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Arte

La mirada más poética de Jordi Larroch

El artista convierte los objetos en narraciones visuales e invita al público a participar en la exposición de Ormolú mediante aviones de papel

Actualizada 11/05/2021 a las 20:25

Un encuentro con un piloto que le desveló que sus pasiones eran el alpinismo, el surf, la lectura y la aviación pudo quedar en una conversación entre amigos o convertirse en el germen de una fotografía. Sucedió lo segundo, pues Jordi Larroch escribió El escalador de nubes, un cuento cuyo protagonista es un niño que era feliz cuando sus pies no tocaban el suelo. Los folios en los que escribió dejaron de ser planos y se doblaron en forma de ola, mientras que el niño se convirtió en la figura de un surfista adquirida en Los Ángeles. Ambos objetos le sirvieron para reconstruir esta historia en una de las veinte fotografías (parte superior de la página, a la derecha) de la exposición que el artista presenta en la galería Ormolú y en la que los objetos sobre fondos neutros no necesitan palabras para convertirse en narraciones visuales.

Te cuento (cuenta conmigo, cuentos contigo), que así se titula la muestra, es un ejemplo de cómo los objetos cotidianos  pueden convertirse en referencias visuales o poéticas . Un huevo, unas pinzas de tender, unos panes tostados, una llave antigua, un caracol o una cerilla cobran otra dimensión bajo la mirada del artista catalán afincado en Pamplona que juega con los objetos transformados o la unión de dos objetos para convertirse en un narrador de historias, tanto de las suyas, como de aquellas otras personas a las que conoce y han querido compartir con él sus sueños, deseos, inquietudes o preocupaciones. “Las fotografías hablan de mis vivencias, pero también de otras personas. Todas las imágenes tienen una historia humana detrás, un recuerdo o un intento de acercarme a los demás. Es   mi manera de hablar, un lenguaje, la forma en la que me expreso”.

AVIONES DE PAPEL

En su afán por hacer de la fotografía un elemento vivo para la comunicación, Jordi Larroch ha diseñado la exposición, no sólo como un espacio para mostrar su obra, sino como un lugar de encuentro con todas las personas que quieran compartir sus vivencias.  Por ello, invita al público a que escriba en un papel algún sueño, anhelo o secreto, construya  un avión y lo haga volar hasta una maleta antigua instalada en el centro de la sala. Quienes no acudan a la galería pero quieran participar, podrán enviar los textos por correo a la galería.

Una vez  finalizada la muestra, el artista recopilará todos los aviones con el compromiso de convertir en fotografías cada  uno de los mensajes recibidos. “La idea de los aviones me ilusiona porque todo lo que reciba parte de una historia personal y podré hacer fotografías con un poso humano.  No quiero crear fotografías a partir de un chiste, pues estos se acaban de un día para otro, quiero que los objetos tengan una carga de sensibilidad”, comenta Jordi Larroch, quien  reconoce que el impacto emocional sobrevenido por la pandemia se ha convertido en un hilo conductor de su trabajo. “ Al estar más tiempo solos, sentí que había ganas de contarnos cosas, de estar más cerca, de ayudarnos”.

SUS REFERENTES

Inmerso desde hace diecisiete años en un trabajo fotográfico en el que juega con los objetos, el minimalismo y la conceptualidad, considera que Te cuento (cuenta conmigo, cuentos contigo) es su propuesta más intimista. Junto a las composiciones que le identifican, aquellas sobre fondos blancos o negros en las que juega con la luz para realzar la fuerza del objeto, Larroch presenta una serie de tres obras en las que por primera vez utiliza la palabra mecanografiada para jugar con conceptos imaginarios. La muestra se completa con una serie de vídeos grabados con su  teléfono móvil en lugares tan diversos como un lago, la calle o una habitación de su casa.    

La sutileza y la poética está presente en su proceso creativo que comienza con una idea que anota en una libreta y que poco después se convierte en un dibujo a modo de boceto, si bien el proceso puede ser a la inversa cuando encuentra un objeto sugerente que le lleva a buscar un contenido. “Un objeto puede ser algo vulgar o totalmente poético. Solo tienes que tener calma para saber mirar, educar la mirada, ir despacio. En una fotografía no hay un solo objeto formal, sino mucha humanidad. Un objeto puede decir muchas cosas”.

La similitud en el tratamiento de los objetos, las composiciones y la poética de sus imágenes suele vincular su nombre al del fotógrafo Chema Madoz y el poeta Joan Brossa. Larroch es consciente de ello y  rehúye de que se le atribuyan palabras como heredero o sucesor.

“Son mis maestros. Yo empecé con esta fotografía cuando vi en una exposición en Barcelona lo que hacían ellos. Tenía 16 años y me impactó.  Yo los admiro, para mí son artistas en mayúsculas, pero no me puedo considerar como ellos. Decir que mi fotografía es similar a la de Chema Madoz o que hago poesía visual me produce mucho respeto. Yo soy autor de unas creaciones que me gustan y me llenan. Lo de artista y poeta lo dejamos para ellos”. 



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