Raquel Sánchez Corcuera: “Sustituir los cines por supermercados dice mucho de nuestra sociedad”
La progresiva desaparición de las Humanidades en la enseñanza le llevó a escribir ‘Búhos contra dragones’, un libro en el que reivindica la importancia del pensamiento y las artes “para no convertirnos en fríos autómatas”


Actualizado el 28/12/2021 a las 07:43
En 2016, Raquel Sánchez Corcuera impartió una conferencia dentro del Foro de Humanidades de la Universidad de Navarra. Se titulaba ¿Qué está pasando con las Artes y las Humanidades? Aquello se convirtió en el germen de su primer libro, Búhos contra dragones, al que define como una “defensa razonada y apasionada” de la cultura, la historia, la filosofía y las artes, al tiempo que alerta sobre el peligro que supone el “interesado descrédito hacia ellas”. Gran aficionada al arte, el teatro y la música, Sánchez Corcuera tiene previsto presentar su libro en varias bibliotecas de Navarra, entre ellas la de Murchante (el 20 de enero) y la de Artajona (21 de enero).
Los búhos son símbolo de sabiduría. ¿Y los dragones?
Que conste que a mí los dragones me gustan, pero en este caso simbolizan la barbarie.
¿Hubo algún hecho concreto que le impulsara a escribir este libro?
El detonante fue la desaparición de las Humanidades en el sistema educativo a nivel mundial. Cuando yo hice la carrera de Humanidades en la Universidad de Navarra, entonces pude estudiar Cultura Clásica y Latín. En 2016 me enteré de que esas dos asignaturas ya habían dejado de ser obligatorias.
¿Qué le aportó a usted estudiar Cultura Clásica?
A mí la cultura clásica me apasiona y quiero seguir profundizando en ella. Es la base de todo lo que somos: nuestro pensamiento, nuestro bagaje, nuestra cultura, la política, la filosofía...
¿Le preocupa que el arte y la música también estén perdiendo peso?
Sí. En el caso de la música, ayuda tanto o más que las matemáticas a desarrollar ciertas partes del cerebro. La música y las matemáticas tienen mucho en común. Curiosamente, somos el país con peores resultado en Matemáticas, y también somos un país con poca educación musical. Si comparamos a España con cualquier otro país europeo, a la música no se le da la importancia que se le debería dar. La música nos ayuda a pensar mucho mejor. Y a nivel emocional, la música también juega un papel importante, por ejemplo a nivel terapéutico, para estimular a personas con problemas cerebrales. El valor de la música está más que demostrado, pero en España no se le hace caso.
Si hablamos de la cultura en general, ¿últimamente está siendo sustituida por el ocio?
La cultura está siendo rebajada al nivel del ocio, pero son dos conceptos muy diferentes. La cultura te eleva tanto emocionalmente como intelectualmente, te ayuda a formarte como persona. Por ejemplo, en el centro de las ciudades siempre había algún cine, y ahora vemos que están sustituyendo los cines por supermercados, o que los están llevando a los centros comerciales. Cuando derribaron los cines Saide Carlos III... ¡Esa imagen me dio tanta pena! Sustituir los cines por supermercados dice mucho de la sociedad en la que vivimos. Es como matar el alma del ser humano. Nunca antes en la Historia se había despreciado tanto la cultura.
También se suele hablar de la cultura como un motor de desarrollo económico. ¿Qué le parece este discurso?
Creo que la cultura debería ser declarada como bien esencial, como ya lo hicieron en Alemania. Con la pandemia se ha visto claramente qué países le dan más importancia a la cultura. Es algo que debemos proteger porque es un bien en sí mismo. No se puede concebir como un sector que debe generar dinero. Si no, todo lo que nos hace humanos va a acabar muriendo. No somos autómatas.
¿Pero vamos hacia un mundo en el que cada vez somos más autómatas que personas?
Por desgracia, sí. Ese es el peligro que tenemos ahora mismo. Por ejemplo, si un museo no atrae a grandes masas, se le ve como algo deficitario. En la Segunda Guerra Mundial, cuando se planteó la posibilidad de hacer recortes en cultura, Churchill se negó. Para él, la cultura era un bien que se debía proteger a toda costa.
En su libro lanza una dura crítica a la enseñanza universitaria.
Al final, la universidad se ha convertido en un centro expendedor de títulos y está funcionando como una empresa. Ya no es un lugar generador de ideas o de debate, no hay tiempo para pensar. Antes se hacían cursos de doctorado para luego realizar la tesis, y ahora tienes que hacer un máster por el que hay que pagar bastante dinero. Se está acabando con la igualdad de oportunidades, porque la gente que no tenga suficiente dinero no va a poder estudiar.
A nivel social, comenta que hay un “grave adormilamiento general”. ¿La pandemia lo ha acentuado aún más?
La pandemia ha sido como un espejo que ha agrandado todo lo que está pasando. No interesa que la gente piense, se queje o reclame nada. Nos quieren aislados. Incluso el ocio es totalmente individualizado, porque cada persona se pone a ver su serie. Tampoco hay relación intergeneracional, que es algo que te enriquece mucho. Sobre todo en los más jóvenes, todo está enfocado a vivir en la inmediatez, y eso lleva a cultivar solamente la memoria a corto plazo.
DNI
Raquel Sánchez Corcuera Pamplona, 1980. Vecina de Berrioplano, estudió en el CP Mendialdea. Licenciada en Humanidades por la Universidad de Navarra, tiene un posgrado en Gestión Cultural y un máster en Historia y Patrimonio por la UPNA. Ha trabajado en la Universidad de Navarra, la Biblioteca General de Navarra y como profesora de teatro. Actualmente se está formando como actriz en la Escuela Navarra de Teatro.