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500 aniversario

Tres navarros formaron parte de la expedición de Magallanes y Elcano que dio la primera vuelta al mundo

Un grumete de Pamplona, un vigía de Tudela y el merino de la ‘Victoria’, de Peralta, se embarcaron en 1519 en la expedición de las especias, comandada por Fernando de Magallanes. La singladura acabó rodeando el globo terráqueo

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La réplica de la Nao Victoria visita el puerto de Alicante del 28 al 31 de marzo





04/02/2019
Réplica de la nao ‘Victoria’, que contó con dos navarros en su tripulación y con la que Juan Sebastián Elcano completó la primera vuelta al mundo en 1522Europa Press
Publicado el 27/10/2021 a las 06:00
Hace 500 años, dos potencias disputaban el control de los océanos. Desde 1494, con el Tratado de Tordesillas, una divisoria repartía las zonas de expansión de España y Portugal en un mundo de novedades tras los últimos descubrimientos y las expectativas que empujaban un día sí y otro también a zarpar desde Sevilla y Lisboa a expediciones con marinos llenos de sueños de fortuna. Las ilusiones de gloria y distinción se alimentaban del asombro que aportaban los navegantes con éxito tras sortear la temeridad del Atlántico y señalar, por sus descubrimientos, una nueva referencia geográfica en un mapa mundi aún lejano de su perfil esférico. El alcance del Cabo de Buena Esperanza en 1488 por Bartolomé Días o el hallazgo del nuevo mundo de Cristóbal Colón cuatro años después, significaron dos hitos en un tiempo de hazañas que lograban renovar ánimos y empujar a sucesores en busca de aventuras y tierras ignoradas por Europa.
Fernando de Magallanes, explorador y navegante portugués con conocimientos en naútica y cartografía y la experiencia de haber surcado los mares hasta la India, buscó la alianza del monarca de su país para trazar nuevas rutas hacia Oriente. En dos ocasiones, obtuvo por respuesta la negativa a un empeño que le corroía sus entrañas como buen marino que escruta el horizonte sin que desaparezca de su mente la idea de avistar nuevas tierras. Resignado a la imposibilidad de lograr respaldo en su nación, trató de saciar su sed de aventurero en España.
En la difícil singladura de las gestiones, su nuevo rumbo llegó, en esta ocasión, a buen puerto. Había interés en la monarquía de Carlos I de encontrar una ruta alternativa para llegar a Oriente a través del oceáno Atlántico. En el comercio de las especias, que confiaba prosperidad a la nación que lograba encontrarlas, la oposición de Portugal se concretaba en una extrema vigilancia de la costa africana. Magallanes estaba convencido de la existencia de un paso al sur de la costa sudamericana para llegar a la India por occidente.
La confluencia de intereses -de una parte, el afán aventurero de Magallanes; y de otra, el deseo de control y de provisión de especias de España- asentó las bases de un destino: las islas Molucas, en el archipiélago de Indonesia.
El intrépido navegante portugués, -al que textos de historia referidos en la web www.rutaelcano.com, presentan como un hombre “de fuerte carácter, espartano, autoritario, ferviente creyente y valiente hombre de armas”-, recibió de Carlos I el cargo de Capitán General de la Armada de la Especiería.
En relatos recuperados en Sevilla de documentos originales, con motivo del 500 aniversario de la primera vuelta al mundo, se sabe con exactitud la tripulación de cada barco confiado por Carlos I: “Información hecha a instancias de Fernando de Magallanes y Relación de la gente que llevó al descubrimiento de la Especiería o Maluco en su armada, que constaba de cinco naos: 1ª. Trinidad, con 62 personas; 2ª. San Antonio, con 57 personas; 3ª. Concepción, con 44 personas; 4ª. Victoria, con 45 personas y 5ª. Santiago, con 31 personas. En total, 239 personas”.
EL VIGÍA DE TUDELA
Entre los tripulantes de las cinco naves, destinadas a correr distinta suerte en una de las epopeyas de la historia marítima, se encontraban tres navarros. El pamplonés Juan Navarro embarcó como grumete en la Concepción. Diego de Peralta, de esta localidad, como el tudelano Lope Navarro se enrolaron en la Vitoria o Victoria, la única de las cinco embarcaciones que completó el periplo al globo terráqueo bajo la capitanía del guipuzcoano Juan Sebastián Elcano. A Lope Navarro le fue encomendada la tarea de vigía, mientras que a Diego de Peralta se le asignó la función de merino o alguacil.
La gran aventura comenzó para ellos y sus compañeros el 10 de agosto de 1519. Separadas incluso por días de diferencias, las cinco naos rompieron amarras y remontaron las aguas del río Guadalquivir para reunirse en Sanlúcar de Barrameda, donde permanecieron fondeadas hasta el 20 de septiembre. Una travesía de seis días, situó a la flota en Tenerife, como paso intermedio en su escala en el continente americano. Bahía de Sepetiba, entre Río de Janeiro y Sao Paulo, en Brasil; y después Río de la Plata, marcaron los siguientes trazos del cuaderno de bitácora.
Los problemas comenzaron a arreciar en el Puerto de San Julián, en Argentina, por una decisión de Magallanes de permanecer atracados 148 días. Se produjo un conato de sublevación, encabezado por oficiales españoles y sofocado con la reprimenda de la condena a muerte de Gaspar de Quesada, capitán de la nao Concepción. Resuelto el embrollo, los inconvenientes no cesaron: “La nao Santiago, al mando de Juan Serrano, portugués y posiblemente primo de Magallanes, había sido enviada a explorar algo más al sur mientras los demás permanecían en el Puerto de San Julián. Al parecer encalla estando anclada por la gran oscilación de la marea, perdiéndose la nave” (www.rutaelcano.com).
Los contratiempos fueron acumulándose, con la pérdida de una segunda unidad en la flota. Magallanes ordenó como avanzadilla a la San Antonio y la Concepción explorar la sucesión de pasos y bahías que iban abriéndose entre márgenes en el cono sur de América. En realidad, se adentraron por el entramado que hoy se conoce como Estrecho de Magallanes. El precio a su descubrimiento fue la deserción de la nao San Antonio.Sin su presencia, las aguas del Pacífico recibió a la expedición española reducida a tres embarcaciones. Hubo intentos de buscar resguardo en el litoral de Chile, como también el error de adentrarse mar adentro sin la prudencia de renovar el avituallamiento. En travesías de larga duración, una decisión de tal calado acababa pasando factura en forma de enfermedades, como el escorbuto. Si no fueron sus estragos, por falta de alimentos frescos, alguna que otra dolencia puso fin en el Pacífico a la travesía de Diego de Peralta. Su muerte quedó fechada el 1 de enero de 1521.
Las condiciones de navegación pasaron a ser favorables, no así la fortuna de toparse con pequeños islotes -uno de ellos al que llamaron de los Tiburones, por estar infectadas sus aguas de escualos- con dificultades para fondear y reponer víveres. Retomado el rumbo, con pesar en la moral, las fuerzas debilitadas y la amenaza del escorbuto, el 6 de marzo de 1521 el tudelano Lope Navarro alzó la voz al avistar tierra. En la lontananza distinguió una línea que distorsionaba la monotonía del mar. La hoy isla de Guam, poblada como estaba de nativos, se descubrió ante sus ojos. Mermada su capacidad de defensa, la tripulación no opuso resistencia excesiva a las continuas tentativas de sustracción de los autóctonos. De ahí que la isla acabase siendo bautizada como de Los Ladrones.
Los archipiélagos de Filipinas marcaron la siguiente escala de la aventura, con tal infortunio en su devenir que fue aquí donde Magallanes encontró la muerte. Su intento de reponer la actitud desafiante de un rey local le costó. Supuso un primer episodio no menos desolador para la cada vez más reducida dotación como el que acabó con otros 26 tripulantes engañados en un banquete convertido en una emboscada.
RELEVO EN EL MANDO
El parte de bajas fue notorio al punto de reducir la tripulación a “116 o 117 hombres” (www.rutaelcano.com). Sin suficientes medios para gobernar tres naves, se impuso la decisión de quemar la Concepción. Los cambios afectaron a la jerarquía de mandos. Se produjeron dos relevos en la capitanía general, y Juan Sebastián Elcano pasó a comandar la nao Victoria.
Entre pérdidas y confusiones, prevaleció un único objetivo: alcanzar la isla de las Molucas y llenar las bodegas de la tan preciadas especias antes de regresar a España. Definido el fin, y cuando habían recalado en la isla Tidore con fortuna en la provisión de clavo, la nao Trinidad comenzó a avanzar con dificultad. Su reparación se antojaba necesaria en medio de la premura de alcanzar el destino de las Molucas bajo la amenaza que suponía el aviso recibido en Tidore de la presencia cercana de los portugueses. En esa tesitura no hubo mejor decisión que dividir el menguado contingente. Mientras la Victoria, bajo el mando de Juan Sebastián Elcano ponía rumbo a las Molucas, la Trinidad aguardaba a ser reparada de la boca de agua abierta en su casco que amenazaba con mandarla a pique. El destino fue cruel con sus 55 hombres -entre ellos el pamplonés Juan Navarro- que reemprendieron el rumbo por el Pacífico hacia Panamá. El azote de una tormenta y el alcance posterior por parte de los portugueses certificaron su penuria.
Sola la Victoria, llegó a las Molucas y pudo proveerse de especias. El viaje de regreso descubrió la astucia de Elcano para evitar en lo posible las rutas portuguesas y, con ello, el enfrentamiento del enemigo de la corona a riesgo de perder en una refriega el resultado de una empresa tan costosa en años como en vidas. En una misión poco menos que suicida, alejado en lo posible de las costas con la incertidumbre e inseguridad que eso suponía, empeñó su vida y la de sus hombres en una apuesta acertada. El premio de su atrevimiento no era cosa cualquiera: rodear el mundo. Justo tres meses antes de que 18 tripulantes completasen la hazaña en Sevilla, falleció Lope Navarro, el tudelano que avistó la isla de Guam. Extenuados, sus compañeros de mayor fortuna llegaron a buen puerto el 8 de septiembre de 1522. Descendieron de la nao con un cirio en la mano. El mundo era redondo.

Los navarros de la epopeya

JUAN NAVARRO
Grumete, natural de Pamplona. Hijo de Juan de la Raga. Originalmente embarcado en la Concepción, cuando ésta se deshizo pasó a la Trinidad. Sueldo 800 maravedís por mes. Recibió cuatro meses adelantados, 3200 maravedís. Intentó regresar a bordo de la Trinidad por el Pacífico. Volvió a las Molucas donde fue apresado por los portugueses. Murió en un junco saliendo de las Molucas hacia Malaca, el 1 de febrero de 1523.
DIEGO DE PERALTA
Merino de la Victoria. Hijo de Juan de Gonia (o Juan de Goñi) y Juana Deza (o Juana de Leza o Eza), vecinos de Peralta. Sueldo de 1.000 maravedís por mes. Recibió adelanto de cuatro meses, 4.000 maravedís. Falleció 1 de enero de 1521, en la travesía del Pacífico, 64 días antes de llegar a la isla de Los Ladrones, por enfermedad.
LOPE NAVARRO
Marinero, hijo de Lope de Aguirre y Juana de Aguirre, vecinos de Tudela. Fue y regresó en la nao Victoria. Falleció el 8 de junio de 1522, en el Golfo de Guinea, en su regreso a bordo de la Victoria.
El viaje de Magallanes y Elcano
El viaje de Magallanes y ElcanoDiario de Navarra
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