Exposición
Carlos Purroy: hierro, madera y emoción
El escultor pamplonés celebra 25 años de trayectoria con una muestra en el Condestable. Sus obras, de estilo sobrio, nacen de reflexiones o de observar la naturaleza, sin renunciar al sentimiento
Publicado el 05/09/2021 a las 06:00
Autor de obras monumentales como Sentimiento, un homenaje a la afición de Osasuna que se eleva junto al estadio de El Sadar; Viento poderoso, en la planta de Gamesa en Aoiz o Detente, ubicada en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas (Madrid), el escultor pamplonés Carlos Purroy celebra sus 25 años de trayectoria artística con una muestra retrospectiva en la Sala Gótica del Palacio del Condestable.
En 2001 realizó su primera exposición en la Casa de Cultura del Valle de Aranguren. Después, su obra ha recorrido diversos lugares -entre ellos el Palacio de Cristal de la Casa de Campo (Madrid), el Museo de la ONCE o el Museo Marítimo de Bilbao-, pero le hace especial ilusión “exponer en mi ciudad, en Pamplona, y concretamente en esta Sala Gótica”.
“Con su madera y su piedra, es el marco idóneo para esta retrospectiva. Creo que acompaña muchísimo a mi obra, donde la frialdad del hierro se complementa muy bien con la calidez de la madera”, considera Purroy. En esta retrospectiva, inaugurada el pasado viernes, ha reunido una veintena de esculturas, incluyendo algunos murales como Mestizos o Vida animal. Ex jugador de Osasuna y del Athletic de Bilbao, cambió el cuero del balón por el hierro de sus esculturas, tal como él mismo definió en Del cuero al hierro, título del libro autobiográfico que publicó en 2018.
Purroy se fue forjando como artista de manera autodidacta. Dibujaba desde niño, y durante su adolescencia se curtió en el taller de piezas mecanizadas de su padre. Allí se familiarizó con los olores, la textura y la dureza del hierro, un material esencial en su obra escultórica, junto con la madera.
Cuando firmó por el Athletic, con 19 años, también se apuntó a una escuela de arte y diseño. La prensa bilbaína le definió como un jugador “obsesionado con el arte”. Mientras sus compañeros se iban al cine o a discotecas, él prefería visitar a alfareros y artesanos para mirar y aprender. Y cuando estaba cansado de los partidos de fútbol, se dedicaba a modelar.
Durante su etapa en Bilbao también admiró las obras de Basterretxea, Chillida, Oteiza o Ibarrola. De ellos le atrajo su sobriedad. Cuando colgó las botas en 1990 y tocó reinventarse, lo tenía claro: quería volcarse en la escultura.
“Me considero un artista conceptual, en el sentido de que busco la esencia de las cosas”, explica. “Pretendo hablar con las manos e intento descubrir, plasmar, ver y tocar una idea que ni se ve ni se toca”. Tal como explicó el pasado viernes en el Condestable, “he intentado con esfuerzo el modelar mis obras, pero también el estudiar la luz, el color y las formas”. Todo ello con el objetivo de estimular “las sensaciones, pasiones y emociones artísticas” que están “escondidas y dormidas” en el espectador.
Buena parte de las obras que presenta en el Condestable han salido de su estudio de Mutilva, donde reside desde hace 35 años, mientras otras pertenecen a colecciones particulares.
En esta muestra también ha incluido la versión a pequeña escala de Detente, escultura inspirada en una fotografía captada durante un entrenamiento en Lezama, cuando la mano del portero José Ángel Iríbar detuvo un intento de gol. “Es una foto fabulosa. Siempre me gustó esa mano, ese último esfuerzo de parar el balón”, recuerda.
Aparte de Detente, la única escultura de la exposición que remite al mundo del deporte es Avance, inspirada en la silueta del Circuito de Los Arcos. “Se me ocurrió la idea y la propuse, y de ahí surgió el encargo de realizar un trofeo. Me gusta tener iniciativa. Hay proyectos que no salen, pero este salió”, cuenta.
NATURALEZA INSPIRADORA
Gran amante de la naturaleza, Carlos Purroy también recurre a ella como fuente de inspiración. Lo demuestra en obras como Paisaje cultivado, una combinación de madera granallada y acero.
“Es un paisaje típico de la Cuenca de Pamplona, con la sierra del Perdón. En primavera, si sale el día claro, los montes se ven de color azul marino oscuro”, comenta. En esta obra plasma la variedad de colorido del campo: el verde de los cultivos de trigo, el amarillo de la colza y el rojo de la amapola. “Esa combinación me gustó mucho. Luego se me ocurrió crear un cielo tormentoso, pero que estuviera un poco vivo”.
Se puede observar una composición similar en Desierto de arena, donde moldeó la madera de cedro para crear la ondulación de las dunas de arena, también bajo un cielo tormentoso.
En ocasiones, Purroy ha encuentrado en plena naturaleza el material que le ha inspirado una escultura. Así le sucedió con Viejo encino desnudo: “Fue durante un día de pesca en el Irati, cuando estaban construyendo la presa de Itoiz. Vi un encino enorme, que estaba roto por los rayos. Había unos leñadores y me cortaron un trozo de madera bastante bueno. Quise hacerle un homenaje a aquel viejo encino que iba a acabar sucumbiendo a las aguas del pantano”.
En esta retrospectiva, Purroy vuelve a exhibir el mural Mestizos, que ya estuvo presente en el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela en una muestra colectiva realizada en 2002. En aquella ocasión, 45 artistas navarros plasmaron su idea sobre Europa. Purroy quiso reflejar la “mezcla de culturas, de personajes y de países”, detalla. Al mismo tiempo, en Mestizos representa las dos reacciones opuestas que pueden darse en el mestizaje: “el amor y la amistad” frente a la “violencia y el choque de culturas”, representadas mediante una patada y un manotazo. Se trata de una escultura-puzzle de elaboración compleja, donde fue ensamblando las piezas que representan a los diferentes personajes: “Tuve que darle muchas vueltas. Fue una combinación de paciencia y lucidez”. La obra también se apoya en la convivencia y el contraste entre maderas tan diversas como el olivo, la acacia, el haya, el castaño, la bubinga, el encino, el iroco o la jatoba, entre otras. “Son maderas de todo el mundo: tropicales, europeas...”. En la exposición se puede contemplar otro mural-puzzle, Vida animal, donde coexisten una veintena de siluetas de animales, algunas de las cuales surgieron de forma improvisada. Realizado con ocho maderas distintas, “quiere reflejar la presión que sufren los animales por culpa del ser humano, porque poco a poco les vamos coartando su libertad”.

