Concierto

Izaro: “La pandemia me ayudó a que me diera tiempo a vivir”

La cantante vizcaína actúa este sábado a las 21.30 horas en el ciclo ‘Noches de la Ciudadela’ con los temas de su último trabajo, ‘Limones en invierno’

Izaro, en una imagen promocional
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Izaro, en una imagen promocional
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Santi Echeverría. Pamplona

Publicado el 14/08/2021 a las 06:00

Izaro comenzó su andadura en 2016 y poco más de dos años después ya no era considerada como una “novedad” o una extraña avis en el mundo de la música por ser capaz de expresar mensajes con la misma profundidad y sensibilidad en euskera, castellano o inglés. A sus 28 años, es una realidad de la nueva música que se hace en el País Vasco, universal y sensible. Una artista que no ha parado de crecer exponencialmente -a pesar de la pandemia- y que en su nuevo trabajo, Limones en invierno (2020), hace una auténtica y poderosa demostración vocal por su expresividad y crecimiento de registro. Con una propuesta en la que mandan las canciones tanto en el estilo como en el idioma, y acercándose de nuevo al folk de mil influencias, Izaro nos abre a un mundo caleidoscópico, pleno de sensaciones y sentimientos. En el tema Invierno a la vista hace un fantástico dúo con Xoel López.

¿Cómo se encuentra ahora anímicamente con la gira de Limones después de sus varios aplazamientos y lo que costó ponerla de nuevo en movimiento?

Anímicamente estoy tranquila. Estoy feliz por poder estar girando. Pensábamos que no podría ser, y después de tantas cancelaciones y aplazamientos estamos disfrutando mucho de la gira. Pero estoy cansada. El ritmo es fuerte y no se me está haciendo nada fácil.

Estaba codeándose con el éxito, la carretera y los conciertos y de pronto llegó la pandemia…

Así fue. Y el encerrarnos no fue para mí la peor parte. Es más, diría que fue lo único bueno, porque pude descansar de verdad, cosa que llevaba sin hacer cerca de 5 años. Fue un descanso verdadero para dedicarme a habitar los segundos y que me diera tiempo a vivir. Lo peor para mí fue todo lo que vino después, la desescalada y la vuelta a una profesión castigada y que por mucho que lo intentáramos no volvía. El de 2020 fue un verano muy duro. Retomar la gira en octubre nos dio y nos devolvió la vida.

¿Se hizo muy duro desde el punto de vista creativo enfrentarse a la pandemia?

El encierro me hizo bien y me vino bien, porque verdaderamente pude desconectar y centrarme en vivir una vida analógica y anónima. No me dejó sin capacidad de crear, simplemente me dio un respiro al no tener que ser productiva, así que disfruté de mí misma.

Háblenos de todos los sentimientos que atesora la canción Tiempo ausente, la que compuso durante el confinamiento…

Buff. Es una canción que ahora mismo no quiero tocar, no me siento cómoda cantándola. Se me hace un nudo en el estómago. Fue duro llegar a pensar que mi carrera musical se podía acabar, y que la oportunidad tan grande que guardaba para mí el 2020 la perdí y quizá no podría recuperarla jamás. Fue un momento muy duro tener que plantearme esa posibilidad y de alguna manera digerirla.

¿Ha encontrado a un alma gemela en Xoel López?

A Xoel le adoro. Es súper inspirador, carismático… un magnífico compositor con una voz tierna y hermosa, como el azul del mar profundo. Es gracioso, inteligente, sensible, buena gente. Me gusta mucho.

¿Ha sido una búsqueda musical en la que ha querido experimentar con sonidos e instrumentaciones cercanas al folk?

No creo que haya sido tanto una búsqueda. Creo que más bien ha sido un viaje. Pero no ha sido pretendido en su intención musical, sino un poco como la vida misma, que sucede inevitablemente, y te trae ciertos sonidos y caminos… Y yo no he renunciado y los he seguido.

¿Qué proceso sigue para inspirarse para poder componer?

Creo que el único truquillo es sentir, pero sentir de verdad, mirar para ver, oír para escuchar. Creo que componer es apertura y no creo que sea tanto el crear. Creo que es más transformar, remitir… creo que es dejar ser. Todo está ahí afuera, necesitamos apertura para que pase por nuestro interior, como si fuera un canal, y que salga convertida en algo. Por ejemplo, ver un atardecer en el mar, dejar que entre en ti, y que salga una canción. O enamorarte, dejar que haga huella y pintar un mural. Simplemente somos el canal entre lo inspirador y el arte.

¿Se considera una artista en búsqueda constante?

Creo que no. Me considero más una artista en constante encuentro.

¿Limones es un disco en el que de nuevo ha buscado provocar con su voz toda una nueva colección de giros expresivos?

¡Guau! ¿Colección de giros expresivos? (ríe). ¡Qué divertido! En realidad no lo busco… tampoco lo provoco. Lo que intento trabajar cada día es cómo sentirme y construirme más libre, que no es nada fácil. Y en esa construcción me acompañan el feminismo, el ecologismo, el anti-racismo, las filosofías de la espiritualidad… Intento ser cada día más libre, más responsable y más sensible. Y supongo que mi voz también se libera cada vez más, y “gira” cada vez con más expresividad.

¿Qué formato va a tener el concierto en la Ciudadela?

Vamos con toda la banda (11 personas), un formato muy activo, muy vital, que estamos disfrutando mucho tanto fuera como encima del escenario. Tenemos muchísimas ganas de tocar en Iruña.

¿Quiere expresar algún mensaje final a nuestros lectores en estos tiempos que estamos viviendo?

Por favor, que se cuiden mucho. Y que intenten ser buena gente pero de forma activa.

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