Cine
Pamplona rememora sus tiempos de cine
El Gayarre conmemoró los 125 años de la primera sesión cinematográfica


Publicado el 25/10/2021 a las 06:00
Su nombre era Alberto Durán. Se había comprado un cinematógrafo, y viajaba por todas las ciudades mostrando esta “maravillosa invención de Edison” con la que proyectaba varias minipelículas de apenas un minuto de duración cada una.
A finales de octubre de 1896, Durán recaló en Pamplona con aquel artefacto llamado “kimenatógrafo”. Alquiló el antiguo Teatro Principal, ubicado en la Plaza del Castillo, y durante cinco días (del 24 al 28) ofreció hasta cuatro sesiones vespertinas en las que proyectó ocho minipelículas. El público pagó una peseta para asistir a esas primeras proyecciones de cine. En aquella época, una pesetaera lo que costaba la suscripción a un periódico durante un mes.
Cada sesión duró apenas 10 minutos, con la proyección de ocho títulos, la mayoría procedentes del catálogo de los hermanos Lumiére. Esos mismos ocho títulos se volvieron a ver ayer por la tarde en el Teatro Gayarre, en una sesión especial y conmemorativa de esta efeméride. Durante hora y media, 400 compartieron un viaje nostálgico en el que se hizo un completísimo recorrido por la historia de Pamplona desde el nacimiento del cinematógrafo hasta la llegada de los multicines.
Alberto Cañada, responsable de la Filmoteca de Navarra, fue el encargado de presentar el programa de esta sesión tan especial, que se dividió en tres actos. Sobre el escenario, Javier Asín amenizó las proyecciones con música de piano en directo, emulando a aquellos pianistas que amenizaban las sesiones de cine mudo.
LA PAMPLONA DEL SIGLO XIX
La primera parte del programa, que duró veinte minutos, consistió en una sucesión de imágenes fijas de la Pamplona de finales del siglo XIX, acompañadas de textos escritos por el historiador pamplonés Juan José Martinena. Las fotografías procedían de fondos como el Archivo Municipal de Pamplona, el Archivo General de Navarra o del historiador José Joaquín Arazuri.
En 1896 Pamplona contaba con apenas 30.000 habitantes que vivían en lo que actualmente sería el Casco Antiguo de la ciudad. Ocho años antes se habían derribado los dos baluartes interiores de la Ciudades para facilitar la construcción del Primer Ensanche. El Teatro Principal, por su parte, había abierto sus puertas en 1841 en la Plaza de la Constitución (actual Plaza del Castillo). En 1903 cambió su nombre por el de Teatro Gayarre, que en 1932 se trasladó a la Avenida Carlos III, a cien metros de su ubicación original.
En esta primera parte de la sesión conmemorativa, el público viajó a aquella Pamplona decimonónica en la que circulaban las diligencias que partían hacia las capitales de provincias vecinas. Desfilaron imágenes ya desaparecidas, como la de la primera Audiencia Territorial, el Hospital Provincial (donde hoy se ubica el Museo de Navarra), la antigua Casa de Misericordia (situada entonces en el Paseo de Valencia) o la Plaza de Toros que se encontraba detrás del Teatro Principal, y que fue destruida por un incendio en 1921.
Te puede interesar

La segunda parte de la sesión estuvo dedicada a la proyección de las películas que se vieron aquel 24 de octubre de 1896: Una pelea de negros; Una fragua en la que se ve el martillear del hierro; Un paso de coches en el que los carruajes pasan a trote; Un campo de labradores; Una playa, una barca por el mar y unas niñas con su madre; El baile de la ‘serpentina’ cambiando de color el traje tal como se representa en el teatro; Los boulevares de París con su aglomeración de gentes y chiches que van y vienen y La llegada de un tren a la estación con la salida y entrada de viajeros.
Todas las películas se proyectaron en blanco y negro, excepto la del baile de la ‘serpentina’. Alberto Cañada explicó que se trataba de una película coloreada. “Estas películas se pintaban a mano, fotograma por fotograma”, detalló. “El cine en color existió desde el primer día, ustedes han sido testigos”, comentó a los espectadores del Gayarre.
HOMENAJE A LAS SALAS DE CINE
Tras visionar los ocho títulos que se proyectaron en 1896, Cañada presentó el tercer acto del programa, que también se convirtió en otro ejercicio de nostalgia que llegó a todas las generaciones presentes en la sala. Con el título Evocación de los cinematógrafos pamploneses (1896- 2021), esta tercera parte se convirtió en un homenaje a los principales salones cinematográficos de Pamplona que iniciaron y han mantenido hasta hoy la exhibición de películas como elemento de distracción, negocio y difusión cultural. Esta evocación nostálgica llevó al público a las barracas de feria en San Fermín, a locales del Primer Ensanche, a salones parroquiales y de colegios o a las distintas salas de cine que ha habido en la ciudad: desde la cancha del frontón Euskal Jai al distinguido Cinema Príncipe de Viana.
La época álgida de los cines de barrio en Pamplona tuvo lugar en la década de los cincuenta y la primera mitad de los sesenta, con el surgimiento de numerosas salas (entre ellas, Chantrea, Amaya, Rex, Guelbenzu, salón Loyola o cine club Lux) que precedieron a la llegada de los multicines en los años 80.
La sesión, que tuvo una gran carga emotiva, concluyó con una selección de momentos memorables de la historia del cine, realzados con la música de bandas sonoras tan memorables como la de Cinema Paradiso.