Luis García Montero: "La muerte es un animal doméstico que hace mucho daño"

Poeta, director del Instituto Cervantes y viudo de la escritora Almudena Grandes busca en el trabajo y en la poesía el bálsamo que mitigue su inmenso dolor

Luis García Montero, en una imagen de 2016
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Luis García Montero, en una imagen de 2016
Luis García Montero, en una imagen de 2016

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Miguel Lorenci. COLPISA. Madrid

Publicado el 19/12/2021 a las 06:00

Almudena Grandes era atlética, rojiblanca hasta la médula. Luis García Montero es un forofo del Real Madrid. En sus muchos años de convivencia, veían los derbis por separado para evitar choques y malos rollos.

"Pero el minuto de silencio que el Atleti guardó por Almudena me partió el alma" dice con la voz quebrada y los ojos húmedos Luis García Montero (Granada, 63 años). Viudo de la escritora y director del Instituto Cervantes, vuelve al trabajo y se aferra a la poesía como un bálsamo reparador. 

Apenas tres semanas después de enterrar a su mujer, preside junto a la reina en San Sebastián la cumbre anual de directores del Cervantes que se inicia este lunes.

            

-¿Cómo está de ánimo? 

-Tirando. Me entretengo con los niños, que me cuidan mucho, y con los amigos. Resolviendo cosas familiares y utilizando el trabajo para estar ocupado. Confiando en el poder balsámico del tiempo para que acabe con el dolor. En una situación tan inconsolable, el cariño que ha despertado Almudena entre la gente ha sido espectacular. Agradezco las palabras dichas con cariño y oportunidad. Es mentira que falten las palabras para expresar las emociones. 

-Y eso que hubo sectores que ignoraron su muerte.

            

-Sí. No se me ocurrió que el alcalde de Madrid o la presidenta de la Comunidad aparecieran ni por el tanatorio ni en el entierro. No los eché de menos. Cuando lo leí en la prensa, pensé que, políticamente, se trataba de un enorme mezquindad. 

-¿Le gustaría una calle Almudena Grandes en Madrid? 

-Sí. Y la tendrá, a pesar de que Vox y el PP votaron en contra de nombrarla hija predilecta. Frente a ese desaire, el cariño de los amigos, los medios, e incluso en las redes, me desbordaron. Tampoco es verdad eso de que no hay consuelo. En épocas de tanta oscuridad, el cariño hacia Almudena demuestra que la vida y la honestidad tienen sentido. Es un punto de luz. Vivimos en una sociedad vertiginosa y apasionada, con espacios que dan miedo, porque no son propios del respeto. Pasa con las redes sociales, pero ha habido poquísimos desplantes y salidas de tono en las redes o en el fútbol.

            

-Y lo aprecia un madridista acérrimo, casado con una Atlética de pro.

            

-Soy muy futbolero, y cuando el Atleti guardó un minuto de silencio por Almudena en su estadio, me emocionó enormemente. Conozco el paño y sé lo que supone un minuto estricto de silencio sin que ningún ultra gritara ni insultara a Almudena. Soy un niño de provincias con doble militancia. Mi equipo es el Granada Club de Fútbol y, entre los grandes, el Real Madrid. Almudena siempre decía que eso demostraba que el fútbol tampoco es tan importante. Ella era una atlética apasionada, pertenecía una peña y veía todos los partidos.

            

-En los derbis ¿saltaban chispas en casa?

-No. Cada vez que había uno nos separábamos. Yo lo veía en casa de algún amigo, y según quién ganará o perdiera, al volver a casa, el que estaba en la cama se hacía el dormido y no pasaba nada. El último año vi muchos partidos del Atlético con ella. Al principio por una decisión razonable, pero después de corazón, quería que ganará el Atlético. Sabía lo que significaba para ella en un momento tan difícil llevarse un alegrón. Así que ese minuto de silencio lo llevo clavado en el alma. No se me olvidará.

            

-¿Leeremos la sexta y última entrega de sus 'Episodios de una guerra interminable? 

-No. 'Mariano en el Bidasoa' está inconcluso. Almudena lo dejó en barbecho para escribir otra novela que se le cruzó, que tenía que ver con la pandemia y que sí dejó prácticamente acabada. Tengo una libreta con las indicaciones y tres posibles títulos. Con frecuencia nos consultábamos sobre los títulos de nuestros libros. Pero esta vez espero ayuda de nuestro amigo Juan Cerezo, editor de Tusquets, sello al que Almudena siempre fue fiel. Juan fue un faro para ella, para corregir pruebas y ofrecer sugerencias.

            

-¿Ha escrito poemas en estos meses? 

-Sí. Durante todo el proceso. En el año y dos meses que duró la enfermedad escribí muchos. Y en estos días he escrito alguno reflexionando sobre el significado de la muerte. Tenía claro que la muerte no iba a suponer un misterio metafísico, pero me he llevado la sorpresa de que la muerte es un animal doméstico que hace mucho daño.

            

-Y genera una ausencia y un enorme vacío.

            

-Sí. Cuando paso ante la puerta del despacho de Almudena, creo que la veré tecleando en su ordenador y veo su butaca vacía. Cuando voy a ducharme y veo solo una toalla en el perchero del baño en lugar de dos. El otro día, al llegar al hotel en Dakar, tras inaugurar la sede del Cervantes, eché mano al teléfono para llamarla. Se te rompe el corazón al comprender que no podrás llamarla nunca. Más qué con misterios metafísicos, eso tiene que ver con una vida cotidiana que se complica.

            

-A pesar de tanto dolor, celebra sus 30 años de convivencia.

            

-A menudo nos decíamos que hay gente que tiene la mala suerte de vivir y morir sin haberse enamorado nunca. He tenido la suerte de vivir casi 30 años con ella, desde que en 1992 la conocí en uno de los encuentros de Verines que organizaba Víctor García de la Concha. Tuvimos los jaleos de todas las parejas, siempre desde el respeto absoluto a nuestra libertad. Pero ahora, repasando fotos anécdotas y situaciones, celebro la suerte de compartir tantos años amparados por un amor que es difícil tener la suerte de conseguir.

"Fichan a nuestros profesores como si fueran futbolistas"

La reina Letizia inaugura este domingo la reunión de directores del Instituto Cervantes, encuentro que el año pasado impidió la pandemia. Creada hace 30 años y presente hoy en 47 países con 88 centros, la institución mira al futuro con confianza y asume sus desafíos. "Los españoles no son plenamente conscientes del valor y la importancia de nuestra lengua, que tiene una salud robusta y que está dando la batalla en internet.

Pero no debemos ser autocomplacientes", dice Luis García Montero. Recuerda que en el mundo hay 24 millones de estudiantes de español, pero lamenta que en algunos lugares "los centros privados nos roban los profesores". "Tienen mucho prestigio y les hacen ofertas que duplican sus sueldos. Los fichan como si fueran futbolistas", explica.

La cumbre se celebra por primera vez en el País Vasco y por segunda un territorio bilingüe. "Trabajamos en favor del español, del gallego, del catalán y del vasco, evitando que algo tan importante como la lengua se manipule políticamente", dice García Montero. 

"Es lamentable que haya coyunturas políticas que faciliten el desprecio hacia la lengua española. Queremos poner el valor la pluralidad lingüística como riqueza", agrega. Se queja de los recortes que se llevaron un 40% de su presupuesto en los últimos años "hasta quedarse en 170 millones para todo, casi la mitad de autofinanciación. 

El Instituto Goethe, fundado en 1951, cuenta con 350 millones, y la Alianza Francesa, creada a finales del XIX, tiene 300 millones y dedicará otros 300 solo para África", compara.

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