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Entrevista
Artista

La pamplonesa Carla Querejeta Roca: "Crecí y viví en Tánger, por eso la ciudad forma parte de mi identidad artística"

Abandonó su ciudad natal con 14 años y, desde entonces, gran parte de su carrera artística ha transcurrido entre Madrid, París y Tánger. Ahora vuelve a la capital navarra con su muestra de ‘esculturas textiles’ titulada ‘Siempre es hoy’, en La Puerta Gótica del Colegio Mayor Belagua hasta el 15 de junio

La artista pamplonesa Carla Querejeta posa delante de varias de sus obras, a las que denomina 'esculturas textiles', en la sala La Puerta Gótica, del Colegio Mayor Belagua
La artista pamplonesa Carla Querejeta posa delante de varias de sus obras, a las que denomina 'esculturas textiles', en la sala La Puerta Gótica, del Colegio Mayor Belagua.
Manuel Castells
Exposición de Carla Querejeta en La Puerta Gótica del Colegio Mayor Belagua 7 Fotos
Exposición de Carla Querejeta en La Puerta Gótica del Colegio Mayor Belagua
Fotos de la xposición de Carla Querejeta 'Siempre es hoy', en La Puerta Gótica del Colegio Mayor Belagua de Pamplona.
Manuel Castells
Actualizada 06/05/2021 a las 11:27

Carla Querejeta Roca ha regresado a la capital navarra, después de 28 años, con una obra madura que habla sobre “la construcción de su identidad a lo largo del tiempo”. Se fue siendo una adolescente y, ahora, a sus casi 42 años, vuelve para reflexionar sobre su “identidad como mujer artista”. “Qué soy yo para los demás y cómo mi obra me transforma en un ciclo completo de vida y creación”, se pregunta. Para responder a estas incógnitas ha creado 38 obras, que ella llama ‘esculturas textiles’ y que están construidas a partir de pinturas desgarradas. Forman la exposición 'Siempre es hoy' y pueden verse en la sala de La Puerta Gótica, en el Colegio Mayor Belagua, hasta el próximo 15 de junio.

‘Siempre es hoy’ significa vivir en el presente y olvidarse del pasado o de lo que pueda suceder en el futuro. ¿Es ese el sentido de esta muestra?
No exactamente. Yo reflexiono sobre cómo el pasado construye el presente y sobre el hecho de que ‘soy hoy’ porque ‘fui ayer’. Ayer era hoy, y hoy es hoy, por eso siempre es hoy. La transformación es siempre una asimilación del pasado.

¿Por eso sus obras eran antes pinturas y hoy son esculturas hechas con lienzos de hace años?
No quiero hablar de deconstructivismo para no liar al lector, pero básicamente con ellas quiero mostrar tres principios: que se pueden crear espacios para albergar otros espacios, que la construcción no existe sin la destrucción y que la destrucción no es una aniquilación sino una transformación. Las obras y sus espacios son una construcción de mi propia identidad.

¿Por qué en su arte es tan importante la búsqueda de la identidad?
Pertenezco a una familia extensa y muy nómada y mi vida ha sido también muy nómada. Aunque estudié Bellas Artes en Madrid, crecí y viví entre París y Tánger. Los veranos de mi infancia los pasé en la ciudad marroquí, donde vivían mis abuelos. Tánger era entonces muy diferente de España; era un crisol de culturas, de gente, de generaciones... También en París estuve viviendo en un ‘squat’ de artistas. Cuando convives con identidades muy diferentes, al final, todas esas identidades acaban por formar parte de ti misma.

¿Qué recuerdos tiene de Tánger?
Para mí es difícil separar el Tánger real del que yo siento. Además de los veranos de la infancia, viví allí tres años, de los 31 a los 34, y eso también me marcó mucho. Hay un Tánger maravilloso, pero también otro oscuro, miserable... Y todo eso también es Tánger. En Tánger conocí a mi marido, que es francés, y mi relación artística con Tánger ha sido permanente, porque sigo trabajando con galerías e instituciones de allí. La última vez que estuvimos fue en marzo de 2020, en una exposición colectiva sobre Musas en la Galería Kent.

¿Cómo cree que ha influido la ciudad marroquí en su obra?
Me ha dado un mestizaje en muchos sentidos, una perspectiva diferente, un sentimiento de desarraigo y libertad al mismo tiempo. Luz, color, texturas y olores. No solo he pintado Tánger muchísimas veces, sino que asoma cuando pinto otros lugares. Mucho de lo que soy se hizo en Tánger. Tánger forma parte de mi identidad artística.

Volvamos a las ‘Musas’...
Fue una exposición que se organizó con motivo del 8-M y en la que se invitó a nueve mujeres artistas a crear una exposición sobre las musas de la antiguedad, no solo como inspiradoras sino también como creadoras. Yo elegí a la musa de la poesía lírica y erótica, y utilicé el lienzo de un cuadro para construir un vestido, porque el erotismo reside en lo que se viste y en lo que se desviste.

¿Un vestido como los dos que se incluyen en esta exposición?
Sí, así es. Forman parte de la serie Vísteme de artista y son cuadros cosidos como vestidos. El sentido de estos vestidos es ponérselos y que se fundan con una misma.

¿Cuándo empezó a desgarrar cuadros para construir vestidos o esculturas?
Es algo bastante reciente, desde 2018, y tuvo que ver con cambios personales, cuando me quedé embarazada. Como tenía prohibido hacer un trabajo físico importante (como romper madera para crear formatos grandes), reflexioné mucho sobre la transformación del embarazo, no solo desde el punto de vista físico sino desde todos los puntos de vista, de la pareja...

Sus cuadros, ¿de qué época eran?
De hace tiempo, de 2004... O sea de hace más de 15 años. Los lienzos con los que construí vestidos también tienen tiempo, pero no tanto.

¿Le gusta coser?
Cuando era pequeñita, en el colegio nos enseñaban a coser. Para mí es una herramienta más, porque me encanta la artesanía en todas sus formas, como por ejemplo también el mosaico. Mi trabajo va hibridando géneros y uniendo cosas, pero todas dentro de ciertos límites, porque si no te dispersas.

Y la moda, ¿le interesa?
Me gusta como cualquier otra expresión estética, pero no soy una loca de la moda. No voy a buscarla, me informo sobre las tendencias, sin más. Me pongo lo que me gusta y lo que no me gusta no me lo pongo, aunque se lleve...

Con su biografía y sus vestidos, no puedo evitar preguntarle por ‘El tiempo entre costuras’...
[Risas] Leí la novela hace años, pero ¡se me había olvidado totalmente! Eso sí, trabajé de extra en la serie en un par de fotogramas, porque yo entonces vivía en Tánger, pero nunca la vi. Entonces no tenía tele y además me dio mucha vergüenza...

Cuénteme...
Pues me avisó un amigo de Tánger de que estaban seleccionando personal... En función del perfil te asignaban un papel u otro. Yo tenía una frase (así que cobré más) y se me veía en un primer plano con los protagonistas. Me lo pasé superbien y fueron dos días de rodaje: uno en el Hotel Continental y otro en la playa...

¿Cómo es el actor Rubén Cortada en vivo y en directo?
Pues es muy guapo, pero es una belleza tan perfecta que me pareció aniñado... [risas] Hablé con él un momento sobre los artistas cubanos...

Creo que en Tánger también le hicieron a usted una película...
Sí. Fue en 2012 con un director francés, Jean-Claude Sussfeld. En una cena me pidió grabarme en el estudio en pleno proceso creativo y yo accedí. Era un documental sobre la preparación de una muestra en Marrakech, pero hubo varios problemas con los derechos de autor para la música, con la elaboración de los subtítulos... Y finalmente, creo que el material original se incendió en su casa de París, así que ahora no se puede reeditar. No sé si la peli estará en Internet...

 

El rey de Marruecos tiene una pintura mía
 

¿Puede vivir de sus obras?
Ahora sí, porque raciono muy bien el dinero y mi marido tiene un trabajo convencional. He vendido obras para varias colecciones y el rey de Marruecos tiene una pintura mía. Es un ‘riad’, un patio interior marroquí. Mohamed VI es un gran coleccionista, así que estoy un poquito orgullosa... [risas]

¿Qué le ha parecido volver a Pamplona después de tanto tiempo?
Me ha encantado. Recorrí la ciudad en coche y, aunque había cambiado muchísimo, la vi muy bonita y muy verde. En la inauguración de la muestra me encontré además con varios primos que estudian en la Universidad de Navarra. Y, por último, el proyecto expositivo de La Puerta Gótica me parece admirable: hacer las cosas por amor al arte y hacerlas tan bien...

 

DNI

Carla Querejeta Roca (Pamplona, 8/5/1979) estudió en Miravalles y a los 14 años se fue a vivir a Madrid con sus padres y sus 10 hermanos. Estudió Bellas Artes en la Complutense de Madrid (1997-2002) y trabajó en el taller del pintor Manuel Huertas Torrejón (2003-04). Luego se instaló en un ‘squat’ de artistas en París (2006-08), viajó a China, y se mudó a Tánger (2010-13). En Tánger, conoció a su marido, Benoit (Ben), y ambos se trasladaron a París, donde residieron hasta julio de 2020, cuando se mudaron a Toulouse, un año después del nacimiento de su hija, Clea (julio 2019). Querejeta es la 2ª de 11 hermanos. Su padre, José Javier, guipuzcoano y biólogo, fue 17 años director de El Redín; su madre Mª Luisa, aunque española, vino de Tánger y es médica de familia. Su bisabuelo materno fue fiscal del Tribunal Mixto de Tánger.

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