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Música

Pamplona, una ciudad entregada a la música

La musicóloga Rebeca Madurga retrata la intensa vida musical de la capital navarra a mediados del siglo XIX. En su nuevo libro traza el mapa sonoro de la ciudad y profundiza en la situación profesional de los músicos, entre otros muchos aspectos

Banda de música militar tocando en el quiosco de la Plaza del Castillo
Banda de música militar tocando en el quiosco de la Plaza del Castillocol. arazuri /archivo municipal de pamplona
Publicado el 09/11/2021 a las 06:00
Desde el inicio del reinado de Isabel II (1833) hasta el final de la tercera guerra carlista (1876), Pamplona presentó un “rico y variado” panorama musical. Así lo recoge el libro Música y músicos en un espacio urbano. Pamplona a mediados del siglo XIX, elaborado por la musicóloga Rebeca Madurga a partir de su tesis doctoral y publicado ahora por el Gobierno de Navarra.
Después de años de trabajo y “muchas horas de archivo”, la autora ha trazado la geografía musical de Pamplona, describiendo el mapa sonoro de la ciudad. La investigación analiza la vida musical de la capital navarra desde una perspectiva que relaciona las dinámicas musicales, institucionales e individuales con el espacio urbano y la vida económica y política a mediados del siglo XIX. “No se estudia la música de forma aislada, sino cómo interactúa y cómo depende de la economía o de la política”, apunta Madurga.
Más allá de las grandes figuras musicales que surgieron en Navarra -como Emilio Arrieta, Pablo Sarasate, Julián Gayarre, Hilarión Eslava, Joaquín Gaztambide o Dámaso Zabalza-, Madurga ha centrado su atención en todos aquellos protagonistas “que son quienes verdaderamente dinamizaron la actividad musical de Pamplona en la época isabelina”.
La autora considera este periodo de especial interés por dos motivos: “La importancia de la vida musical en Pamplona durante estos años es fruto de la estabilidad política del país, que dio lugar a una económica próspera y a un posterior interés generalizado de la sociedad por la cultura y la búsqueda de nuevas formas de ocio, concentrado hasta entonces en las fiestas de San Fermín”.
“No solo fueron importantes los compositores, sino también los docentes, los comerciantes y todos aquellos músicos que desarrollaron su actividad en Pamplona, así como el tipo de público que impulsaba estas prácticas musicales”, enumera.
Entre los numerosos personajes que cita en su libro, Madurga destaca dos nombres: Joaquín Maya y Mariano García. “Fueron importantes por su actividad y por su presencia en la mayor parte de las instituciones musicales de la época”. Sobre Joaquín Maya, señala que era una figura “prácticamente desconocida hasta hace bien poco”.
El compositor tiene una calle dedicada a su nombre en el barrio de Azpilagaña, “y en la placa de esa calle se puede ver que la fecha de su nacimiento es errónea”, apunta Madurga.
En su investigación, la autora destaca el interés de los consistorios liberales por impulsar el desarrollo cultural, apoyando económicamente al Orfeón Pamplonés o creando instituciones como la Academia Municipal de Música o la Escuela de Música de la Casa de Misericordia. También se reseña el papel de personalidades destacadas que impulsaron el desarrollo musical de la ciudad, alentando la creación de sociedades culturales como el Liceo Artístico y Literario, el Ateneo Científico y Literario o el Orfeón Pamplonés.
Madurga también ha rescatado partituras “inéditas”, como el himno a la Diputación de Navarra que compuso Joaquín Maya, así como de otros compositores “que quedaron eclipsados por las grandes figuras de Navarra en esta época”.
La autora dedica gran parte de la obra a los músicos, detallando sus modos de vida, formación y sus relaciones con otros profesionales. Algunos de los trabajos más frecuentes eran los de miembro de la orquesta del Teatro Principal, profesor en una institución pública, compositor o miembro de la capilla de música catedralicia y, en menor medida, otros como propietario de editorial o de un almacén de música, pianista, afinador de pianos, músico de banda, gaitero o txistulari.
Madurga profundiza también en la situación profesional de los músicos: “Casi un 80% de los músicos que he podido cotejar eran pluriempleados que trabajaban en diferentes ámbitos. Ese pluriempleo también representa la versatilidad del músico: lo mismo estaban tocando música religiosa en la Catedral como valses o jotas en una sociedad, en un café o en la calle”, detalla. También ha analizado sus sueldos: “Unos cobraban más que otros porque habían ganado más prestigio o tenían un puesto más relevante”.
A Madurga le llamaron especialmente la atención las relaciones “de amistad y enemistad” que había entre los músicos, “y cómo esa amistad les llevaba a conseguir puestos de trabajo”. Una de las personalidades más influyentes fue Mariano García: “Todos sus amigos tenían acceso a la Catedral porque García era el ojito derecho del Cabildo”, asegura.
Por otro lado, hasta que se realizaron las primeras oposiciones públicas, la Escuela Municipal de Música seleccionaba una terna de candidatos que se presentaba al Ayuntamiento de Pamplona. “Al final, el Ayuntamiento tenía la última palabra para designar a un profesor. Ahí también influían la filiación política de turno o las relaciones de amistad”.

Rebeca Madurga: “El modelo de concierto era más abierto y variado”

Rebeca Madurga, posando este lunes con su libro en el Archivo
Rebeca Madurga, posando este lunes con su libro en el Archivojesús caso
¿Pamplona fue una de las ciudades españolas más activas musicalmente a mediados del XIX?
Haría falta un estudio comparativo con otras capitales españolas, pero Pamplona era un punto crucial para las compañías teatrales europeas que hacían ópera y para los músicos que viajaban hacia Madrid. Por ejemplo, el número de localidades del Teatro Principal (1.200) era mayor que en los teatros de otras ciudades españolas. La creación del Teatro Principal fue una muestra del interés por traer espectáculos de ópera a Pamplona. Luego, en la década de los 50, despuntó la zarzuela. En la calle Comedias estaba el Teatro Comedias, pero era muy pequeñito. Hasta que no se construyó el Principal, en 1841, la ópera solo se podía escuchar de forma fragmentada.
Si ponemos nombres a la banda sonora de la Pamplona del XIX, ¿quiénes fueron los compositores de más éxito?
Sobre todo triunfaban los italianos: Verdi, Rossini, Donizetti, Bellini, Mercadante... Había un abanico más amplio que en la actualidad. Hubo una zarzuela de Oudrid que entusiasmó al público: El molinero de Subiza. Se había estrenado en Madrid, y en Pamplona tuvo un éxito enorme por su temática, por esa exaltación del Reino de Navarra en un contexto político en el que se promulgó la Ley Paccionada. De los compositores italianos, los más escuchados eran Rossini y Donizetti.
Entonces se programaban conciertos “misceláneos”. ¿En qué consistían?
Era un modelo de concierto muy diferente al de la actualidad, mucho más abierto y variado. Podía haber una sinfonía o una obra pequeña instrumental, pero luego incluía música vocal, instrumental, fragmentos de ópera y también números de baile, como jotas u otros bailes folclóricos. También se mezclaba la música religiosa con la profana.
En cuanto a la enseñanza musical, se trasladó del ámbito religioso al laico, con el nacimiento de la Escuela Municipal de Música de Pamplona, que sí admitía a niñas.
Sí, pero las niñas solo estudiaban solfeo, canto y piano. Dentro de los círculos aristocráticos y burgueses, estaba bien visto que una mujer supiese cantar y tocar el piano para animar las veladas, pero las mujeres no tocaban instrumentos de viento porque deformaban la cara. Por otro lado, el acceso a la educación musical pública permitió la incorporación de las mujeres al ámbito laboral, concretamente a la docencia musical. En Pamplona, en 1910 tenemos el primer caso de una mujer contratada como profesora. La Escuela Municipal también fue importantísima para incorporar a las niñas de clases sociales más desfavorecidas, donde no había acceso a la educación musical. Fue muy trascendente desde el punto de vista social.
En la vida musical de Pamplona también destacaron figuras como la de Conrado García, propietario de un almacén musical.
Se generó un comercio importante para responder a la demanda musical, sobre todo por parte de la burguesía liberal, que adquiere partituras para las veladas de sus salones y compran pianos y armonios para tenerlos en sus casas.
En Pamplona se implantó el hábito del ‘paseo de las doce’, que estaba amenizado por música.
El hecho de que se programase música en la calle facilitó que todo el mundo tuviese acceso a ese ocio musical. Tocaban bandas de música, sobre todo las militares. A veces olvidamos el papel de ese personal militar que estuvo enclavado en Pamplona. No solo guarnecían la ciudad por las guerras carlistas, también tuvieron una importante influencia en el devenir musical de Pamplona. Las bandas militares animaron las calles en esos conciertos musicales que tenían lugar en la calle Estafeta, exactamente en el cruce con la Bajada de Javier. También se hacían conciertos en los portales de la Diputación, en el quiosco de la Plaza del Castillo, en el paseo de Valencia y en el quiosco de la Taconera.

DNI

​Rebeca Madurga Continente Nacida en Zaragoza en 1982, creció en Cortes. Titulada en Musicología por el Conservatorio Superior de Música de Navarra (2006) y licenciada en Historia y Ciencias de la Música por la Universidad de La Rioja (2009), es doctora en Artes y Humanidades por la UPNA. También ha realizado el posgrado de Estudios Avanzados de Historia, Espacio y Patrimonio en la UPNA (2012). Ha publicado varios trabajos de investigación, entre ellos Joaquín Maya: un paradigma del músico decimonónico. Trabaja como profesora en el Departamento de Musicología del Conservatorio Superior de Música de Navarra. Está casada y tiene tres hijos.

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