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Historia

Yanguas y Miranda, retrato humano e institucional

Se le considera el arquitecto del régimen foral con el que se gobernó Navarra entre 1839 y 1982. José Yanguas y Miranda fue un liberal con contradicciones que supo transformar las instituciones navarras del Antiguo Régimen

Retrato de José Yanguas y Miranda, realizado en 1856 por el pintor francés Fortuné Viau (colección particular).
  • Luis Javier Fortún. Pamplona
Actualizado el 19/06/2021 a las 10:59
Hay personas que encarnan una época o marcan un viraje que compromete la transformación y evolución de una sociedad y su sistema de instituciones.
Tal es el caso de José Yanguas y Miranda, que puede ser considerado arquitecto del régimen foral que Navarra disfrutó entre 1839 y 1982. Preciso conocedor del carácter irreversible de los cambios de su época, supo transformar las instituciones forales del Antiguo Régimen y adaptarlas al Régimen Liberal, para así garantizar la permanencia de Navarra como una comunidad diferenciada durante siglo y medio.

Archivero e historiador en Tudela (1796-1823)

Nacido en Tudela (1782), pasó la infancia y pubertad en Zaragoza, donde su padre era encargado en las obras del Canal Imperial. A pesar de su inteligencia y aficiones, no pudo cursar carrera literaria y en 1796, con 14 años, entró a trabajar como amanuense en el Ayuntamiento de Tudela. Se convirtió en su escribano (1806), que pasó a denominarse secretario municipal en 1813.

Sus propias dotes y la influencia de Juan Antonio Fernández le hicieron volcarse en la ordenación del archivo municipal de Tudela. A su vez su tarea como archivero le permitió conocer con rigor, amplitud y exactitud el pasado de Tudela, haciendo de él un verdadero historiador, que supo no sólo reunir datos, sino interpretarlos desde el rigor metodológico y el conocimiento del contexto histórico. El resultado práctico de la organización de parte del Archivo fue el Diccionario histórico-político de Tudela (1823).

Su participación en las Cortes de Navarra de 1817-1818 le permitió participar en un movimiento reformista de corte liberal, visible en las leyes aprobadas en esta reunión, pero su éxito parcial le convenció de la necesidad de una ruptura institucional que diera paso al Régimen Liberal.

De la persecución al poder (1823-1830)

Sus significadas ideas liberales le acarrearon prisión (1823-1824) y exilio en Francia (1824-1826), donde fue relojero, profesión que también ejerció luego en San Sebastián el exilio en Francia. Sacó provecho a esta situación aciaga para elaborar el Diccionario de los Fueros y Leyes de Navarra (1828), hoy todavía indispensable para conocer el derecho histórico de Navarra. Lejos de retraerse, supo ampliar horizontes para completar su formación histórica, visitando los archivos de Pau y de Madrid.

Al final del reinado de Fernando VII sus gobiernos se fueron aproximado a liberales moderados y los colocaron en ciertos puestos de la Administración, para evitar el progreso de los partidarios del infante don Carlos. Esta fue la oportunidad que aprovechó Yanguas para volver a la Administración.

A partir de entonces Yanguas exhibió permanentemente las mismas ideas, aunque sus componentes fueran complejos, cuando no contradictorios. Liberal convencido y progresista, siempre creyó que era imposible volver al Antiguo Régimen. Creyó firmemente en los nuevos principios políticos como la libertad, la igualdad ante la ley, la soberanía nacional, la libertad religiosa. Esto no le impidió asumir contenidos del anterior régimen, en especial los relacionados con el Despotismo Ilustrado.
Probablemente una frustración estudiantil despertó en su interior la oposición al poder político de la Iglesia, que siempre consideró extinguido, y le llevó adoptar posiciones anticlericales. Su mayor signo de contradicción fue compaginar ideas proclives al centralismo con su servicio importante y continuado al régimen foral.

Archivero de Diputación (1830) e historiador

El encargo de las Cortes de organizar el Archivo del Reino propició el nombramiento de Yanguas como su archivero (1830). La culminación de este trabajo, mediante 54 secciones temáticas y, dentro de ellas, la ordenación cronológica de los documentos, le consagró como archivero.
Su mayor éxito fue conseguir una Real Orden que confirió la custodia del Archivo de la Cámara de Comptos a la Diputación (1836). Trabajador incansable, organizador de fondos y descriptor de sus contenidos, plasmó todos sus conocimientos en su obra cumbre, el Diccionario de Antigüedades del Reino de Navarra (1840), articulado mediante voces diversas (toponímicas, temáticas y personales), en las que introducía y organizaba las noticias que extraía de la descripción y análisis de los ricos documentos que formaban el Archivo de Navarra.

No solo acumulaba ordenadamente noticias; sabía organizarlas e interpretarlas, haciendo una labor de síntesis e interpretación -sólidamente contrastada por los datos- que hicieron de él un verdadero historiador. Ya había demostrado años antes (1832) su habilidad para hacer un resumen de la historia de Navarra de Moret y abordó la edición de fuentes históricas, como la Crónica del Príncipe de Viana o la Historia de la conquista de Navarra de Luis Correa (1843). Yanguas revitalizó la historiografía navarra, que languidecía en manos de los continuadores de Moret y Alesón, y lo hizo de acuerdo con los enfoques vigentes en la historiografía europea del momento, deseosa de hacer de la historia una ciencia crítica y basada en soportes documentales.

Secretario y arquitecto del nuevo régimen foral

Aun cuando su condición de archivero e historiador confieren a Yanguas y Miranda suficiente categoría como para pasar a la historia de Navarra, es su faceta administrativa y política la que interesa destacar aquí, para volver luego al plano personal y familiar.

La muerte de Fernando VII (1833) y la progresiva entrega del poder político y administrativo a los liberales para defender el trono de Isabel II y evitar el reinado del infante Carlos, colocó a Yanguas en una buena posición para retomar su trayectoria administrativa y política. En 1834 fue nombrado Secretario interino de la Diputación y, una vez proclamada la Constitución de 1812 y cambiada la Diputación, se convirtió en Secretario en propiedad (1836). Permaneció en el cargo durante treinta años, hasta su fallecimiento en 1864.

Aunque sólo era un funcionario, acumulaba un bagaje de conocimientos sobre la institución y su historia que no tenía ningún miembro de las sucesivas Diputaciones, de las que se convirtió en mentor en la sombra, tanto para alumbrar el nuevo régimen foral como para consolidarlo en la administración.

La aportación de Yanguas fue fundamental desde un primer momento. Entre septiembre de 1839 y enero de 1840, aduciendo problemas de salud, Yanguas residió en Madrid, mientras se debatía en las Cortes la Ley de Confirmación de Fueros y se articulaba su primer desarrollo normativo. No se ha destacado suficientemente que la Diputación le hizo su representante en las negociaciones en curso y le dio un poder amplio y genérico para hacer gestiones en su nombre: “procure por todos los medios los interesantes negocios de la Provincia que penden de aquella Corte hasta su feliz conclusión, según las ideas que verbalmente ha oído de la Diputación y las que en lo sucesivo le comunique, quedando V. autorizado para hacer a nombre de aquella cuantas gestiones considere necesarias con el Gobierno de S. M. en cuanto sea conducente al bien general de la Provincia” (Acuerdo de 10 de octubre de 1839). Yanguas, por tanto, representó discretamente a la diputación en el proceso que condujo a la aprobación de la Ley de 25 de octubre de 1839.

Su papel fue esencial en el primer desarrollo de la ley, el Real Decreto de 16 de noviembre de 1839, cuyo artículo 4, que es una transacción entre las instituciones del antiguo régimen foral y el nuevo régimen liberal, creó la nueva Diputación de Navarra.
El número de sus miembros -siete- y las circunscripciones electorales -las merindades- son herencia del antiguo régimen, pero el sistema electoral es liberal y nuevo: dos miembros por las dos merindades más pobladas y uno por las tres con menor población.
La transacción es también patente en las atribuciones: es una diputación provincial moderna, pero, sobre todo, hereda las atribuciones de dos instituciones del antiguo régimen, la Diputación del Reino y el Consejo Real de Navarra. Se configuró así la institución que gobernó Navarra en los siglos XIX y XX. Una construcción tan hábil, que aunaba el sistema foral del antiguo régimen y el nuevo régimen liberal, sólo podía concebirla una persona que conociera perfectamente ambos mundos, como era José Yanguas y Miranda.

Otros aspectos de la nueva organización institucional de Navarra y su régimen fiscal se negociaron en el Real Decreto de 15 de diciembre de 1840, al que tampoco fue ajeno Yanguas por sus conocimientos en ambas cuestiones. Fue un pacto del que nació la Ley de 16 de agosto de 1841.

Durante un cuarto de siglo Yanguas siguió produciendo textos normativos para la Administración Municipal y la Hacienda, ámbitos fundamentales de la actuación de la nueva Diputación.

Retratado por un pintor masón (1856)

Las múltiples facetas de José Yanguas y Miranda quedaron reflejadas en el retrato que le hizo en 1856 Fortuné Viau (Chinon, 1812 - Tours, 1889), un pintor francés que fue retratista itinerante. Además de trabajar por toda Francia, realizó viajes por Italia y España. Buen dibujante, supo definir con precisión la singularidad de los rostros y adentrarse en la plasmación de la personalidad de los retratados.

Plasmó a Yanguas en un retrato de tres cuartos, sentado, con levita, chaleco y corbata con cierre de oro y esmaltes, apoyando el codo en la mesa y acercando la mano al rostro, buscando una actitud seria y reflexiva, que se traduce también en la mirada.
Refleja la condición intelectual de Yanguas y utiliza dos elementos visuales para definir dos campos de su trabajo. Sobre la mesa un libro, en cuyo lomo se lee Dictionnaire indica su condición de archivero-historiador y su obra máxima en este terreno, el Diccionario de Antigüedades del Reino de Navarra. El otro es la cadena del reloj de bolsillo, que sirve para colgar la matriz de un sello de lacre, que, aunque personal (contenía las iniciales J Y M) representa su condición de secretario de la Diputación y custodio de sus sellos.

La pertenencia de Viau a la masonería, proclamada y plasmada en los tres puntos que acompañan a su firma, ayuda a entender su movilidad y la amplitud de su clientela. El retrato de Yanguas se hizo en 1856, coincidiendo con el bienio progresista, pero Viau estuvo también antes de 1854, en la década moderada, como lo acredita otro retrato conservado en Navarra, el de Pablo de Irazoqui. El cuadro de Yanguas hizo fortuna y fue copiado en dos ocasiones. La primera, realizada poco después de su muerte por un autor desconocido, para ser colgada en el salón de plenos del ayuntamiento de Tudela. De ella César Muñoz Sola hizo otra copia, un siglo más tarde, para la Diputación Foral.

Jardín y fachada meridional del Palacio de la Diputación, en cuyo segundo piso se situaba la vivienda de Yanguas como secretario de esta.
Vivir y morir en el Palacio de Diputación

El símbolo monumental del nuevo régimen foral derivado de la Ley Paccionada de 1841 fue la construcción del Palacio de la Diputación (1852), que sirvió de domicilio para Yanguas en sus últimos once años de vida. Inició la tradición de que los secretarios de la corporación vivieran en el edificio, que se mantuvo hasta época reciente. Un despacho, dos salas, un comedor, cuatro gabinetes, cocina y otras dependencias de las criadas formaban una amplia vivienda que se situaba en el segundo piso del palacio, en su fachada meridional, la que da al jardín, mencionado para situar varias estancias.

Los objetos que decoraban la casa, detallados en el inventario efectuado después de la muerte de José Yanguas y Miranda, ayudan a entender su compleja personalidad. Prescindiendo de cuadros paisajísticos o mapas de escaso valor, la decoración respondía a temas políticos y religiosos. Tenía pequeños retratos de escaso valor de María Cristina, Isabel II e incluso Fernando VII (en conjunto 36 reales), que denotaban su ideología liberal; pero eran superados por el busto de bronce de Napoleón I (100 reales), que sugería la persistencia de su afrancesamiento. Pero mucha mayor importancia y valor tenían los objetos religiosos. La sala que daba al jardín, la más soleada, estaba presidida por un cuadro de la Purísima Concepción, valorado en 600 reales.
Una Virgen del Pilar en plata, con fanal y peana de ébano, fue tasada en 800 reales. Había también cuadros de poco valor de San José, Santa Ana e incluso el papa Pio IX. En conjunto hablan de una religiosidad de cuño hispánico tradicional y ligada a su infancia (Tudela, Zaragoza).
Plano de Tudela en el Diccionario histórico-político de Tudela publicado por Yanguas en 1823.
Teniendo en cuenta que los objetos decorativos cotidianos, escogidos para ser vistos de forma permanente, están en consonancia con las ideas o inclinaciones de quien los coloca, es evidente que la visión de un Yanguas liberal y anticlerical, sin duda cierta, debe completarse con la de un hombre también religioso, dentro de un sistema de equilibrios que también se percibe en sus ideas políticas, donde caben desde expresiones jacobinas y centralistas hasta una trayectoria de transformación y desarrollo del régimen foral de Navarra.

Y ello sin olvidar un rasgo de modernidad: había reunido una fortuna considerable, más de 430.000 reales, cuya distribución es muy significativa. Sus objetos de oro y plata valían más de 16.000 reales, mientras que el resto del ajuar doméstico aportaba 15.000 reales. Las tierras familiares heredadas en Tudela de sus abuelos, 50 robadas en su mayoría olivares, aportaban 48.000 reales.
El resto, más de 330.000 reales, estaba depositado en títulos de la deuda pública de Navarra (70.000 reales) y sobre todo del Estado (265.000 reales). Era una forma de diluir los negocios empleados en su obtención y de asegurar la percepción de unas rentas.

En este marco vital del “Palacio de la Diputación”, como anotan sus partidas de defunción, se apagaron las vidas de su mujer Francisca Loraque (25 junio de 1860) y del propio José Yanguas y Miranda (25 septiembre de 1863). En la vecina parroquia de San Nicolás oficiaron para ambos “entierro de primera clase”.

La herencia fue repartida por igual entre las dos hijas del matrimonio, Agustina, ya viuda de Serapio Alzugaray, que vivía en Madrid, y Vicenta, casada en Zaragoza con Manuel García de Galdeano cuando se otorgó el testamento (1860). Pero hubo una significativa diferencia: Agustina, que podía administrar sus bienes libremente, recibió su parte, mientras que Vicenta, dependiente de su marido, sólo percibió una renta de su masa patrimonial, que tenía que ser administrada por los cabezaleros.

Son los detalles humanos que completan la imagen pública de un intelectual de primer orden, que no sólo brilló como archivero e historiador, sino que en su faceta de funcionario y político puede ser considerado, sin temor a exagerar, como el arquitecto del régimen foral que vertebró la vida de Navarra entre 1839 y 1982.

Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza es doctor en Historia y archivero-bibliotecario del Parlamento de Navarra
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