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Opinión

Cómo se dice adiós, eso tan triste

Opinión de Emilio Echavarren

Yerro sostiene el diploma del premio Príncipe de Viana, en mayo de 2019.
Yerro sostiene el diploma del premio Príncipe de Viana, en mayo de 2019.
  • Emilio Echavarren
Actualizada 11/04/2021 a las 06:00

Aer falleció Tomás Yerro. Hace dos semanas recibí sus últimas palabras: “Me hallo en una nueva fase, muy delicada, quizás en la recta final...” Y aunque el desenlace era esperado, me resulta muy doloroso escribir estas líneas. Por eso recupero lo que en su momento escribí para respaldar la candidatura de Tomás Yerro al Premio Príncipe de Viana. Con la ventaja de que estas palabras sí las leyó Tomás:

“La luz de Tomás Yerro tiene muchos brillos. Solo enumerar algunas de sus múltiples actividades ocuparían todo este escrito. Pero si tuviéramos que señalar el centro del que irradian todas sus restantes facetas, marcaríamos con un círculo la de Catedrático de Literatura de instituto.

Tomás Yerro ha impartido clases en todas las universidades asentadas en Navarra, ha dirigido la revista poética Río Arga, ha impartido infinidad de conferencias y formado parte de los concursos literarios de más prestigio de la Comunidad Foral... pero todas estas facetas no son sino brazos y ramas de un tronco único: la enseñanza de la literatura a sus alumnos adolescentes.

José Antonio Marina, también catedrático de Bachillerato, decía que los mejores profesores deberían estar destinados a enseñar a los alumnos más especiales. Y convendrán conmigo que la adolescencia es una etapa especial, muy especial, en la que las personas abandonan poco a poco el nido familiar e intentan volar por su cuenta. Y es precisamente a este alumnado al que Tomás Yerro ha dedicado sus mayores esfuerzos y donde ha recogido muchos logros. Los alumnos de Tomás Yerro veneran su memoria como el maestro que les enseñó a volar con las alas de la belleza y la libertad de la obra literaria.

A veces los humanos se creen seres racionales y buscan la manera de comunicarse con sus congéneres por medio de datos, argumentos, causas y consecuencias... creyendo que la razón abrirá la mente de su interlocutor; pero el resultado, en un porcentaje demasiado alto, es poco alentador. Y este desánimo se acentúa especialmente cuando se trata de comunicarse con los adolescentes. La adolescencia suele ser en ocasiones refractaria al razonamiento. Ahora bien, los padres y los profesores no deberían darse por vencidos. Un verdadero maestro sabe que la razón no es la única puerta que le permitirá cruzar el umbral de la intimidad de una chica o un muchacho, sino que existen otras puertas que casi siempre están abiertas o, al menos, entornadas: la curiosidad, la imaginación y la afectividad. Tomás Yerro, profesor sabio y experimentado, conocedor de la idiosincrasia adolescente, ha sabido aprovechar los impulsos juveniles para hacer que sus alumnos naveguen a favor de la imaginación narrativa y de la afectividad poética. La obra literaria está pensada para disfrutar del vuelo de la imaginación. Ese vuelo nos lleva a mundos muy diversos: paisajes con luces y sombras, con días apacibles o noches interminables, a la alegría o al dolor. El amor y el desengaño, la vida y la muerte suelen ser condimentos de los mismos manjares. La gran literatura es más abundante en preguntas que en respuestas. El verdadero maestro no busca que sus alumnos se le parezcan, sino que el verdadero maestro desea que el alumno aprenda a volar por la vida a su libre albedrío. Y son precisamente estas enseñanzas las que recuerdan con agradecimiento indeleble todos los que han pasado por las aulas del profesor Yerro.

Y de este tronco docente, desarrollado a lo largo de siete lustros, proceden muchos brazos, ramas y flores de la actividad fructífera de Tomás Yerro dentro del ámbito de la literatura. Para acercar la literatura actual, más en concreto los autores navarros, Yerro y los profesores del departamento del Literatura del Instituto Plaza de la Cruz, crearon unas antologías de escritores navarros vivos. Todas las antologías iban precedidas de una introducción en la que se analizaba la producción del escritor. Dichas antologías fueron el germen de los dos volúmenes de Escritores navarros actuales y del proyecto educativo innovador “Aproximación de la Literatura navarra a los escolares”, que estuvo vigente hasta la jubilación del profeso Yerro. El conocimiento de las obras de los escritores navarros llevó a Tomás Yerro, de una manera natural, al conocimiento de las personas. Muchísimos escritores navarros han disfrutado de los prólogos y las presentaciones que Tomás Yerro ha dedicado a sus obras. Este reconocimiento derivó a que profesor Yerro accediera a dirigir la revista poética Río Arga. Fruto de este contacto con los poetas fue la publicación en 1988, con la colaboración de Charo Fuentes, de Río Arga, revista poética navarra: estudio y antología. Tomás Yerro ha dirigido otras revistas, ha formado parte de infinidad de jurados literarios, forma parte de juntas directivas de prestigiosas, como la Fundación Amado Alonso, cuyos miembros son el Ayuntamiento de Lerín, la Universidad Pública de Navarra y el Gobierno Foral. Es colaborador habitual de la prensa navarra. Y como se ha señalado anteriormente, ha impartido clases en la Universidad de Navarra, en la UPNA y en el centro de UNED Pamplona, en la UMAFY y en Ágora Universitaria. Su jubilación de la Cátedra del Instituto Plaza de la Cruz, no le ha apartado del magisterio y de la pluma. La edad le ha acercado al conocimiento de los problemas gerontológicos y el cáncer le ha llevado a escribir en revistas médicas.

Creo que estamos ante una persona irrepetible. La larga y variada trayectoria docente, la labor investigadora y divulgativa de la literatura navarra y la generosidad desinteresada con cada uno de los escritores de muestra tierra hacen de Tomás Yerro un candidato idóneo para que le sea concedido el Premio Príncipe de Viana de la Cultura”.

El último mensaje de Tomás terminaba con las siguientes palabras: “Ayer fue una jornada amarga para mis familiares y para mí. Gracias por todo, buen amigo”. Y hago mías las palabras de Tomás y concluyo: Hoy es una amarga jornada para mí y todos tus amigos.

Emilio Echavarren es amigo y compañero de Tomás Yerro
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