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Cultura

Muere María Jesús Cabañas, decana de los actores navarros

Nacida en 1924, actuó en decenas de montajes y fue famosa por sus papeles de malvada en las “Cunas” y El Lebrel Blanco

Ampliar María Jesús Cabañas, caracterizada para Las brujas de Zugarramurdi
María Jesús Cabañas, caracterizada para Las brujas de ZugarramurdiCedida
  • Víctor Iriarte
Actualizado el 25/08/2021 a las 07:31
María Jesús Cabañas Ferrer, decana de los actores navarros, aplaudida por decenas de miles de espectadores a lo largo de su vida, falleció el pasado sábado a la edad de 97 años, después de haber participado en infinidad de montajes teatrales en Pamplona desde adolescente. Con amplias inquietudes artísticas, también cantó en el Orfeón Pamplonés y, en los últimos años de su vida, a los que llegó en un admirable estado físico y mental, cultivó la pintura y los telares artísticos.
“Cachuchi” Cabañas (Zaragoza, 1924) era una de los seis hijos de un matrimonio de aragonesa y madrileño, pero desde niña vivió en Pamplona. La familia tenía inquietudes artísticas, actuaba y cantaba en Zaragoza, y ella heredó sus cualidades. Comenzó muy joven haciendo teatro en el cuadro que la Madre Anunciata dirigía en el Servicio Doméstico (Colegio de María Inmaculada) con otras destacadas intérpretes como Anita Bueno (creadora años después de la compañía de marionetas Retablo de Figurillas), las tres hermanas Sorbet o Teresita Pimoulier, entre otras, en muchas obras con música de piano interpretada por la madre de Pedro Osinaga.
Aprendió muchos recursos en aquellos montajes quincenales de “mujeres solo”, pues así eran los tiempos. El poderoso vozarrón de María Jesús Cabañas encauzó su repertorio, pues la escogían siempre para papeles de hombre. En una ocasión hizo de mujer y pilló tan desprevenido al público habitual, también exclusivamente femenino, que la silbaron.
Los chicos de Pamplona hacían teatro en “Los Luises” y en el Centro Mariano. En plena postguerra, desde 1944, solo había una posibilidad de actuar juntos sobre el escenario, en los montajes de cuentos infantiles del Padre Carmelo para la Institución Cunas. Dos tíos suyos carmelitas la introdujeron y de nuevo la voz la definió. Eduardo Bayona, director de aquellos recordados cuentos navideños, la escogía para hacer de bruja o madrastra. En un ambiente donde los actores presumen de aplausos cosechados, ella recibió el galardón que quizá mejor demostraba su buen hacer sobre el escenario: un niño en primera fila, enfadado con el malvado personaje que encarnaba Cabañas y las tropelías que cometía con Cenicienta (o Hansel y Gretel, o Picorete o …) le gritó ¡Puta! No cabe mayor elogio a su interpretación.
Con este bagaje llegó al equipo fundacional del grupo de teatro El Lebrel Blanco llamada por Valentín Redín. El elenco se presentó ante el público pamplonés en febrero de 1972 con El violín encantado, del Padre Carmelo, y las reseñas del momento ya la describen a ella, a María Jesús Artáiz y a Sagrario Domeño como las “expertas”. Con el mítico grupo participó en una decena de obras de teatro familiar y, cuando el grupo evolucionó hacia un repertorio adulto, “Cachuchi” Cabañas siempre estaba en el reparto de grandes títulos como Yerma, donde hacía de chica de pueblo; de reina de Francia en Nueve brindis por un rey, u otros en El retablo del Flautista, 1789, Mirandolina, Carlismo y música celestial, etc.
Reclamada por cualquier proyecto que necesitase una actriz de talento, también estuvo en producciones del Ayuntamiento de Pamplona como La ópera de cuatro cuartos, de Bertolt Brecht, y en el grupo de teatro Amadís de Gaula. En la película Las brujas de Zugarramurdi, de Alex de la Iglesia, (2013) tuvo un pequeño papel.
Cantó en el Orfeón Pamplonés desde 1940 bajo la dirección de José Antonio Huarte, Juanito Eraso y otros recordados directores. Era contralto, casi voz de bajo, recordaba.
Tristemente, la voz de María Jesús Cabañas se apaga este aciago 2021 junto a la de otros tres intérpretes históricos que subieron a las tablas con El Lebrel Blanco como Alfonso Mas, Carlos Arteaga y Félix Ansorena. Y su óbito se produce cuando apenas falta medio año para la celebración del 50 aniversario de la irrupción en los escenarios de El Lebrel Blanco, que todos esperaban ilusionados. Eran memoria viva y forman parte del patrimonio inmaterial de la ciudad. Así lo entendió el alcalde Enrique Maya, quien decidió financiar desde el Ayuntamiento de Pamplona los eventos que preparan los antiguos miembros de El Lebrel Blanco para dejar memoria de su impagable legado.
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