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Exposiciones

María Teresa Ortega, fotografía contra la desmemoria en el MUN

La Premio Nacional de Fotografía saca de las dos dimensiones las imágenes en torno a la memoria, el exilio y el conocimiento en una exposición que recorre su trabajo desde los 90 hasta la actualidad

La artista, Premio Nacional de Fotografía 2020, inaugura 'Pasado y presente, la memoria y su construcción', una exposición que recoge sus trabajos desde los años 90 hasta la actualidad
Fotos de la presentación de la exposición de Ana Teresa Ortega en el MUN. JOSÉ CARLOS CORDOVILLA
Fotos de la presentación de la exposición de Ana Teresa Ortega en el MUN 12 Fotos
Fotos de la presentación de la exposición de Ana Teresa Ortega en el MUN
La artista, Premio Nacional de Fotografía 2020, inaugura 'Pasado y presente, la memoria y su construcción', una exposición que recoge sus trabajos desde los años 90 hasta la actualidad
Actualizada 15/04/2021 a las 15:00

Ana Teresa Ortega ya se afanaba por liberar la fotografía de los soportes tradicionales que la aprisionaban mucho antes de ganar el Premio Nacional de Fotografía del año pasado.

Su formación es de escultora, pero desde el principio sintió una inclinación por la fotografía, así que empezó a experimentar, a imprimir las fotos en telas emulsionadas, en hierros, en metacrilatos y vidrios que fueron aligerando las piezas, haciéndolas más transparentes e incluso invitando al espectador a introducirse a ellas, a través de su reflejo.

Ese viaje se inició en los años 90 y continúa en la actualidad después de nueve proyectos que conforman la exposición Pasado y presente, la memoria y su construcción, presentada este miércoles en el Museo Universidad de Navarra (MUN). Se trata de una coproducción del MUN y el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, donde ya se mostró, pero ésta es la primera vez que por la disposición de los espacios los distintos proyectos dialogan entre sí. Se podrá visitar hasta el 10 de octubre.


“La única manera de aunar fotografía y escultura era expandir la fotografía, que la foto salga del soporte, que ocupe otro lugar y adopte un carácter y un volumen tridimensional”, explica la autora. Fue una decisión que algunos no entendían al principio. “Desde el mundo de la fotografía no se veían como piezas fotográficas”, apunta el comisario de la exposición Pep Benlloch. “Vivió el rechazo por infringir las reglas del soporte plano para la fotografía”, añade.


La memoria, y su fragilidad, constituye la gran preocupación de Ortega. La memoria como cultura, como construcción de una identidad colectiva, como transmisión del conocimiento o sedimento en las bibliotecas; memoria que se expulsa con el exilio o se intenta recuperar, después, con la memoria histórica.


La idea que quiere transmitir es la que guía la elección del soporte en cada caso. Como los andamios que se interponen entre la proyección de la foto de una biblioteca y la pared, o el ring de boxeo con cuatro imágenes terrestres impresos en la lona. Las imágenes de escritores exiliados del siglo XX -Fernando Pessoa, Primo Levi, Emil Cioran, María Zambrano o Hanna Arendt, entre otros- las proyectó mediante diapositivas en diferentes espacios por la noche para luego volver a fotografiarlos y volver a imprimirlos en estas superficies que se ven ahora en el MUN.


Las imágenes del exilio, por su parte, se convierten en espejos al invitan al lector a introducirse en ellas con su reflejo. La ligereza de sus obras, además, le permite trabajar en el espacio público y cambiar los paradigmas. “Los mensajes que se vierten en el espacio público, como es esa incitación al consumo, esa conversión del elemento humano en elementos de consumo, se puede cambiar en espacio de pensamiento y de conciencia”, apunta la autora.


Ortega trabaja con imágenes muchas veces obtenidas de los medios de comunicación, para hablar de la presión que ejercen sobre el ser humano. “Los medios de comunicación nos dan una idea de la memoria sesgada que está dependiendo del poder económico y político”, dice la autora. Pero añade: “Nosotros formamos parte de la masa y a la vez somos el otro poder que no se ve, el poder económico y político depende de nuestro poder, cada cuatro años podemos escorar el rumbo de la historia”.

Los medios crean un estado de opinión del que intenta hablar la artista buscando “fotos que funcionasen como imágenes ahistóricas que nos recordasen un pasado pero funcionasen en un presente también”, explica.


Navarra también está representada en la serie de Cartografías silenciadas, que recoge los lugares donde a primera vista no se ve ningún rastro de su pasado como escenarios utilizados por el franquismo para ejercer la represión. Ahí está el Convento de la Merced de Pamplona (hoy Escuela de Idiomas), la Plaza de Toros de Pamplona, la Ciudadela, el Fuerte de San Cristóbal o el Balcón de Pilatos.


Ortega ve muchos vacíos por cubrir en la memoria. Sus proyectos le han ido marcando un camino, ha ido detrás de las prisiones habilitadas, los campos de concentración que se erigieron para los presos que ya no cabían en las cárceles, para desembocar después en las obras que esos presos republicanos hicieron, pantanos, vías de tren o carreteras. “Tras la desclasificación del archivo militar de Ávila pensé en conformar esos vacíos con imágenes”, apuntó este miércoles.

“Los historiadores no han hecho aún una reflexión sobre esta fase porque una parte importante de la documentación en los archivos están aún clasificados”, lamentó. Todavía hay muchas páginas por escribir, según la fotógrafa. También del exilio científico, que vuelve actualmente a la actualidad por las condiciones precarias de los investigadores en España. Ortega recorre los laboratorios y centros de investigación surgidos tras la creación de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) en 1907. Lugares que, como esos paisajes de la represión, guardan hoy un frágil silencio.

La autora

Ana Teresa Ortega Aznar (Alicante, 1952). Comienza su producción fotográfi ca en los años 90. Es profesora titular de la Facultad de Bellas Artes de Valencia y codirectora del Máster en Fotografía, Arte y Técnica de la Universidad Politécnica de Valencia. En 2020 recibió el Premio Nacional de Fotografía. Su trabajo tiene como elemento central la fragilidad de la memoria histórica. Su obra reflexiona sobre los media como territorio de dominación y su efecto en una sociedad que ha olvidado cómo se piensa históricamente, el tema del exilio como evocación alegórica de diversas formas de olvido y exclusión así como la disolución de la memoria de la historia que desde diferentes estrategias discursivas incide en cómo nuestra cultura se ha construido y se construye en buena medida sobre la desmemoria, sobre el olvido intencionado. Su obra se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Reina Sofía, Fundación La Caixa, o la Fisher Gallery-University of Souther de Los Ángeles, entre otros museos.

Los proyectos
1 Fotoesculturas. Ortega transfiere las imágenes sobre tela o metal y las integra en estructuras tridimensionales.
2 Figuras del exilio. Reflexiona sobre la fragilidad de la memoria historica. Pasado y presente como tiempos contrapuestos pero simultáneos.
3 La biblioteca, una metáfora del tiempo. Los libros aparecen envueltos en andamios, como espacio en construcción.
4 Jardines de la memoria. En esta instalación aparece la lectura como una voz interior que surge en la intimidad. Una joven lectora ensimismada frente a un pupitre solitario.
5 Pensadores. Galería de retratos de pensadores del siglo XX proyectados en diversos espacios arquitectónicos.
6 Cartografías silenciadas. Espacios de represión del franquismo fotografiados hoy.
7 De trabajos forzados. Pantanos, ampliación de la red ferroviaria, carreteras, VPSs, cárceles y otras obras públicas.
8 Lugares del saber y exilio científico. Laboratorios y centros de investigación creados al amparo de la JAE (1907) fotografiados en la actualidad.
9 Presencias sombrías, otra vez la memoria. Colaboración con escritores como Caballero Bonald o Antonio Gamoneda

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