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Patrimonio

Los campaneros de la catedral hacen vibrar Pamplona

El grupo de campaneros de la Catedral de Pamplona se formó en 2011 y desde entonces se reúnen alrededor de 40 veces al año para bandear, tañer y repicar a la campana María, reina de la catedral, y sus hermanas de ambas torres

El grupo de campaneros de la Catedral de Pamplona se formó en 2011 y desde entonces se reúnen alrededor de 40 veces al año para bandear, tañer y repicar a la campana María, reina de la catedral, y sus hermanas de ambas torres
El grupo de campaneros de la Catedral de Pamplona se formó en 2011 y desde entonces se reúnen alrededor de 40 veces al año para bandear, tañer y repicar a la campana María, reina de la catedral, y sus hermanas de ambas torres
Publicado el 27/03/2021 a las 06:00
"Si se muere el campanero, se muere el toque que hacía él”, dice Francisco Javier Mangado Urdániz, campanero de la Catedral de Pamplona desde el año 2000. Es uno de los voluntarios que se reúne en fechas señaladas para hacer sonar las campanas, como se podrán escuchar el domingo a las 12 horas en la catedral por la festividad del Domingo de Ramos.
Este grupo de pamploneses y pamplonesas, que se formó en 2011, tocan “de 40 a 38 días al año”, recuenta Francisco Javier Mangado Urdániz, que hace las veces de secretario. Hay algunos días que son fijos como Jueves Santo, Viernes Santo, San Fermín, San José, Corpus, Reyes, San Blas, la Trinidad, Pentecostés o cuando viene el Ángel de Aralar, que se toca porque es la Dedicación de la Catedral de Pamplona.
En ocasiones especiales se desplazan hasta otras localidades para tocar en sus campanarios, como es el caso de la Semana de la Música Antigua de Estella en el que ofrecen un concierto de campanas desde, al menos, cinco campanarios con melodías o ritmos diferentes desde cada uno.
SER UN BUEN CAMPANERO
Entre sus filas, hay gente de diversas características. “Vienes, aprendes y ya está”, señala José Javier Urdíroz Cilveti. Este artajonés es Presidente de la Asociación de Campaneros de Navarra y “bandeador de Artajona desde hace 27 años”, detalla.
Uno de los más jóvenes del grupo de la catedral es Javier Echeverría Garayoa, de 14 años, pero siente pasión por las campanas desde que tiene uso de razón. Fue él quien llevó a ser campanero a su padre, Rubén Echeverría Vallejo, que asegura que “era ir con la silleta, ver campanas y pararse a mirar”. El pasado 19 de marzo hizo dos años desde que tocaron en el campanario por primera vez, y Rubén Echeverría asegura que todavía tiene vértigos cuando sube a la plataforma de madera de la torre norte, que da acceso al badajo de la campana María.
“Ahora somos más campaneros y hay gente con estudios y conocimientos musicales, incluso profesionales. Antes no era así, por eso ahora hay partituras que recogen los toques”, cuenta Francisco Javier Mangado.
También el Día del Padre tocan en ambas torres del campanario de la Catedral de Pamplona. Antes de hacerlo, apuntan en una especie de “diario” -como lo denomina Francisco Javier Mangado- todo lo que rodea a ese momento. Tanto la climatología -ya que han colocado un termómetro de mercurio en el campanario-, los toques que van a realizar -cómo van a ser, qué melodía, qué campana se va a tocar y quién se va a colocar en cada una- o incluso las personas que son invitadas para verles en directo.
Son ellos quienes traen las cuerdas con las que atan las campanas. Cada una enroscada en un trozo de cartón que indica a qué campana pertenecen. Y también cascos para protegerse del sonido.
En la torre sur hay 8 campanas, cuatro grandes y cuatro pequeñas alternadas. Francisco Javier Mangado afirma que él ha visto “tocar a un solo campanero las 8 campanas”. El método que siguió, según narra el campanero es atar campanas a través de cuerdas a un vástago de hierro en el centro del campanario. Cuatro en el extremo superior y cuatro en el inferior, “y vas tocando con manos y pies”, concreta Francisco Javier Mangado.
UNA ASOCIACIÓN PROPIA
La Asociación Navarra de Campaneros posee ya 65 socios, que se reparten entre los campaneros de Santacara, Allo, Artajona, Pamplona, Gazólaz, Elía, Irurzun, Lacunza, Tabar, Arruazu, Olazagutía o Alsasua entre otros. Su presidente, José Javier Urdíroz, cuenta que desde la asociación están en comunicación con el Ayuntamiento de Estella para dar formación y “sacar de ahí un grupo de campaneros”. Apunta que es el primer lugar donde lo están haciendo, pero lo quieren extender a todo Navarra.
La idea principal del proyecto es que los jóvenes de cada localidad pregunten a sus mayores si rercuerdan algún toque que se hacía allí de manera particular para poder recuperarlo, “si no habrá que decidir tocar como en otro lado, por ejemplo Artajona o Pamplona”, apunta José Javier Urdíroz. La Asociación de Campaneros de Navarra / Nafarroako Ezkilazainak se formó de manera oficial en 2019, pero desde hace cinco años, un día al año, organizan encuentros en diferentes localidades donde aún existe el toque manual de campanas.
Cada vez se hace en un pueblo diferente. El primero fue en Artajona, recuerda el presidente de la asociación, el segundo en Olazagutía, el tercero en Allo, el cuarto en Lakuntza y el quinto, que coincidió con el comienzo de la pandemia, se iba a realizar en Santacara. No hay un día fijo, sino que se realiza en primavera cuando el pueblo de destino escoge y coincide con la asamblea de socios.
VECINOS Y DENUNCIAS
Francisco Javier Mangado confirma que en alguna ocasión se han acercado vecinos a la catedral a quejarse. “En Pamplona ha llegado a haber denuncia”, comenta el campanero, y como consecuencia se redujo el número de toques en días puntuales como algún Domingo de Ramos
Ruben Echeverría opina que “hay más probabilidad de que se pierda el toque manual por denuncias”. Este campanero señala que ha pasado en varios municipios en los que instala una casa rural en las proximidades de las iglesias y los que se hospedan se quejan por el ruido de las campanas, pero “la iglesia estaba ya aquí antes de que pusieran la casa rural”, apunta Echeverría.
En la iglesia de San Agustín de Pamplona, relatan los campaneros de la catedral, hubo juicio y aunque lo ganó la parroquia dejaron de tocar para “evitar líos”, confiesa Francisco Javier Mangado. “En Artajona no ha habido mayor queja que la de algún noctámbulo con resaca”, comenta entre risas José Javier Urdíroz.
CAMPANAS Y PATRIMONIO
Lo que más le gustó a Javier Echeverría Garayoa cuando comenzó a ser campanero fue la sensación de “estar inmerso en el toque, los sonidos que te envuelven y las vistas”. Su padre, Rubén Echeverría, afirma que cuando sube al campanario a tocar, con todo el ruido que hay, “es un silencio y se crea una atmósfera en la que solo estás tú”.
Hay un movimiento para solicitar a la Unesco que declare el toque manual tradicional de campanas como un bien protegido y al mismo tiempo para que sea considerado como un Bien de Interés Cultural inmaterial, como lo han sido antes la Jota Navarra o los carnavales de Ituren.
“La solicitud está ya a nivel estatal, y ayudaría a que esta tradición no se pierda”, destaca Francisco Javier Mangado. La mecanización de una campana viene por falta de gente, sobre todo jóvenes, que tenga interés por ir a tocar. Pero esta solicitud puede “ayudar a que esta tradición no se pierda. Porque cuando se toca manual, si el campanero está triste, la campana suena triste”, concluye el bandeador artajonés José Javier Urdíroz.
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