inquisidor plasmó las conclusiones de su investigación en unos memoriales en los que puso en evidencia las mentiras de los supuestos brujos a los que interrogó. Por ejemplo, elaboró un cuestionario para que los acusados concretaran el asunto de los akelarres: dónde se reunían, cómo salían de sus casas para acudir al akelarre, si iban volando...
También analizó los ungüentos que supuestamente se utilizaban para acudir volando a los akelarres. Descubrió que estos potingues estaban hechos con grasa, cenizas y romero, y las mujeres que decían haberlos usado tuvieron que confesar que los habían elaborado deprisa y corriendo para satisfacer al inquisidor.
“La mentalidad de Salazar fue muy moderna”, considera Juan Ignacio Panizo. “Él hizo lo mismo que se haría a día de hoy: preguntó a los testigos, a los implicados, cruzó la información de unos con otros... Entonces vio que las cosas no se sostenían. Gracias a su investigación, en España cambió totalmente la manera de ver la brujería”.
“En cuanto la gente dejó de hablar del tema, el globo se desinfló. España mostró una visión mucho más adelantada respecto a lo que se hacía en otros países europeos”, valora Panizo. Se evitó que nuestro país se convirtiera en un gran quemadero de brujas, como estuvo ocurriendo durante cien años más en toda Europa.
INVENCIÓN DEL AKELARRE
En medio de un clima de histeria colectiva, Salazar realizó cientos de entrevistas y dedujo lo siguiente: “No hubo brujos ni embrujados en el lugar hasta que se comenzó a tratar y a escribir sobre ellos”. Un ejemplo de ello es el origen de la palabra akelarre. Un año antes del auto de fe de Logroño, el inquisidor Juan del Valle visitó Cinco Villas y entonces despertó el fenómeno de la “brujomanía”. Según contaba el propio Henningsen en una entrevista con Diario de Navarra en 2010, “los vecinos de la zona no conocían la palabra akelarre hasta que llegó el inquisidor”.
Antes de 1610, hablaban de “juntas” o “conventículos” de brujas. Henningsen encontró el primer testimonio de ‘akelarre’ en una carta del Tribunal de la Inquisición de 1609, cuando ya estaban interrogando a los diez primeros acusados de Zugarramurdi. Por tanto, Henningsen llegó a afirmar que lo más probable es que la palabra ‘akelarre’ fuera una invención de Juan del Valle.
En el libro 'En busca de la verdad sobre la brujería', Henningsen analiza así el método del inquisidor Salazar: “En su forma de interrogar a los acusados, utilizó una sofisticada combinación entre diálogo, observación y empatía”. En palabras del antropólogo Carmelo Lisón, el comportamiento de Salazar era más propio de un antropólogo: “Observa, escucha, debate, reflexiona y sopesa los puntos de vista del otro”.

'En busca de la verdad sobre la brujería'
Autor: Gustav Henningsen 
Estudio preliminar: Isabel Ostolaza
Editorial: UPNA 
Páginas: 412
Precio: 30 € (libro) y 20 € (en pdf, disponible en la tienda online de la UPNA)

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